Una gran Covadonga

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No hace falta repetir que España no va bien. Casi todos lo sabemos. Hay desafíos políticos, culturales, familiares o espirituales que provocan vértigo. Hay quejas, críticas amargas y decepciones que pesan en el ambiente y desaniman, si cabe, aún más. La cristiandad ha muerto, y con ello, los católicos, o los que tenemos una cierta cosmovisión de la vida, estamos arrinconados y silenciados. Nuestros principios y creencias son motivo de chanzas o desprecio; como algo pasado de moda. Y el desencanto se palpa. ¿Qué hacer?, ¿cómo se puede revertir esta situación? Hay que crear muchas covadongas. ¿Y qué es Covadonga? El inicio de una nueva civilización que cambió a España y la convirtió en el faro del mundo durante siglos.

Por Álex Rosal. Periodista y escritor

No importa que esas covadongas sean pequeñas, estén dispersas o tengan una influencia limitada. Estamos en una fase de reconquista. No es una reconquista armada ni violenta. Tampoco hay que echar a nadie de la Península. Es una nueva reconquista familiar, espiritual, cultural… que busca sanar a la comunidad. Es una reconquista en la que hay que poner mucho amor para que sirva de bálsamo para curar heridas y restablecer relaciones rotas.

Es verdad que ahora una buena parte de la sociedad no escucha. Abraza con entusiasmo la falsa ruta que proponen los nuevos clérigos de la posmodernidad.

“Que Misión logre mantener la cordura en miles de familias en España y empuje la reconquista familiar y espiritual es la mejor contribución para construir la comunidad y lograr que nuestra sociedad sane heridas”

Y todavía es pronto para recoger a las víctimas que se creyeron que  “sin Dios se vive mejor”. Nos queda una buena travesía en el desierto, de gritar a los cuatro vientos sin recibir respuesta, de estar en el equipo que muerde la derrota… Hasta que la sociedad palpe los desastres que provoca la viudez tras casarse con el espíritu de los tiempos.

Pero llegará un momento, no sé, en diez, quince, veinte años, en que nuestra sociedad, aunque adormilada y compradora compulsiva de productos intelectuales perecederos, y en mal estado, diga basta. Y comience a escuchar…

Hasta que eso suceda hay que mantener y difundir esa gran covadonga llamada Misión. Un verdadero lujo para las 125.000 familias que reciben la revista. Tengo que reconocer que leer Misión me tranquiliza. Cuando la tengo entre mis manos, me digo:  “Bueno, no estoy tan loco como creía”. Al menos hay otros  ‘locos’ como yo que seguimos creyendo que lo que nos venden las terminales mediáticas del progresismo como Paraíso es, en realidad, un infierno en la tierra.

Qué Misión logre mantener la cordura en miles de familias en España, y empuje que la reconquista en el plano familiar, espiritual y cultural mejore sensiblemente es la mejor contribución para construir comunidad y lograr que nuestra sociedad sane heridas.

Gracias, revista Misión, por existir. Gracias, Isabel, Juan, José Antonio, José Ángel y equipo, por hacerla posible.

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