Sergio Fernández: “Si cambias la fe por el éxito, estás vendiendo tu propia esencia”

336

Sergio Fernández es mucho más que el “cocinero de la tele”. Este madrileño, casado y padre de dos hijos, muestra a Misión su lado más familiar y solidario. ¿Su principal ingrediente para ser feliz? Anteponer la familia al trabajo y “desdramatizar cada segundo de la vida”.

Por Margarita García

¿Quién es Sergio, además de “el cocinero de la tele”?
Es una persona de lo más normal: casado, padre de dos hijos, alguien que intenta actuar con normalidad, como un ciudadano más, que trabaja y que quiere estar con su familia y disfrutar en cuanto tiene un hueco libre.
¿Cómo acabaste en esta profesión?
Mis abuelos eran reposteros, mi padre trabajaba con productos cárnicos y mi madre era cocinera… Así que el mundo de los alimentos era parte de mi familia. Sin embargo, de pequeño, nunca sentí una pasión absoluta por la cocina, aunque me entretenía haciendo experimentos con hojas y piedras, pero nada más.
¿Qué lugar ocupa en tu vida la familia?
Es primordial. Está por encima del trabajo y de todo, pues es la base donde poder edificar. Es el cimiento. La convivencia, el amor, la educación, el compartir… todo eso es para mí la familia. Es lo que nos ayuda a ser personas felices.
Vas a misa los domingos, tus hijos van a un colegio religioso… ¿Qué puesto ocupan la fe y la Iglesia para ti?
Es otro cimiento básico para entender la propia vida. Ante ciertas situaciones personales o ante dificultades de otras personas, la fe es esa bomba de vitaminas que se necesita para digerir el día a día y lo que supone la vida en sí misma. Además, es una tranquilidad saber que, tras la vida terrenal existe algo más.
¿Quién te ha transmitido la fe?
Mis padres, y lo han hecho con normalidad: rezando cuando había que rezar, yendo a misa cuando había que ir, transmitiendo el deber de ayudar a los demás; siempre basándose en la fe.
¿Y cómo se la transmites tú a tus hijos?
Con la misma normalidad. Intento que entiendan que hay un Dios Padre, que se puede hacer el bien en la sociedad, y todo ello desde la fe, que nos ayuda a crecer.
¿Qué ha supuesto para ti ser padre?
Me ha cambiado la vida totalmente. Al ser padre, desaparece tu yo y vives por y para los otros. No tengo horas para pensar “quiero cenar, quiero dormir”; ahora es: “¿Han cenado? ¿Se han dormido ya?”.
¿En qué momentos te has agarrado más a la fe?
Ante cualquier decisión de la vida necesitas refugiarte en la fe, pero, sobre todo, en casos como el fallecimiento de un ser querido es cuando dices: “Menos mal que tengo fe”, porque si la vida terminase con la muerte, sería un poco triste.
Colaboras con varias ONG, ¿por qué?
No me gusta decirlo así, pero es casi una obligación, porque te das cuenta de lo que supone vivir para el otro. Al final, entiendes que tiene mucho más sentido todo. Si no, te encerrarías en ti mismo y terminarías empobrecido. Además, hay más alegría en dar que en recibir. Por eso, he colaborado con personas mayores, con personas que tienen alguna discapacidad física o intelectual, con jóvenes con problemas de drogadicción y, también, he estado en Perú y Honduras, tierras de misión. Estas experiencias han ocurrido en distintas etapas, pero todas han sido muy enriquecedoras.

 

Este programa se emite los sábados y domingos a las 13:00 h en La 1 de TVE. No obstante, Sergio también cocina para España Directo, del mismo canal y para los oyentes de Esto me suena. Las tardes del Ciudadano García, de Radio Nacional ¡Mucha gente «Cocina con Sergio»!

 

En tu casa, ¿cocinas y presentas los platos como vemos en la tele o también haces tortilla rápida para cenar?
¡Por supuesto! En mi casa, en la cocina de diario, intento que la tortilla francesa quede jugosa y rica, pero el tiempo no da para enredarse mucho.
¿Qué no puede faltar en tu cocina?
Las legumbres, las hortalizas y los productos cárnicos.
¿Tu plato favorito?

Un buen guiso, como fabada o cocido, y los pucheros de toda la vida.

¿Con quién acudías a estos lugares?
Iba con la parroquia o con distintas asociaciones. Viajar a estos países me supuso un gran esfuerzo, empezando por la dificultad para pagarme el billete de avión. Y luego, allí, tuve que descubrir de lleno la pobreza, saber qué es pasar hambre… Pero fueron experiencias que me ayudaron a crecer y a relativizar muchas cosas. Además, me di cuenta de que yo aquí pinto algo más, que la vida no es “yo, mi, me, conmigo” .
¿Una receta para la felicidad?
Tan solo un ingrediente: desdramatizar cada segundo de la vida. Últimamente hay crispación social, laboral, política…Vivimos tiempos agitados, y creo que, en parte, se debe a no saber desdramatizar cada segundo.
Eres una persona muy positiva…
Mi mujer y yo lo hablamos mucho: nos ponemos como obligación vivir en positivo, intentar ser felices, ¡casi por egoísmo! Cuando uno se impone la filosofía de desdramatizar y relativizar cada situación, le va mejor la vida. Y eso no quiere decir que no tengamos momentos de bajonazo.
¿Qué significa desdramatizar?
Tomar las cosas con humor y, quienes tenemos fe en Dios, dejar las preocupaciones en el Padre. La vida consiste en saborear cada segundo y en sonreír todo lo que se pueda. Ni el negocio más importante es comparable con la esencia de la vida, aunque el ser humano tenga la obsesión de alcanzar miles de metas y cumplir con muchas obligaciones.
¿Vives el matrimonio como una vocación, como una llamada de Dios?
Así debe ser, lo más importante es saber cómo sacar a relucir todos tus talentos: si es a través de la vida consagrada, del matrimonio…
¿Y cuál es tu receta para la estabilidad matrimonial?
Hablarlo todo. Cuando lo haces, tienes la capacidad de resolver problemas. Los momentos de crisis son buenísimos para crecer. El mayor obstáculo que encontramos hoy es que no hay comunicación y eso puede conllevar otras dificultades.
¿Cómo se compatibilizan el éxito con la humildad, con la vida cristiana?Para empezar, creo que aquella persona, sea cristiana o no, cuya vida gire en torno al éxito, está equivocada. Personalmente, lo vivo con normalidad, porque es tan solo “un momento”. Gracias a Dios, los espectadores me demuestran su cariño total. El problema surge cuando te olvidas de dónde vienes y quién eres. Y en el caso de un creyente, si cambias la fe por el éxito, estarás vendiendo tu propia esencia.
¿Cómo logras compaginar tu vida familiar y profesional? ¿Cuál es el truco?
Pensar en el proyecto de familia. Mi mujer dejó un trabajo muy bueno y decidió opositar para poder volcarse en la educación de nuestros hijos. Y yo, dentro de esta vorágine laboral, rechazo muchos proyectos, y bien a gusto, porque estar en casa jugando con tu hijo a los coches ¡no tiene precio! Es importante discernir, porque la familia tiene que estar unida, si no, la cosa no funciona.
¿Qué aficiones tienes?
Me gustan mucho la naturaleza, los animales y los coches antiguos, pero mi mayor afición es pasar tiempo libre con mi familia, y soy el más feliz del mundo comiendo un bocata con mis amigos en lo alto de la montaña.
¿Te queda algún sueño por cumplir?
Uno siempre tiene ilusiones, pero ahora mismo me dedico a aprender a vivir el presente, a disfrutar de lo que tengo en cada momento. Me niego a vivir de proyectos, de sueños… Me basta con avanzar diariamente, que no es poco. A ver, también quiero vivir muchos años, tener salud y, en un futuro, viajar, pero creo que es muy importante aprender a vivir el día a día.
¿Cuál es el secreto de tu éxito en la tele?
Me gusta prepararme muchísimo lo que voy a decir porque algo que me llama la atención es el bien o el mal que puede hacer un medio de comunicación. Hay mucha gente que vive sola y más de uno me ha agradecido la compañía que le he podido brindar. Me sorprende porque, a veces, no se es consciente del bien que se puedes hacer. En la tele, solo se valora si se tiene mucha o poca audiencia, pero no se aprecia la necesidad que tiene la gente de estar acompañada. Cuando alguien te da las gracias, te cuenta su problema, te dice que se animó a cocinar y que salió de la depresión gracias a tu programa es el secreto mejor guardado de la tele.
¿Para qué más sirve la cocina?
El cocinero puede ayudar a dignificar la vida del otro. Por ejemplo, cuando tu alumno descubre que es capaz de preparar unos platos, lo estás ayudando a crecer. Cuando colaboras en tierras de misión e intentas conseguir donativos para que unas personas necesitadas no pasen hambre, estás dignificando a las personas. Todas las profesiones podrían ayudar a dignificar la vida de los demás.
La pregunta del millón: ¿quién se come los platos que cocinas en la tele?Todo el equipo. Durante el programa, el plató se llena de olores y aromas, y, una vez terminada la grabación, las elaboraciones vuelan: ¡visto y no visto!

 

¿Te ha gustado este artículo? Suscríbete gratis y recibirás la revista cada tres meses en casa

Dona ahora: ayúdanos con tu donativo para que podamos seguir contando historias como esta