Lo conocimos por ser el cura de La Voz, el programa musical de Telecinco. Y, a pesar de no haber ganado el concurso, su paso por televisión ha “tocado corazones”, incluso de artistas como Laura Pausini o Alejandro Sanz. Ahora, la congregación redentorista a la que pertenece evangeliza a través de la música y las redes sociales con el movimiento #SienteLosLatidos.

Por Margarita García

Fotografía: Lupe de la Vallina

¿Sacerdote misionero o cantante?
Primero soy cantante porque la música me viene por mi abuela Elisa. Luego quise dar un sentido a mi vida siendo misionero. Después vino el regalo de la ordenación sacerdotal, que me permite estar plenamente disponible para la misión y dar un “sí” completo.
¿Por qué se presentó a La Voz ?
Lo pensé mucho antes de entrar. Con­versé con personas que me han orientado y asesorado en temas espirituales y vimos que La Voz era un formato blanco, es decir, no necesita vender las 24 horas del día de un concursante. Yo iba, grababa y volvía a mi comunidad.
¿Cuál era el objetivo?
No era otro que tocar corazones, ¡que ya es! Siempre cabe la duda de si mi objetivo es más personal que comunitario. Yo quise que desde el principio fuese comunitario, pero algunas cláusulas de confidencialidad eran tan serias que no me permitían contar a casi nadie cuál era el proyecto. Tuve un acompañamiento muy reducido: de mis superiores, el obispo de la archidiócesis de Madrid y poco más. Cuando todo salió a la luz en la primera gala, abrí el proyecto y toda la provincia se implicó.
¿Cómo reaccionó su congregación?
El 90 por ciento me apoyó. La reserva más típica que me han expresado es: “Vas tú, el proyecto es Damián; no es la congregación”. Por eso, siempre he presentado el proyecto a mi congregación para hacerlo comunitario, y han visto que, evidentemente, donde va Damián van los Redentoristas.
Lleva un corazón en la solapa. ¿Por qué?
Tengo muchas inquietudes misioneras. Y esto significa que constantemente me hago la pregunta “¿Cómo llegar a las personas que no tienen experiencia de Dios?”. Pensé que un símbolo que puede ser muy cristiano y al mismo tiempo entiende cualquier persona, aun sin tener experiencia de fe, es el del corazón. Decidí llevarlo en la solapa porque, si alguien pregunta, tendré la oportunidad de responder que para los cristianos Dios es amor. Por eso dije en el primer programa que “he venido a cantar el Amor en el mundo”, es decir, he venido a cantar a Dios en el mundo.
¿Cómo se mueve un sacerdote en la televisión?
Igual que mis compañeros, con los mismos sufrimientos, con todo igual. Pero sí que es verdad que por mi perfil surgían ciertas conversaciones: “¿Cómo es que tú, siendo sacerdote, te has animado a venir a la tele? ¡Nada menos que a Telecinco!” Eso ha dado pie a hablar en profundidad con muchos de mis compañeros y a que se hayan hecho preguntas. Hay casos concretos, de personas del programa que han venido a misa, que han iniciado un proceso. También sé de una compañera que vino a la Eucaristía y salió llorando. Me decía: “Acabo de sentir algo, qué bonito es ver cómo los cristianos celebráis juntos. Me ha tocado”.
Pido en mis oraciones el don de la normalidad, la capacidad de usar palabras y gestos normales que no haga falta interpretar constantemente. Siempre pienso en Jesús de Nazaret, y lo que veo en Él es que, aunque pasaba por uno de tantos, no lo era. Vestía como cualquier hombre de su época, sin embargo, su mirada era distinta, sus palabras eran distintas… Generaba calma, su mirada transformaba. No es fácil, pero es lo que intentamos.
Alejandro Sanz le pidió en su primera actuación que lo confesara, ¿lo hizo?
No… La verdad es que Alejandro Sanz se definió por sus preguntas, como una persona profunda. Descubrí en él a alguien encantador. Por otro lado, Laura Pausini se definió desde el primer momento como cristiana, y dijo: “Amo a Dios y amo a la Iglesia, cuidad su repertorio”. Siempre me ha tenido muchísimo respeto, me ha tratado con mucho cariño durante las grabaciones. Ella trataba de pedir en público que cantase temas religiosos. En el programa no hubo oportunidad, pero sin duda sigo su consejo. Me parece una mujer muy sincera en sus juicios.
¿En qué consiste el movimiento #SienteLosLatidos? 
Es la presencia que hemos buscado los misioneros redentoristas en las redes sociales para anunciar el Evangelio a través de la música. Queríamos asociar algo al concepto del corazón y el amor para que la gente no piense solo en el cura de La Voz o el padre Damián, sino que pueda tener un ámbito en el que compartir a otro nivel. Se nos ocurrió la etiqueta “Siente los latidos”, que puede significar ‘siente los latidos de la música’, o también los de Dios…, y esto ha permitido que muchos jóvenes, con un lenguaje natural y sin miedo a poner ese hashtag, puedan hablar de temas profundos.
¿Cuándo siente que Dios lo llama a ser padre Damián?
A los 16 años cambió un poco mi vida porque salí del colegio agustino en Granada, fui a un instituto público, entré también en el conservatorio para estudiar canto y también en el grupo de confirmación, porque mi hermana mayor había ido y pensé: “Si cuando me vaya a casar me van a pedir el certificado…, pues lo hacemos ahora”. Resulta que en aquel momento, como había salido del cole, comencé a sentir la necesidad de parar, de rezar, de estar mucho tiempo en aquella casa, en aquella comunidad en Granada. Llegó un punto en el que dije: “creo, sin duda, que Dios me llama a ser sacerdote. Lo creo porque sé que, si no me lanzo por esta vida, en el futuro me va a faltar algo”. Y a los 18 años entré en el seminario.
¿No corre el riesgo de anteponer la fama a su vocación?
Si me siento acompañado por mi congregación, las decisiones son comunitarias, y donde yo no llego un superior llegará. La verdad es que me ayuda mucho escuchar la opinión de mis hermanos y, ahora mismo, pasar todo por su filtro. Para mí es primordial, también para sentirme en comunión con la Iglesia a la que quiero, el Dios al que amo y la congregación a la que me he entregado de por vida.
¿Cómo es la misa del padre Damián, a la que todos en La Voz querían ir?
La misa de las 9 de la noche en la Parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, en Madrid, se llena de jóvenes. Para mí es el momento central porque nos hace ser comunidad y empezar la semana al unísono. Creo que los chavales buscan muchas cosas y a veces no las encuentran porque no se las ofrecemos. Pero ¡qué fácil es ponérselo fácil a las personas! Eso no significa rebajar nuestra opción de vida o la doctrina. Implica poner facilidades, como usar un lenguaje accesible. La misa que celebro es normal, animada por los propios jóvenes, pero normal. Me gusta ser elegante, no cruzar el límite en ningún sentido. Creo que ese es el equilibrio que debemos mantener los sacerdotes: ser cercanos, pero guardando un poquito el misterio. Que la celebración de la Eucaristía no se convierta en un teatro, pero no me gusta que nadie se vaya sin una experiencia fuerte en el corazón.
Laura Pausini: «¡Amo a Dios y amo a la Iglesia!», «Tus ojos explotan de amor, son reflejo del corazón».
Álex Ubago: «Yo no voy a la Iglesia, pero contigo… voy fijo».
Antonio Orozco: «Yo te ayudo
a ganar la Voz si tú me ayudas a entrar en el Cielo».