Virtudes, los auténticos superpoderes

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¿Por qué es necesario educar a los niños en la virtud? ¿Cómo influyen en su formación afectiva y sexual? ¿Qué relación existe entre el amor y la virtud? Es hora de reivindicar el auténtico significado de la persona virtuosa, empezando desde niños.

Por Mar Velasco

Educar el afecto y la sexualidad en la infancia tiene más de tarea cotidiana que de charla magistral. Ya apuntaba santo Tomás que las potencias del alma deben de ser perfeccionadas por los hábitos, “y al hábito bueno se le da el nombre de virtud”.
Eduardo Navarro, director en Madrid del Instituto Desarrollo y Persona de la Universidad Francisco de Vitoria, explica que “educar en virtudes es educar el corazón, el núcleo íntimo de la persona”. Más que una costumbre, “la virtud es un modo de ser, una segunda naturaleza, una disposición habitual y firme para elegir el bien, e implica a la voluntad, la inteligencia y la afectividad”. Por eso está íntimamente ligada a la educación de la sexualidad y de los afectos.
 
Quiero ser un héroe
La cuestión es cómo educar en la virtud de tal forma que los más pequeños lo entiendan y se comprometan.Navarro, implicado en el proyecto Aprendamos a Amar de Educación Afectiva y Sexual puesto en marcha por Desarrollo y Persona, ofrece una perspectiva muy cercana al imaginario infantil: la figura del superhéroe.  “El héroe es alguien normal, pero capaz de realizar acciones excelentes, por amor, en la vida cotidiana. Más allá de sus poderes, las verdaderas armas del héroe son las virtudes: prudencia, justicia, fortaleza y templanza. ¡Todos llevamos un héroe dentro!”, explican los materiales de Aprendamos a Amar para padres y educadores.
Introducir las virtudes en la educación afectiva y sexual en la infancia cambia todo su enfoque, pues el fin no es ya responder con información técnica a las preguntas de los niños, ni solo prepararles para la adolescencia, sino ayudarles a ser personas completas capaces de amar.
La edad más propicia para empezar a educar de forma explícita en la virtud comienza en torno a los seis años, justo cuando los niños pueden encontrar referentes en su entorno y en el mundo de la ficción: “El motivo del auge actual del cine de superhéroes es que nos descubre modelos que encarnan los valores humanos más nobles”, señala Navarro. Así, los niños también pueden desear ser superhéroes que se entregan con generosidad, controlan sus impulsos, quieren el bien del otro y le ayuda a conseguirlo, etc.
 
Héroes sin telarañas
“También hay héroes que no tienen superpoderes –como Frodo, de El Señor de los Anillos, o el ratón Gerónimo Stilton–, que, quizá, son por los que pueden sentir predilección al ser más parecidos a nosotros, y estar en apariencia menos dotados para su misión”, explica Navarro. No hace falta lanzar telarañas: basta una persona frágil, pero con un corazón virtuoso, para ser un héroe.
De hecho, también “los héroes necesitan aprender a ser virtuosos y descubrir que su identidad y felicidad pasa por poner al servicio de los demás los dones que han recibido”, apunta.
Y a falta de hazañas para salvar el mundo, tareas cotidianas como esperar a que todos estén servidos antes de empezar a comer, vestirse con corrección para ir a una celebración familiar (aunque prefieran ir en deportivas), pedir perdón y perdonar tras una pelea con los hermanos, o estudiar con más ahínco el examen que habían suspendido, son pequeñas grandes conquistas que les dispondrán a la templanza, la prudencia, la justicia y la fortaleza cruciales para vivir con equilibrio y felicidad su mundo afectivo y su sexualidad futura.
 
Modelos cercanos
Igual que el héroe triunfa porque ha tenido modelos y maestros, y está acompañado de amigos, los referentes en el ámbito familiar son fundamentales para educar en la virtud.  “La familia genera virtudes porque en ella a cada uno se le valora y ama por lo que es, y porque cuenta con dos elementos que fomentan las virtudes: la autoridad y la tradición. La autoridad auténtica hace crecer y potencia la libertad con normas que no sofocan el deseo, sino que le dan un cauce adecuado. Y las tradiciones, que llevan a sus miembros a disfrutar de la compañía de cada uno y a abrirse a personas de fuera. Porque lo que no podemos hacer solos, podemos hacerlo por los los amigos, que serían como la familia que elegimos en la vida”, concluye Navarro.
El ABC de las virtudes
  • SI CRECE UNA, CRECEN TODAS. “Las virtudes son dinámicas y están interconectadas –explica el profesor Eduardo Navarro–. Cuando crece una, crecen todas. Y son un camino gradual en el que cuanto antes se empiece, mejor”.
  • SU MOTOR ES EL AMOR. “La fuerza que unifica las virtudes es el amor. Por eso las virtudes tienen en la afectividad su inicio y su motor. La educación afectivo sexual participa de ese gran fin, aprender a amar, que consiste en la formación del corazón de una persona madura”.
  • SE ADQUIEREN DURANTE TODA LA VIDA. “Educar en virtudes pasa por educar la afectividad en un proceso gradual. Cada edad tiene su propio grado de madurez. Los primeros años de vida son una magnífica oportunidad para presentar los grandes valores, al tiempo que con paciencia se acompaña en la adquisición de las virtudes. La adolescencia es un tiempo idóneo para que las virtudes se asienten, aunque luego la formación es permanente. Es un proceso que dura toda la vida.

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