Voluntariado en hospitales: que ningún enfermo esté solo

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Manos entrelazadas_Revista Misión

Muchas personas en España están solas. No tienen con quien compartir las alegrías ni las penas. La ong Desarrollo y Asistencia trabaja para que aquellas personas que pasan solas por un momento tan difícil como una enfermedad o un ingreso hospitalario cuenten con compañía y apoyo.

Por Marta Peñalver

“Dios nos ha dado dos orejas y una boca para escuchar el doble de lo que hablamos”. Es la primera premisa que los voluntarios en hospitales de la ong Desarrollo y Asistencia deben tener en cuenta, explica Luis Villalba, responsable del Voluntariado en Hospitales de la ong. “Por eso nuestra labor principal es ofrecer la compañía de la que carecen estos enfermos y sentarnos a escuchar aquello que quieran contarnos”, explica Villalba. Y añade que “en los hospitales hay gente que está muy sola y no es un momento precisamente agradable como para pasarlo sin compañía”.
El estado de ánimo influye mucho a la hora de enfrentar una enfermedad, por eso reconoce que “hemos visto verdaderas mejorías en pacientes a los que hemos acompañado durante su estancia en el hospital”. Generalmente, los pacientes llegan al hospital con niveles de estrés y ansiedad muy elevados, sobre todo si llegan solos. Pero “estos se reducen después de hablar con una persona y sentir el calor de su compañía”, explica Luis. Por su experiencia, sabe que tener compañía “es de las cosas más recuperadoras que existen”, y añade que para los voluntarios es también una experiencia muy enriquecedora ya que “te sientes útil y valioso para mucha gente. En teoría vas a dar, pero en cada visita a un enfermo sin duda recibes mucho más de lo que diste”.
Según el Instituto Nacional de Estadística, más de cuatro millones y medio de personas (4.732.400) vivían solas en España en 2018. Y muchas de ellas pasan todo tipo de penurias sin la compañía de familiares o amigos. Para paliar su situación trabaja esta ong (nacida en 1995), que gracias a sus 2.000 voluntarios atiende a enfermos en 14 hospitales, en su mayoría en Madrid, y cuenta con voluntariados para personas sin hogar, discapacitados y otros grupos en situación de necesidad o exclusión.

“En teoría vas a dar, pero sin duda recibes mucho más de lo que diste”

Dentro del voluntariado en hospitales se realizan diversas labores de acompañamiento: en urgencias; en planta cuando el paciente está ingresado –incluso en fase terminal, como en el hospital madrileño Virgen de la Poveda–; con guías cuando la persona acude al centro y no sabe dónde es su cita o dónde tiene que realizar algún trámite; a personas con discapacidad y a personas que tras recibir el alta deben volver al hospital para revisiones. Todo, siempre con el conocimiento del personal del centro, que es normalmente quien pone en contacto a los enfermos con los voluntarios, “aunque también vamos por los pasillos ofreciendo compañía a las personas que vemos solas o perdidas”.
Un cambio radical
Manuel Pulgar es voluntario de la ong en la Fundación Jiménez Díaz desde hace cinco años. Está jubilado y afirma que “la satisfacción por ayudar a los demás es muy grande”. Y explica sin dudar que el voluntariado es una experiencia única y muy recomendable, que hace sentir valioso tanto al enfermo como al voluntario: “Hace unos años conocí a un hombre que estaba desesperado, a punto de rendirse y acabar con todo. Le habían diagnosticado vih, su mujer lo había echado de casa y estaba en la calle. Su hija de 14 años ahorraba todo lo que tenía para él, y eso era lo único que le impedía acabar con su vida. Lo conocí en uno de sus ingresos en el hospital y desde el principio sentí simpatía hacia él. Entablamos una relación de amistad y le ayudé a encontrar un trabajo y a ordenar su vida. Es muy emocionante ver cómo lo poco que das puede transformar tanto a una persona”, concluye.
Tú también puedes ser voluntario
Cualquier persona mayor de 16 años, con consentimiento paterno en caso de los menores de edad, puede ser voluntario en esta ong. Eso sí, “todos los voluntarios reciben una formación general y otra específica del voluntariado que escoja cada uno”, afirma Luis Villalba. “Además, durante las primeras semanas se va siempre acompañado por un voluntario sénior que orienta y valora si la persona está preparada para realizar esa labor”, añade. Los voluntarios se organizan en turnos de dos horas semanales: “una persona se puede apuntar a cubrir uno o más turnos” y como normas principales “no pueden hablar de política, fútbol, religión o cualquier otro tema susceptible de incomodar al paciente a menos que este saque el tema de conversación”. Tampoco deben hacer preguntas personales, por lo que los voluntarios, en principio, solo conocen el nombre del enfermo. Además, no pueden “interferir en la labor de los profesionales del hospital, y no podemos dar ni un vaso de agua sin preguntar a los sanitarios”. Todo, para velar por el bien del paciente. Más información en: www.desarrolloyasistencia.org 915 54 58 57

 

Puedes encontrar este artículo en el número 54 de la revista Misión

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