Silencio en la era de Spotify; vida en comunidad en la época de Instagram; estudio de las Escrituras en lugar de seguir a youtubers… La vida en el seminario de los Legionarios de Cristo, en Salamanca, parece en las antípodas de lo que el mundo ofrece a los jóvenes. Sin embargo, este curso ha recibido a 14 nuevos novicios.

Por Santiago Menor

Manuel es de Sevilla, tiene 19 años y una sonrisa que le da cierto aire de niño. Una impresión que se esfuma cuando comienza a relatar su historia, con una madurez impropia en su edad.
A los siete años, durante una adoración por las vocaciones que su colegio –el Highlands de Sevilla– organizó en una parroquia, Manuel sintió “claramente, y con una gran alegría interior, que Dios me pedía ser sacerdote, según el carisma de los Legionarios de Cristo”. Cuando se lo dijo a sus padres “se alegraron, pero me dijeron que tenía que esperar para ver si de verdad era cosa de Dios”. Y Manuel esperó.
Tres años después, cuando tenía diez, les pidió irse al seminario menor que la congregación tiene en Valencia, pero, “como es lógico, me dijeron que era muy pequeño para irme de casa”. Y Manuel volvió a esperar. Cuatro años después, en 2º de la ESO, volvió a la carga, y esta vez sus padres accedieron a que quedase interno, primero tres cursos en el seminario menor que la Legión de Cristo tenía en Ontaneda (Cantabria), y después en el de Valencia.
“En ese tiempo, mi casa fue el seminario, pero en Valencia iba a clase con otros jóvenes de mi edad que no tenían inquietud vocacional, y eso me sirvió para reafirmarme”, cuenta.
Un semillero con mucho fruto
El nombre de «seminario» hace referencia al lugar donde se cultiva la «semilla» de la vocación. Desde que fue inaugurado en 1958, en el seminario de los Legionarios de Cristo, en Salamanca, han germinado cientos de vocaciones sacerdotales, según el carisma de la congregación.
Para ayudar en su sostenimiento, el seminario pide donativos, que pueden realizarse desde el teléfono 91 000 98 90 y también desde la página web: www.quediostelopague.com.
Verificar si es de Dios
Ahora, Manuel cursa su segundo año en el seminario que los Legionarios de Cristo tienen en Salamanca (al tratarse de una congregación religiosa, el seminario tiene categoría de noviciado), y cuando le preguntan si no es demasiado joven para tomar una decisión así, responde que “igual que cuando te enamoras de una chica no pruebas a salir con todas las demás antes de empezar el noviazgo, a mí no me hace falta probar otra cosa para empezar el noviciado, porque esta es la vida que Dios me pide y por eso es la que quiero para mí”.
Para ayudar a Manuel y al resto de los jóvenes del seminario –empezando por los 14 nuevos novicios que ha recibido este curso– a contrastar si lo que viven es voluntad de Dios, el padre Enrique Tapia, superior del noviciado, explica que “a través de la oración, la dirección espiritual y el acompañamiento, vamos verificando la idoneidad de los chicos para la vida religiosa, y la rectitud de sus intenciones”. El seminario de los Legionarios de Cristo no es, por tanto, una fábrica de curas, sino un lugar de silencio “para ir poniendo en claro la voluntad de Dios”.
Una gran responsabilidad
Durante los dos primeros años del noviciado, el día a día de los seminaristas “es una preparación para lo que será su vida como sacerdotes legionarios: vida en comunidad, oración, silencio, estudio de las Escrituras, austeridad, formación en las constituciones, prácticas de apostolado… La única forma de saber si esta es la vida que Dios tiene pensada para ellos, es ir conociéndola”, señala el padre Tapia. Después, comienza la formación superior en Humanidades, Teología y Filosofía, con las mismas materias que cualquier sacerdote diocesano y los acentos evangelizadores propios de la congregación. Una labor que, como resume el padre Tapia, “es una gran responsabilidad, y requiere de la oración y el apoyo material de la Iglesia”.

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