Viajar (barato) con niños, ¡es posible!

224

Llevar la casa a cuestas no es solo la forma más económica de viajar sino también una de las más divertidas. La familia de Pachu y Rubén (Premio Misión a la Familia 2017) ha creado un estilo propio de vacaciones que se adapta al ritmo de sus hijos y les permite conocer destinos asombrosos gastando lo mínimo. Su fórmula: una furgoneta adaptada para pasar el día… y la noche. Viajar baratos con niños, ¡es posible!

Por Isis Barajas

Fotografía: Cortesía de la familia Pompas

Pachu y Rubén han desarrollado un modelo de vacaciones muy económico, que les permite descubrir destinos paradisiacos y, lo que es más importante, que está totalmente adaptado al ritmo de sus hijos.
Con cinco niños de entre 4 y 11 años, la “familia Pompas” (como se les conoce gracias a su cuenta de Instagram @pompasdeelefante) lleva cuatro años viajando a bordo de su furgoneta, con la que han recorrido casi toda España y un buen puñado de países europeos. Sus patinetes ya han rodado por Andorra, Portugal, Francia, Italia y Suiza.  “Nos encanta hacer kilómetros. Sabemos cuándo salimos, pero no cuándo volveremos… El viaje más largo fue de 23 días y 6.957 kilómetros”, explica Pachu.
Pero ¿cómo es posible recorrer en furgoneta casi 7.000 kilómetros con cinco niños pequeños? La fórmula viajera de esta familia está basada en su  “Bubús”, el coche familiar en que viajan… y en el que duermen. Esto, además de economizar las vacaciones, les otorga libertad para perderse por recónditos pueblos o playas maravillosas, con la tranquilidad de llevar consigo todo lo necesario.
Ya desde antes de casarse, Pachu y Rubén eran aficionados a viajar sin planificación, a hacer excursiones y, sobre todo, a peregrinar (se conocieron en el Camino de Santiago). Al llegar los niños intentaron viajar con ofertas, pero el paso de dos a tres hijos empezó a encarecer las vacaciones. La solución llegó al comprarse la furgoneta, tras nacer su quinto hijo.  “Un día, mientras la limpiábamos, reclinamos los asientos y le dije a Pachu que probara a tumbarse.  Vimos que cabíamos a lo ancho y así nació esto”, recuerda Rubén.

Una nueva forma de viajar

El primer viaje fue el experimento:  “Pensamos ir a un sitio cercano por si nos teníamos que volver, así que viajamos a Zaragoza para visitar a la Virgen del Pilar y consagrar esta nueva forma de vivir las vacaciones. Estuvimos todo el día en la ciudad y fuimos a dormir a un pueblo. A las nueve de la noche nos metimos los siete en la furgoneta y pensamos:  ‘Esto va para largo’.
Sin embargo, nos dormimos enseguida y hasta las 9 de la mañana no nos despertamos. Si la primera noche habíamos dormido 12 horas del tirón, ¡había que repetirlo!”.  Y así fue. Hicieron el primer viaje para un par de  días, y tardaron más de 20 en volver.
Para pasar las noches, han ideado un sistema de tableros que se colocan sobre los asientos traseros plegados. Los sujetan con patas y con el equipaje, que colocan entre los asientos para dar estabilidad. Sobre esta superficie extienden colchonetas y cada uno duerme en su propio saco.  Y para salvaguardar su intimidad, confeccionaron cortinas para los parabrisas que colocan con ventosas.
La vida en cajas
La organización ha sido clave para reducir los bultos y poder encontrar entre el equipaje lo necesario cada día. Han creado un sistema de almacenaje con doce cajas pequeñas y cuatro grandes, y todo, absolutamente todo, debe ir en ellas. Hay una sola caja de juguetes en la que los niños llevan un libro por cabeza, cuadernos y pinturas, y los juguetes que quepan. Lo que no pueda ir en la caja, no se lleva.
En el caso de la ropa, solo llevan cuatro mudas que transportan en cuatro cajas pequeñas, una para cada día. La ropa de los padres, al ser más grande, se guarda en una caja grande para cada uno. Además, llevan tres pares de calzado y ropa de abrigo, que cuentan con cajas específicas.
Para el aseo diario han ido incorporando mejoras con el paso de los años. Ahora disponen de un inodoro y una ducha portátil. Cada cuatro o cinco días paran en un campings para lavar la ropa y que las chicas puedan lavarse mejor el pelo. Eso sí, siempre que es posible, acuden a campings municipales,  “mucho más baratos y muy limpios”.
En cuanto a la comida, también llevan en cajas lo necesario para cocinar sus propios platos: hornillo, olla, sartén…  “Una de las cosas que más encarece un viaje es ir a restaurantes. Así que para nosotros es importante preparar nosotros mismos las comidas para comer sano y barato”, explica Rubén.  “Hacemos la compra y cocinamos cada día: verdura, carne, pescado… y nos encanta probar productos de la zona”, añade Pachu.
Más unidos como familia
Este modo singular de viajar se ha convertido para los Pompas en un modo de vivir experiencias que de otro modo hubieran sido inaccesibles. Sus hijos saben que una comida de restaurante significa un día menos de viaje, así que algo debe de estar funcionando cuando los niños prefieren pasar más tiempo en ruta.
“Viajar así nos aporta muchísima libertad: si un día estamos cansados, no hacemos kilómetros y nos quedamos descansando. Si vemos que un día va a hacer mal tiempo, podemos cambiar la ruta o ir a un camping y montar nuestra tienda”, relata Rubén.
Así han podido dormir junto a un anfiteatro romano en Extremadura, en un idílico pueblo de la Provenza donde solo había un hotel (y de 5 estrellas), en una pista forestal flanqueados por ovejas, o en recónditas playas. Levantarse y correr por la arena en pijama es uno de esos regalos que les brinda su modelo de vacaciones. Eso sí, como destaca Rubén,  “para nosotros, lo más importante no es el destino, sino la experiencia de viajar juntos, y disfrutar con las personas que queremos”.