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Fresco sobre el altar mayor de la iglesia de San José de Nazaret

El pasado enero, Misión viajó a Tierra Santa de la mano de NUBA Turismo Religioso. Visitar los lugares donde ocurrieron los principales pasajes del Evangelio puede dar un vuelco a la vida de cualquier cristiano. El peregrino respira el aire que el Señor respiró, mira, toca, siente, se conmueve… y esa experiencia de los sentidos va calando para dejar una impronta profunda en el alma.

Por Isabel Molina E.

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Mapa: J. Gil / Saxum Foundation
Peregrinar a Tierra Santa no es indispensable para conocer a Jesús vivo ayer, hoy y siempre. Sin embar­go, muchos de quienes han estado allí aseguran que este viaje marca  “un antes y un después”  en la relación con Cristo. Misión así lo pudo comprobar en un viaje organizado por Juan Corpas, responsable de Turismo Religioso del Grupo NUBA. En tan solo ocho días, el peregrino vive una honda experiencia de fe, gracias a un completo itinerario:  “Los primeros días nos centramos en la vida de la Sagrada Familia en Nazaret, y visitamos el Lago de Tiberiades para conocer la vida pública de Cristo. Poste­rior­mente, nos desplazamos al Jordán, y finalizamos en Jerusalén”, explica Corpas.

 

El norte de Israel
Pero vamos por partes, para meternos de lleno en este apasionante recorrido. La peregrinación comienza en Haifa, ciudad industrial ubicada en el litoral mediterráneo, al norte de Israel, sobre las laderas del Monte Carmelo. Allí se erige el santuario de Stella Maris dedicado a la Virgen del Carmen. En este monte surgió la Orden de los Carmelitas en el s. xiii. El altar tiene dos niveles: en la parte inferior, la gruta donde la tradición señala que vivió el profeta Elías, y, encima, el altar mayor, en el cual se venera una bella talla de la Virgen del Carmen.
Al caer la noche llegamos a Naza­ret. A medida que nos adentramos por sus empinadas calles, descubrimos impotente frente a nosotros la Basílica de la Anunciación. Al descargar las maletas en el hotel, nos sorprende una insuperable vista desde la ventana: el domo de 55 metros de altura de la Basílica, con su peculiar forma que recuerda a la flor de lirio, símbolo de la Virgen.
Este templo, obra del arquitecto italiano Giovanni Muzio, es uno de los edificios más majestuosos de Oriente Medio. Edificado en dos niveles, en la primera planta se encuentra la Gruta de la Anunciación, donde el arcángel Gabriel dio a la Virgen la buena noticia:  “Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús” . En la planta alta hay otra iglesia moderna, decorada con mosaicos de advocaciones marianas de distintos países.

 

La vida diaria en Nazaret
A pocos metros está el templo de San José, construido en 1914 en el lugar donde el santo patriarca tuvo su taller. Visitamos también la fuente de la Virgen, en la iglesia greco-ortodoxa de la Anunciación, de estilo bizantino (1787). Dice la tradición que hasta allí caminaba la Virgen con el Niño para recoger agua.
Por último, en este repaso de la vida cotidiana de la Sagrada Familia, hacemos una parada en la Sinagoga de Nazaret, a la que seguramente Jesús acudió muchas veces con san José para ser instruido como judío. Fue allí donde el Señor tuvo que leer la profecía de Isaías, 61: “Yahvé […] me ha enviado con un buen mensaje para […] anunciar a los desterrados su liberación, y a los presos su vuelta a la luz”. Al terminar, les dijo:  “Hoy se ha cumplido esta Escritura”. Los nazarenos se enfurecieron y quisieron despeñarlo desde el Monte del Precipicio, pero Él  “pasó por en medio de ellos y se fue”.
 
Cercanías de Nazaret
A solo 10 kilómetros de Nazaret está Kafr Kanna (Caná) con su iglesia de las Bodas de Caná. Allí se conmemora el primer milagro de Jesús, cuando transformó el agua en vino. En este templo se suelen renovar las promesas matrimoniales, y fue así como los matrimonios del grupo actualizaron su compromiso de fidelidad:  “Prometo serte fiel en la salud y en la enfermedad, y así amarte y respetarte todos los días de mi vida”. Más tarde nos dirigimos al Monte Tabor, que se eleva majestuoso sobre una colina verde y fértil, y donde se encuentra la Basílica de la Transfiguración, construida con planos del famoso arquitecto italiano Antonio Barluzzi, autor y restaurador de más de veinte templos de  Tierra Santa.

 

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Mar de Galilea
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Monte Tabor
Un paseo por Galilea
A la mañana siguiente, nuestro destino es el Mar de Galilea, donde el paisaje permanece casi inalterado después de más de 2.000 años. Aquí no hay ciudades edificadas unas sobre otras, ni templos reconstruidos sobre ruinas… Nuestros ojos se posan sobre las mismas vistas que contempló el Señor. La mañana comienza en el Monte de las Bienaventuranzas, donde Jesús pronunció el Sermón de la Montaña. Aunque no se conoce la ubicación exacta en que Él lo pronunció, desde hace 1.600 años se conmemora en este lugar aquel discurso que cambió la Historia. En medio de una gran paz y recogimiento tiene lugar la Eucaristía.
Continuamos paseando por las orillas del Mar de Galilea hasta llegar a Tabgha. Primero visitamos la emblemática iglesia de la Multiplicación de los panes y los peces y, luego, el Primado de Pedro, un pequeño santuario construido por los franciscanos en 1933 en el mismo lugar donde Jesús confirmó a Pedro como pastor supremo de la Iglesia y desayunó con sus discípulos tras su resurrección. En el Mar de Galilea hacemos un paseo en barca y, así, esta inolvidable mañana llega a su fin. Nos dirigimos a un restaurante de la zona para disfrutar el típico pescado frito.
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Vista aérea de Cafarnaún
Cafarnaún, casa de Pedro
En Galiela se encuentra Cafarnaún, conocida como la Ciudad de Jesús y su centro de predicación.  Allí vivían sus discípulos Pedro y Andrés, y allí se recuerdan milagros como la resurrección de la hija de Jairo o la curación de la hemorroísa. Cafarnún es la gran aliada de la historicidad de los Evangelios por los hallazgos arqueológicos que han salido a la luz.
Al final de la tarde hacemos estación en Magdala, patria de María Magdalena, descubierta por casualidad hace una década cuando el sacerdote Legionario de Cristo Juan Solana se disponía a construir un centro espiritual para peregrinos. Al comenzar a excavar, encontraron una sinagoga del s. i. El centro de peregrinos está en construcción, pero se pueden visitar las ruinas de la sinagoga y la iglesia Duc In Altum, con su original altar en forma de barca que destaca sobre una insuperable vista del Mar de Galilea.
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Puerta de la Humildad en la Basílica de la Natividad en Belén
De camino hacia Belén
Al cuarto día llega el momento más esperado por muchos viajeros: la renovación de las promesas del bautismo en el Río Jordán. Uno de los sacerdotes del grupo  “bautiza”  de nuevo a los peregrinos. Esa tarde visitamos el santuario de la Resurrección de Lázaro en Betania, y pasamos la noche en Belén, la ciudad palestina donde el espíritu de la Navidad se queda sellado en el alma para siempre. Entendemos la enorme distancia que desde Nazaret tuvieron que recorrer san José y la Santísima Virgen a punto de dar a luz: 150 arduos kilómetros. En 1347, se concedió a los franciscanos la custodia de la Gruta y de la Basílica de la Natividad. Hoy en día en este lugar se eleva la Basílica de la Natividad –de culto compartido por la Iglesia ortodoxa griega, la Iglesia apostólica armenia y la Iglesia católica– y, adyacente, la iglesia de santa Catalina, de culto católico.
A la Basílica se ingresa por una puerta diminuta, conocida como la puerta de la humildad, pues para llegar a Cristo hay que abajarse. En otro tiempo esta iglesia ostentó un portón de 5 metros de alto, que tuvo que ser tapiado para protegerla contra los asaltos de los jinetes de Saladino.
El paso por Belén termina en el campo y la sugestiva gruta de los pastores, donde el ángel les anunció el nacimiento del Salvador.
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Domo del Santo Sepulcro en Jerusalén
¡Jerusalén, Jerusalén!
Los tres últimos días de la peregrinación los pasamos en Jerusalén. El ritmo tranquilo y alegre que llevábamos adquiere un tono acelerado y grave. Se acerca el momento cumbre de la Muerte y Resurrección del Señor. Nos detenemos en el Huerto de los Olivos. A pocos metros están la iglesia de Getsemaní, la Basílica de Asunción de la Virgen, la cueva de los apóstoles y el Dominus Flevit, donde Jesús lloró antes de entrar en Jerusalén.
Esa tarde nos invade un silencio sepulcral en San Pedro in Gallicantu, la prisión donde el Señor pasó la noche del Jueves Santo. Contemplar el estrecho agujero por el cual lo descendieron a su celda deja a los peregrinos en estado de shock.
A la mañana siguiente madrugamos para celebrar la Misa en el Santo Sepulcro. Hasta ahora hemos tendido las Eucaristía diarias en lugares sobrecogedores, pero este es el más impactante del itinerario pues aquí estuvo Cristo sepultado y fue aquí también donde resucitó. “Si Cristo no hubiera resucitado, vana sería nuestra fe” . Tras esta Eucaristía en el Santo Sepulcro, ninguna Misa vuelve a vivirse a la ligera.
Regresamos al hotel para desayunar antes de otro momento emblemático: la visita al Muro de los Lamentos y a la explanada de las mezquitas, y, sobre todo, el trayecto por la Vía Dolorosa, donde hacemos turnos para cargar en público una cruz de madera mientras rezamos el viacrucis en las capillas de cada estación. Aquí resuenan con fuerza esas palabras:  “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz, y sígame”.
A partir de ahora, intuimos que tendría que ser más fácil seguir a Cristo de un modo radicalmente nuevo. De momento, sabemos dos cosas: que tenemos que regresar a España para contar lo vivido… y que Tierra Santa se nos ha metido tan dentro que en algún momento habrá que regresar.
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Iglesia de la Visitación
Ain Karim
En las proximidades de Jerusalén se encuentra un pueblecito llamado Ain Karim, al que la Virgen acudió para acompañar a su prima Isabel: “Ahí tienes a tu pariente Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo, y la que decían estéril está ya de seis meses”. En este poblado se visita la iglesia de San Juan Bautista, donde se recuerda el nacimiento del precursor del Mesías y, en un paraje alto, la iglesia de la Visitación, ambas bajo la Custodia de Tierra Santa.
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Juan Corpas , con el grupo de peregrinos en la iglesia de San Pedro in Gallicantu
Tierra de milagros
Peregrinar a Tierra Santa no es lo mismo que hacer turismo: “Los grupos de peregrinos comparten una experiencia de fe y viven la Eucaristía diaria en los diferentes santuarios”, explica Juan Corpas, responsable de Turismo Religioso del Grupo NUBA. Los grupos van, además, acompañados por un sacerdote, que cuida la parte espiritual de la peregrinación, y un guía especializado que se encarga de explicar la historia, el arte y los muchos hallazgos arqueológicos de cada lugar. “Tierra Santa nunca cansa, ya que cada peregrino siempre encuentra algo nuevo que lo sorprende”, comenta Corpas. “Y tampoco deja a nadie indiferente, porque el Señor siempre hace ‘milagros’ y hasta el más escéptico regresa con ‘dudas’”, añade el organizador de la peregrinación, para quien el turismo religioso se cruzó en su camino “en forma de misión”. “Este viaje es un gran instrumento de evangelización y por eso animo a todo el mundo a visitar Tierra Santa”.
Más información: juan.corpas@nuba.net

 

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Maqueta de Jerusalén en la época de Jesús
Saxum
El quinto día disfrutamos de un tour interactivo en Saxum Visitor Center, ubicado en Abu Gosh, a 20 kilómetros de Jerusalén. Este nuevo museo ha sido promovido por el Opus Dei en honor al beato Álvaro del Portillo, quien murió un día después de su primera peregrinación a Tierra Santa. En una hora, el tour “ayuda al peregrino a entender mejor lo que visita en Tierra Santa”, explica Almudena Romero, su directora. “El recorrido comienza con un crono-mapa gigante del Antiguo Testamento y una línea del tiempo que sitúa los personajes más importantes de la Biblia. Luego hay una zona sobre Tierra Santa en la época de los romanos, para explicar las lenguas, la geografía y el calendario de la época de Jesús, además del Templo Herodiano. Tenemos una maqueta de Jerusalén y, a través de pantallas táctiles, explicamos cada lugar santo; y terminamos con una proyección breve sobre la vida de Jesús”.
Más información en: info@saxum.org

 

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