Rodrigo Miranda: “No es solo el Daesh. Hay un genocido sistemático contra los cristianos”

El padre Rodrigo Miranda, sacerdote misionero del Instituto del Verbo Encarnado, vivió en Alepo mientras se recrudecía la guerra en Siria. Asegura que los cristianos han sido uno de los principales objetivos  de los ataques desde el comienzo del conflicto, antes de la llegada del autoproclamado Estado Islámico. Sin embargo, asegura que las iglesias nunca se han vaciado: “Los cristianos de Oriente Medio son mártires”.

Por Ángeles Conde Mir

Ha visto cómo más de cuatrocientas personas eran asesinadas delante de él. Ha vivido bajo las bombas. Ha acompañado a los cristianos que son perseguidos sin marcharse de Siria, aunque podría haberlo hecho… Pese a ser testigo de la brutalidad humana, no ha dudado ni un segundo del amor de Dios.

El padre Rodrigo Miranda ha pasado cuatro años en Alepo, la “Roma de Oriente Medio”, en la que hoy se libra, según la onu, la peor guerra de este siglo.

En el punto de mira

Este sacerdote chileno, religioso misionero del Instituto del Verbo Encarnado, ha pasado diez años en Oriente Medio –entre Tierra Santa, Egipto, Jordania y Siria– y, por eso, no duda en afirmar que se está produciendo “un auténtico genocidio contra los cristianos en Oriente Medio”. Se ha cansado de ser políticamente correcto tras haber visto cómo los islamistas asesinaban sistemáticamente a los fieles de su parroquia y haber vivido los peores bombardeos contra las catedrales e iglesias cristianas justo cuando los templos estaban más llenos. “A medida que pasa el tiempo, puedes identificar patrones de conducta, y te das cuenta de que no es casualidad. Desde 2012, cada Semana Santa éramos bombardeados”.

El padre Miranda ejercía como secretario del obispo de rito latino y se encargaba de la pastoral y de visitar parroquias y capillas. En el barrio cristiano armenio (Midan), la capilla fue destruida y saqueada “solo porque era un templo cristiano; lo sabemos porque dejaron grafitis ofensivos. En este barrio, mis parroquianos fueron asesinados, secuestrados o tuvieron que huir. A diario, siguen produciéndose cientos de persecuciones”.

Tras el verano de 2011, se expandió la guerra en Siria. Para entonces, el padre Miranda ya había escuchado que “Siria se convertiría en un nuevo Irak”. La tierra que fue testigo de la conversión de san Pablo es hoy el epicentro de crímenes atroces contra los cristianos.

Un exterminio generalizado

“Las hermanas que trabajan en la catedral –explica– se ocupan de un alojamiento para universitarias en la zona donde, en 2011, comenzó el conflicto o (Daraa). Las chicas nos contaron cómo los cristianos, que son minoría, eran atacados en los colegios y las facultades. Un día, un grupo entró en una facultad y tomó a tres chicos cristianos como rehenes. Los asesinaron en un baño, los descuartizaron, los metieron en bolsas de basura y los depositaron en la puerta con un cartel que decía: ‘No tocar: son cristianos’. Esto demuestra que lo de Siria no es una revolución en pro de la democracia, tal como algunos describen el conflicto”.

Aquello ocurrió en 2011, antes de la llegada del Daesh, el autodenominado Estado Islámico. Por eso, el padre Miranda asegura que “este grupo terrorista es una anécdota en la guerra. Se intenta poner el acento en esta banda, creada artificialmente por Occidente, porque se tiene que justificar la invasión, tal como ocurrió en Irak.

El gran villano es el Daesh, pero nadie habla de los grupos radicales islamistas que participan en la guerra desde el comienzo, como la organización de Al Qaeda en la zona, Jabhat Al-Nusra”.

“En abril estuvimos en la ONU con cientos de pruebas. Reconocieron el exterminio yazidí, pero no el cristiano”

Hoy, el Alepo cristiano vive bajo el asedio de decenas de grupos más o menos radicales, pero no es objeto de la atención mediática internacional. El padre Miranda habla con amargura de esta manipulación y relata que hay quienes, sin haber estado en Siria, se atreven a quitarle la razón cuando denuncia la persecución. “En abril, fuimos a la onu. Se presentaron cientos de pruebas rigurosas y un análisis muy bien documentado en el que se indicaba que se está produciendo un verdadero genocidio, una persecución sistemática e intencional contra las comunidades cristianas”. Tras aquella comparecencia, la onu reconoció el genocidio contra la minoría yazidí, también masacrada por el Daesh, pero no contra los cristianos.

Una vuelta a la Eucaristía

Pero, entonces, ¿por qué permanecen los cristianos en Oriente Medio? El padre Miranda asegura que, por el hecho de haber sufrido una persecución ininterrumpida, están dispuestos a imitar a Cristo como mártir. Además, el padre Miranda ha visto su conversión, ya que Alepo era una gran ciudad industrial de Siria, el pulmón económico de un país sin deuda externa y, por eso, sus feligreses, cuando llovían las bombas y la vida se hacía insoportable, le decían: “Padre, sabemos que esto es una purificación, porque estábamos perdidos en muchas cosas materiales y esto nos ha hecho volver a lo esencial”.

Merced a esa conversión, no los intimida la violencia circundante porque “han vuelto a participar en la Santa Misa, la adoración eucarística, el Rosario y la catequesis, y lo han hecho con fuerza”. “En lugar de vaciarse con la persecución, las iglesias se llenan”.

“SE SIENTEN ABANDONADOS POR NOSOTROS Y POR LA PROPIA IGLESIA”

El padre Miranda no contemplaba la posibilidad de marcharse de Siria; sin embargo, una serie de circunstancias propiciaron su actual misión: difundir y denunciar la existencia de este genocidio silencioso contra los cristianos. Cuando se encontraba en Alepo, le sugirieron viajar al Líbano durante unas semanas.

Con mucho esfuerzo, logró salir de Siria, y fue entonces cuando se dio cuenta de que el mundo desconocía lo que estaba padeciendo la comunidad cristiana: “Dan la vida por Cristo, son silenciados, y este sufrimiento no se puede perder. Le hace bien a Occidente y a nuestra pobre Iglesia”, asegura. Por eso, ahora recorre el mundo entero dando a conocer este martirio y reconoce, con amargura, que le duele la mundanidad de los cristianos del otro lado del Mediterráneo: “No ayudamos a los cristianos de Siria; sucede al revés: ellos nos ayudan a despertar, a volver a lo esencial y a dejar la vida de fe mediocre”.

Para él, la receta para estar a la altura de estos hermanos perseguidos se concreta en “convertirse” y vivir la fe de una forma “radical”. “Junto a la conversión, uno debe vivir las virtudes, trabajar honestamente, dejar la superficialidad…”. Y, por último, rezar por ellos y “ofrecer sacrificios”, porque, tal como confiesa, apenado, “ellos se sienten abandonados e incomprendidos por el mundo… y por la propia Iglesia”.

El padre Miranda planea nuevos viajes para seguir denunciando esta historia incómoda que, desde la distancia, puede resultar difícil de digerir, como lo pueden ser las palabras del sacerdote que, antes de despedirnos junto a la plaza de San Pedro, nos recuerda: “La Iglesia tiene que tener vocación al martirio por amor y por el anuncio de la Verdad”.

LA PERSECUCIÓN DEL ESTADO ISLÁMICO NO ES CASUAL

El padre Miranda asegura que, aunque se habla de un “todos contra todos”, los ataques contra los cristianos se producen exclusivamente porque son cristianos: “Obviar la persecución desde el islam durante más de 1.400 años resulta poco riguroso. He tratado con personas que han sufrido esta persecución y te das cuenta de que la actual va más allá de causas geopolíticas y económicas”.

De ahí que recuerde que, en Oriente Medio, el sistema legal está impregnado por la ley islámica: “Nos dicen que es un problema de los terroristas o que no tiene que ver con el ámbito religioso, pero hay que recordar que, en Oriente Medio, religión y Estado van de la mano”.

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