Vida Ascendente: la revolución evangelizadora de los mayores

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Jaime y Amada cuentan cómo les ayuda el grupo de Vida Ascendente para su fe y para su vocación matrimonial

30.000 personas en España viven una espiritualidad basada en compartir el Evangelio con sencillez. Las comunidades de Vida Ascendente son “como las de los primeros cristianos”: ayudan a hacer amigos y a transmitir la fe en la familia y en el entorno.

Por Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo

“VIDA ASCENDENTE es una caricia de Dios”, dice Álvaro Medina, presidente nacional de este movimiento integrado por personas mayores que en España está extendido por parroquias de todo el territorio.
“La Iglesia está llena de personas mayores, y son muy activas”, explica Medina. Se los puede ver en las parroquias, en la catequesis, en las cáritas parroquiales, en el mantenimiento de los templos, en las actividades de voluntariado… “Pero de ellos, ¿quién se ocupa?”, dice. “Los mayores somos como pequeñas lucecitas que hay en la Iglesia, pero a las que nadie suele prestar atención”. Por este motivo, un grupo de jubilados inició a mediados del siglo xx en Francia unas reuniones muy sencillas en parroquias que dieron lugar a este movimiento, hoy presente en los cinco continentes.
Amistad, espiritualidad y apostolado
“Nos reunimos cada semana para leer las lecturas de la Misa del domingo y las comentamos. Y acabamos con unas oraciones”, cuenta el presidente de Vida Ascendente en España. Esa fórmula es suficiente para crear pequeñas comunidades, “como las de los primeros cristianos, que veinte siglos después llevamos a nuestra vida las enseñanzas del Maestro”.

 Lo que se experimenta en Vida Ascendente «te empuja al apostolado, porque uno no se puede callar lo que lleva dentro” (Álvaro Medina)

El lema del movimiento es  “Amistad, espiritualidad y apostolado”, porque esta sencilla vida comunitaria “nos anima a compartir una fe común que nos lleva a hacer buenos amigos. Y eso inevitablemente te empuja al apostolado, porque uno no se puede callar lo que lleva dentro”, explica Medina. De hecho, sus patronos son Simeón y Ana, los ancianos del Evangelio que reconocen la llegada de Jesús y dan testimonio de Él ante todos.
En Vida Ascendente hay de todo: muchas mujeres, algunas de ellas viudas, grupos solo de hombres y también muchos matrimonios.
Desprendimiento
Uno de estos últimos es el de Jaime y Amada, casados hace 45 años y que descubrieron el movimiento hace tres. “Yo fui profesor toda mi vida, pero aquí me he convertido en un alumno”, cuenta Jaime.  “Recibo lecciones de todo lo que dicen. Me gusta escuchar y tomar ejemplo, porque la gente sencilla tiene mucha sabiduría. Es algo especial: los mayores se han desprendido de lo material y tienen una vida espiritual muy depurada y contemplativa, que no se detiene en lo más terrenal”. Y como ejemplo menciona una residencia de mayores donde tocó la lotería y lo que hicieron fue comprarse un móvil para estar al día con su familia:  “Todo lo que les sobró se lo dieron a los nietos, porque ellos no necesitaban más”.

“Los mayores se han desprendido de todo lo material y tienen una vida espiritual muy depurada y contemplativa” (Jaime y Amada)

Como matrimonio, les ha ayudado mucho “porque compartimos un proyecto común y estamos muy unidos”. Una unión que se extiende a los demás miembros del grupo, donde  “no hay cotilleo y sí confidencias. Compartimos nuestras vivencias. Y jamás oyes hablar de achaques, solo se habla del Evangelio aplicado a nuestra vida”.
Avivar la esperanza
«Algunos nos conocíamos de vernos en el barrio toda la vida, pero aquí nos preocupamos unos de otros» dice Amaia
Marisol, una mujer viuda de Madrid, conoció Vida Ascendente hace nueve años y acude a un grupo en su parroquia y a otro en una residencia. “Intentamos que las reuniones sean muy participativas. El Evangelio es nuestra herramienta, y rezamos juntos por las intenciones de cada uno. Se ha creado una verdadera comunidad. Algunos nos conocíamos de vernos en el barrio toda la vida, pero aquí nos preocupamos unos de otros. En nuestros grupos hay un tono de esperanza muy contagioso», cuenta Marisol.
Y añade una anécdota que ejemplifica muy bien lo que supone Vida Ascendente para quienes acuden a sus reuniones: «Hace poco una señora nos contó que su médico le recomendó ir a Vida Ascendente, y no es de extrañar, porque venir aquí nos ilusiona; nos mueve a arreglarnos, a salir a la calle y encontrar a otras personas. Se trata de estar a gusto y sentirnos bien. Yo, en cuanto veo a alguien de cierta edad en mi parroquia, me acercó a invitarles”.
Y añade: “Incluso hay gente que viene cada varios meses a ver a sus hijos y cuando están por aquí vienen al grupo.  Todos dicen que nuestras reuniones les ayudan a vivir mejor la Misa del domingo”.

“A una señora su médico le recomendó ir a Vida Ascendente: el grupo te mueve a arreglarte, a salir a la calle…” (Amaia)

Transmitir la experiencia
El presidente de Vida Ascendente en España lamenta que “a veces se percibe al mayor como alguien que se ha quedado atrás, que no tiene salud, ni brillo, ni éxito… Pero no es verdad. ¡Vamos por delante! Estamos más experimentados. Sabemos que venimos de Dios y vamos hacia Dios, y por eso estamos más cerca de la meta”. Y entretanto, los mayores no se quedan cruzados de brazos. Tienen clara la misión de evangelizar su entorno y de “transmitir lo que el Señor nos ha regalado. ¿Quiénes son los apóstoles más activos hoy en las familias? ¿Quién transmite la fe a los niños? ¡Los abuelos!”, exclama Medina. Esta experiencia da lugar a una espiritualidad “muy fuerte y sólida”, porque “somos más conscientes de lo que nos ha ido regalando el Señor, y cada vez experimentamos más su presencia. Haber tenido una vida larga es un regalo, y no solo para nosotros, sino para todos los que venís detrás. Podéis ver en nosotros que la vida es un itinerario que avanza hacia el Señor. Y nosotros somos como unas pequeñas lucecitas que os pueden ayudar a encontrar el camino”.

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