Dibujar estimula la imaginación, mejora la psicomotricidad fina y ayuda a los niños a expresarse.

Por José Antonio Méndez

En Misión, hemos querido hacer un experimento sencillo, sin ningún afán demoscópico. Hemos dejado al alcance de Inés (3 años), Mateo, Miguel y Pablo (5 años), y María y Alfonso (7 años) unos cuantos folios en blanco y unas ceras de colores. ¿Qué harán con estos materiales los niños de la generación de nativos digitales, acostumbrados a recibir estímulos tecnológicos tanto en casa como en el cole? Todos ellos, sin excepción, hicieron lo que era de esperar: pintar, disfrutando ostensiblemente con ello. La conclusión de semejante “estudio de campo” es tan reveladora como sencilla: a los niños les encanta pintar.
Lo que no se aprecia a simple vista en tan pedestre experimento son los múltiples beneficios que esta actividad tiene para mejorar el desarrollo psicomotor y la capacidad de expresión de los niños, para incrementar su creatividad y para ayudarlos a comprender su mundo interior y el entorno que los rodea.
Una forma de expresión
Tal como explica Virginia Yera, psicóloga clínica especialista en psicodiagnóstico y docente de Técnicas Proyectivas en el Colegio Oficial de Psicólogos, “para los niños, dibujar es una actividad lúdica: se divierten, se entretienen y se expresan a través del dibujo.nicas proyectivas, asegura que “el dibujo es una de las formas privilegiadas de expresión, porque el niño representa lo que v Los niños pequeños todavía no utilizan la palabra como su forma preferida de comunicación, y recurren al dibujo para contar lo que les gusta, lo que les interesa, pero, también, lo que les preocupa o asusta”.
De igual manera, la psicóloga Estela Arriagada, especialista en psicopedagogía y en técive, sueña, desea y teme”. Además, añade que un niño que crea “será luego más hábil para las exigencias de ejecución que conlleva consigo la escritura, ya que poder hablar acerca de su dibujo, de lo que imaginó y de lo que para él significa, supone poner palabras a la idea, es decir, favorece el pensamiento reflexivo acerca de sus producciones”.

«Los niños pequeños todavía no utilizan la palabra como su forma preferida de comunicación, y recurren al dibujo para contar lo que les gusta, lo que les interesa, pero, también, lo que les preocupa o asusta”

Conexiones neuronales
Tal como expone la divulgadora educa­tiva Nora Rodríguez en su obra Neuro­educación para padres (Ediciones B, 2016), cuando el niño pinta, ejercita la psicomotricidad fina –dibujando, normalmente, formas geométricas de mayor o menor complejidad–, al mismo tiempo que crea escenarios imaginarios en su mente. Esto favorece de forma sutil la interconexión de los dos hemisferios cerebrales y crea “rutas neuronales de información, que potencian el funcionamiento del cerebro”. El sentimiento de bienestar y de satisfacción que les produce el dibujo libre y, conforme avanza la edad, el manejo de los colores, favorece también que una parte del cerebro (el hipotálamo) libere dopamina, “una recompensa natural que potencia la automotivación, la concentración y la atención, y también la memoria del placer”, afirma la autora.
Disfrutar pintando. Pero, ¡que no cunda el pánico!: no hace falta buscar los últimos dibujos de tu hijo para tratar de psicoanalizarlos, ni alarmarse si lo que encuentras son unos cuantos garabatos con cabezas deformes y colores imposibles. Tampoco es necesario buscar una academia para conseguir que tu hijo se convierta en un genio de la pintura. Como recuerda Arriagada, “los padres no pueden pretender actuar ni como profesores ni como psicólogos en lo que a los dibujos de sus hijos se refiere”. Lo más importante es aprender a disfrutar con los niños, también dibujando, porque “todo niño experimenta el placer de la cercanía de sus padres si comparte con ellos el interés por la actividad, que no tiene por qué realizarse siempre de forma conjunta”.
Imagen interior. Hacen poco caso a los datos de percepción. Se basan en su imagen interna, en la idea que tienen de cómo son las cosas. Si a un niño le han dicho que su hermano está en la tripa de mamá, dibujará al bebé en una tripa transparente.
Rostros con significado. Con 5 años, para los niños es importante la mirada, por eso dibijan ojos saltones; las sonrisas, por eso los dientes son enormes…A esa edad también dibujan héroes.
Puntos de vista. En un rostro de cara se verá un peinado de perfil, o en una cara de perfil, un ojo de frente. Es lo normal.
Colores decorativos. No buscan representar la realidad, sino hacer bonito el dibujo (papá es verde); salvo en figuras genéricas (las zanahorias serán siempre naranjas). Con una excepción: los animales se pintan con colores decorativos y suelen tener rasgos humanos, en general, sonrientes.
Detalles no realistas. El niño incrementa los detalles (arcoíris en una habitación, corazones
en el cielo…), pero no para subrayar su realismo, sino para aumentar la información que
contiene su dibujo. Cuanto más dice un dibujo, más le interesa.
Proporciones afectivas.Las exageraciones acentúan lo importante para él y
disminuyen lo indeseable. Si el pez es más grande que el barco… es porque le interesa
mucho más el pez que el barco.
Un único plano.Todo ocurre y todo es posible. La imagen es bidimensional y se da la
simultaneidad: una niña en la ventana y la misma niña en el jardín.
UNA EVOLUCIÓN MUY VISIBLE
Para que puedas disfrutar contemplando los progresos que realizan tus hijos o tus nietos en sus dibujos, la psicóloga Estela Arriagada explica la evolución del dibujo, según la maduración neuromuscular y el desarrollo evolutivo del niño:
1) De los 3 a los 5 años: “De las primeras formas elementales (cruces, círculos), surgirá de modo fortuito, hacia los 3 años, la representación de una persona. A partir de los 4 años, la figura podrá contar con manos y pies con dedos, con pelo… Tanto la noción de proporcionalidad como la de bidimensionalidad de las extremidades se adquieren, aproximadamente, a los 5 años. A esta edad, también son observables los primeros intentos de diferenciar a las figuras por sexos.
2) De 6 a 10 años: “A partir de los 6 años, el dibujo es cada vez más realista. Entre los 7 y los 8, las figuras humanas suelen aparecer ejecutando distintos roles sociales o representan a héroes de la fantasía. A los 9, aproximadamente, pueden aparecer en movimiento, y sobre los 10, es posible que empiecen a ensayar la figura de perfil”.
3) A partir de los 11 años: “Cuando se alcanza la pubertad, hay un creciente interés por el cuerpo que caracteriza a esta etapa, el dibujo de la figura humana se hará cada vez más detallado. El desarrollo del pensamiento abstracto permitirá conseguir nuevos logros: el sombreado aportará volumen, la perspectiva permitirá situar el elemento dibujado en el espacio, el rostro podrá expresar emociones, e, e incluso, las ideas podrán representarse de forma simbólica”.

 

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