Rafa Lozano: “Reconocerte vulnerable es la clave del éxito, porque dejas que Cristo intervenga a través de ti”

Tras una larga enfermedad, Rafa Lozano ha fallecido el lunes 5 de septiembre. Lozano era director y fundador de la asociación Red Madre, coordinador junto a su mujer del Centro de Orientación Familiar Juan Pablo II, de Madrid, y mantuvo una amplia vinculación con Radio María, el Foro Español de la Familia y el movimiento provida. Rafa y su familia recibieron el Premio Revista Misión a la Familia 2015 y dieron un conmovedor testimonio de alegría, confianza en Dios y entereza ante la cruz. Esta es la entrevistaque publicamos en nuestro número 38, y en la que nos explicaron que “puedes hacer mucho solo con el hecho de mostrar cómo vive una familia cristiana”.

Por Redacción Misión

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BASTA TENERLOS cerca unos minutos para captar que su vida familiar desborda una alegría contagiosa. Son la familia Lozano Pérez: Rafa, Loli y sus hijos, Carlota, Marta, Elena, Álvaro, Tomás y Jaime. A ellos les correspondió el premio en la categoría Familia por su dedicación a otras familias con dificultad. Hace tres meses, a Rafa le detectaron un cáncer en estado avanzado. Ante la enfermedad, ellos no se acobardan: “Queremos y pedimos cada día por la curación, pero aceptando siempre la voluntad de Dios, que sabe más y permite lo que no entendemos”.

¿Cómo comenzó su dedicación a defender la vida y la familia?

De forma muy natural: poco a poco, fue calando en nosotros el “dad gratis lo que gratis habéis recibido”, y lo que hemos recibido es muchísimo. Después de varios años de alejamiento progresivo de la fe, Dios permitió que nos diéramos un tortazo a modo de crisis económica total. Fue necesario que perdiéramos todo lo material para, progresivamente, ir recuperando el sentido de nuestro matrimonio y el significado de ser y hacer familia. De este modo, Él ha ido recobrando el sitio que le corresponde: el centro de nuestras vidas.

“Fue necesario que perdiéramos todo lo material para, progresivamente, ir recuperando el sentido de nuestro matrimonio y el significado de ser y hacer familia”

¿Cómo se dio ese cambio de vida?

Hicimos el máster en Ciencias del Matrimonio y la Familia del Pontificio Instituto Juan Pablo II en Alcalá de Henares, un regalo que nunca podremos agradecer lo suficiente. Poco a poco, sin darnos cuenta, nos fuimos introduciendo en la “pastoral de la tortilla de patata”: abrir la puerta de nuestro hogar a otros matrimonios, a parejas de novios, a amigos con dudas… Como habíamos hecho siempre, pero con ese plus formativo que te ayuda a comprender la voluntad de Dios a través de la familia. Más tarde, nos propusieron dirigir el Centro de Orientación Familiar Juan Pablo II, donde atendemos, a modo de “hospital de campaña”, a personas que viven situaciones complicadas, que normalmente proceden de heridas del pasado y se manifiestan en las relaciones familiares.

“Hacemos la pastoral de la tortilla de patata: abrir la puerta de nuestro hogar a otros matrimonios, parejas de novios, amigos con dudas…”

¿Ha influido este trabajo pastoral en su propia familia?

La influencia ha sido y sigue siendo enormemente positiva: nos ha hecho ser conscientes de que el plan de Dios en tu matrimonio alcanza más allá del don de la fertilidad biológica y que estamos llamados a una paternidad espiritual. Te das cuenta de que, desde tu pequeñez, puedes hacer mucho; solo con el hecho de mostrar abiertamente cómo vive una familia cristiana, con sus problemas, sus carencias, su mal genio, su debilidad… Reconocerse vulnerable es precisamente la clave del éxito, porque dejas que Cristo intervenga a través de ti. En este sentido, las enseñanzas de Juan Pablo II han sido clave para nosotros.

¿Cómo viven sus hijos tanta dedicación pastoral?

Somos unos privilegiados por los hijos que tenemos: ellos son testigos de nuestra historia, de nuestra realidad, y todo lo hacemos con ellos y para ellos. Tenemos claro que no pueden ser unos “niños buenecitos” que se juntan con los majetes de su clase, sino que su misión es ser unos pequeños apóstoles. El Señor cuenta con ellos desde que eran bien pequeños, recordándonos a nosotros cuál es y hasta dónde llega nuestro papel como padres, en el que la parte más complicada es respetar la libertad de cada hijo. ¿No lo hace Dios con nosotros? Pues de igual modo, cuando deciden tomar el camino ancho, no debemos encerrarles en una jaula de oro. Eso sí: cuando toman el angosto… ¡cuántos frutos!, y que gozada es ser testigos directos de ello.

“Las gracias que estamos recibiendo son inmensas, dentro del sufrimiento y la incertidumbre. Sabemos que la misión que tenemos entre manos no es nuestra, sino Suya”

¿Han encontrado muchas dificultades en el camino?

¡Pues claro! De no ser así, sería mala señal. Un sacerdote amigo, que nos guía como matrimonio, nos dijo hace un tiempo: “Pensad que el diablo os tiene en el punto de mira. Va a por vosotros porque no le gusta nada todo el bien que Dios puede hacer a través de vuestras vidas, así que estad preparados”. La última prueba está siendo la en­fermedad: el cáncer en estado avanzado que le han detectado a Rafa nos presenta, de sopetón, frente a algo que “solo les pasa a los demás”: la muerte. Sin embargo, las gracias que estamos recibiendo son inmensas, dentro del sufrimiento y la incertidumbre. Sabemos que la misión que tenemos entre manos no es nuestra, sino Suya.