Uno de los buques insignia de Misión son los reportajes de “A Fondo”, que siempre llegan a los lectores resumidos en forma de una “misión” para transformar el mundo y que hacen que nos llamemos Misión. Número tras número, analizamos un aspecto de la realidad que sea interesante y actual, pero que también tenga algo de imperecedero, visto desde múltiples ángulos. No agotamos el tema de portada en un único reportaje, sino que buscamos componer un mosaico de artículos que permitan analizar, con profundidad y de forma ágil, asuntos tan espinosos como la vida matrimonial, la sexualidad, la lucha contra la pobreza, la educación de los hijos, la conciliación laboral, la ideología de género o la persecución religiosa. A continuación, encontrarás un repaso de los temas que hemos tratado hasta ahora. ¡Esperamos que disfrutes este viaje en el tiempo!

Varón y mujer: Diseñados para complementarse

La virilidad y la feminidad atraviesan una crisis realmente histórica, fruto de los cambios culturales y sociales de los últimos 50 años, y como consecuencia de la influencia de la ideología de género, que promulga que cada individuo puede reinventar el sexo a su antojo y propugna por enfrentar al hombre y a la mujer en la lucha por una falsa igualdad. Así, la desfasada y terrible lucha de clases se presenta hoy como una lucha de sexos, no menos dolorosa y mortal.

En Misión hemos explicado que masculinidad y feminidad no se oponen, sino que se complementan, y que hombre y mujer se necesitan para construir la civilización.

A lo largo de 10 años hemos dado voz a los mejores expertos para que él redescubra su virilidad y ella, su feminidad. Una de estas voces autorizadas ha sido la de Blanca Castilla de Cortázar, filósofa y doctora en Teología, que lo ha explicado
muy bien para Misión en diversas ocasiones: “El varón sin la mujer no sabría dónde ir, estaría perdido. Sin el varón, la mujer no tiene a quién acoger, sería como una casa vacía”. Y hay más: “La diferencia entre ellos es relacional, como la mano derecha respecto a la izquierda. Ser varón y ser mujer es estar uno frente al otro, de tal manera que esa diferencia permite, como a las manos, anudarse en un abrazo”.

Preparación al matrimonio y noviazgo: El amor, una asignatura pendiente

Vivir el noviazgo poniendo a Cristo en el centro no está pasado de moda, ni consiste solo en no acostarse. Hay personas normales que llevan un noviazgo en castidad y que se fían de la propuesta de la Iglesia, pues no quieren pactar con sucedáneos del amor. Aspiran a sentar así las bases para un matrimonio sólido, feliz y, por qué no, santo.

En Misión hemos dedicado varias ediciones a desvelar en qué consiste esta propuesta para los solteros que se preparan para el noviazgo, al igual que para aquellos que están viviendo un noviazgo o ya tienen fecha de boda. A todos les hemos contado que “el amor no sale solo, tienes que prepararte”, en palabras del psicólogo Jaime Serrada, y que esa preparación comienza desde la familia de origen (preparación remota), se vive más intensamente en el noviazgo (preparación próxima) y, de modo decisivo, en el cursillo de novios (preparación inmediata). La apuesta, al final, es para que todos aprueben en materia de amor matrimonial.

Matrimonio y familia: Para siempre es para siempre

Un país en el cual el matrimonio se ha convertido en un contrato que puede ser disuelto de forma unilateral tres meses después de la boda; que considera a los hijos como una pérdida de libertad; o en el que son de uso común expresiones como “no existe el amor para toda la vida” o “si se apaga la llama, rehaz tu vida”, no parece el mejor auditorio para la propuesta de la Iglesia sobre matrimonio y familia. Pero ¿de verdad alguien puede creer que una pareja se casa para construir su vida sobre toda esas afirmaciones superfluas?

En Misión sabemos que el corazón del hombre y de la mujer están diseñados para la entrega fiel, generosa, fecunda y apasionada. Y en nuestros reportajes tratamos de responder y guiar a esa intuición del alma. Sabemos que el amor para siempre existe, a condición de que estemos dispuestos a cuidarlo, y que abundan los ejemplos de ello que otros se empeñan en ocultar. Sabemos que ante los problemas, la solución pasa por prevenirlos y arreglarlos, no por tirar la toalla o mirar para otro lado. Sabemos, en fin, que la vida del matrimonio y la familia es un pozo inagotable de felicidad, aunque no esté exento de dificultades. La santidad tiene múltiples caminos, y la vida de familia es uno de los más entretenidos.

Adolescentes y jóvenes: una nueva generación sin complejos

Cada generación tiene la tarea de volver a construir el mundo, y los adolescentes y jóvenes de hoy tendrán que hacerlo en pocos años. Por eso, si no ayudamos a nuestros hijos mayores a plantearse correctamente su vida, otros querrán modelarlos a su imagen (y tal vez lo logren).

Los jóvenes se enfrentan a los vaivenes propios de su etapa vital: cambios hormonales, relaciones sociales, afectividad, proyectos de futuro… De ahí que en Misión hayamos levantado la bandera del sentido común y de la antropología adecuada en nuestros reportajes.

Sin embargo, reconocemos que hoy en día la juventud ha de enfrentarse a circunstancias concretas en una época convulsa, marcada por el imperio de la tecnología, el ocio hedonista, la emotividad irreflexiva y una apatía desesperanzada. ¿Cómo vamos a dejarlos solos? Igual que decíamos allá por 2011, repetimos hoy que estamos seguros de que es posible “una nueva generación de jóvenes auténticos, alegres, con creencias firmes y sin complejos”.

Educación: Nuestros hijos se lo merecen

No quisiéramos que fuese así, pero hoy las aulas son, en demasiadas ocasiones, un escenario muy poco educativo.

En ellas libran su batalla quienes pretenden adoctrinar a los niños para configurar un futuro a la medida de sus desvaríos ideológicos; en ellas hay también “hijos del estrés”, que sufren la falta de tiempo –o la desatención– de sus padres; y en ellas pervive aún un sistema que prescinde de la pasión por aprender y de nuestra innata capacidad de asombro, mientras ensalza la mediocridad y sepulta bajo la corrección política el tesoro de ver la vida desde la bondad, la verdad y la belleza.

En Misión sabemos que nuestros hijos no se merecen un escenario así y por eso buscamos, en todos los números, las formas de romper esa inercia.

Creemos, proponemos y trabajamos para que familias y maestros tomen conciencia de su responsabilidad, su derecho y su deber de salvaguardar la inocencia de los niños, de educarles conforme a la moral de sus padres, de mostrarles la belleza del mundo, de desarrollar sus talentos respetando sus ritmos… Y, sobre todo, que puedan disfrutar al hacerlo.

La educación es, para Misión, una misión irrenunciable.

Retos sociales: Valientes en un mundo complejo

Occidente, y por tanto España, se enfrenta a una subversión de los valores sociales que no encuentra precedentes en la Historia. Los frutos están a la vista de todos y suponen un reto para los ciudadanos valientes: una economía que, incluso en medio de la crisis, pone en el centro los beneficios, no a las personas; la esclavitud cobra un nuevo rostro con la cosificación del ser humano; la fe se contamina con los engaños de la Nueva Era; la desigualdad es lacerante; las pensiones no están garantizadas por falta de relevo generacional…

En Misión hemos denunciado y abordado estas situaciones porque sabemos que los católicos no podemos eludir nuestra responsabilidad en la sociedad. Hay una respuesta cristiana ante los complejos retos sociales, y nosotros no queremos acallarla. Queremos servirle de altavoz.

Cultura de la vida: Toda vida merece ser vivida

Misión defiende la vida, desde la concepción hasta la muerte natural. Hemos dedicado incontables reportajes a explicar por qué cada vida humana es bella y es grande (por diminuta e invisible que sea en el vientre materno) y que, por lo tanto, merece ser vivida; y tres temas de portada para proponer misiones para que ninguna vida humana se trunque: “Elegir la cultura de la vida” (n.º 4), “Dejar vivir a un hijo discapacitado o enfermo” (n.º 21) y “Cuidar la vida hasta su fin natural” (n.º 49). Por más que se promulguen leyes a favor del aborto o de la eutanasia, o leyes como la de investigación biomédica que permite entre otras cosas utilizar ovocitos, espermatozoides, preembriones, embriones y fetos humanos o sus células con fines de investigación biomédica.

En Misión hemos dicho y seguiremos repitiendo: no a la manipulación genética, no al aborto, no a los hijos “a la carta”, no a la eutanasia ni a suicidio asistido… Sí a los cuidados paliativos, sí a acoger a cada hijo aunque esté enfermo o discapacitado, y sí a acoger la vida siempre única e irrepetible, con todo lo que tiene de sorpresa y de desconcierto, pero ante todo de don.

Sello cristiano en la sociedad: También nosotros podemos influir

Misión nació con el deseo de ofrecer a las familias católicas las herramientas necesarias para vivir su día a día “en cristiano”. De ahí que en estos 10 años hayamos escrito acerca de las claves para vivir la misericordia, la justicia, la solidaridad…

En muchos ámbitos de nuestra vida personal y social tenemos la oportunidad de sembrar la paz y el bien, es decir, de dejar nuestro sello cristiano. Y no hemos ahorrado páginas ni temas de portada para proponer una evangelización directa e indirecta, con obras y palabras.

Si el entorno nos influye, también nosotros podemos influir en nuestro entorno.

Libertad religiosa: Junto a nuestros hermanos mártires

Millones de cristianos son perseguidos a causa de su fe en Cristo. Y no vamos a dejarlos solos en su martirio, ni en el olvido. Además, esta discriminación, que en sus formas más violentas puede resultarnos lejana, está cada vez más cerca, con la amenaza de un martirio incruento que nos anima a “proteger la expresión pública de nuestra fe”, como decíamos en el número 15. Porque la fe es un bien para la sociedad, y el
testimonio de los perseguidos es un bien espiritual para la Iglesia, hemos recogido testimonios, entrevistas y reportajes que muestran por qué sin Dios y sin libertad religiosa una sociedad no puede prosperar.

Esperanza ante el dolor: El sufrimiento tiene sentido.

La pérdida de un ser querido, la enfermedad de un hijo, las heridas en el alma por ofensas que no hemos logrado perdonar, e incluso nuestra propia muerte forman parte de ese catálogo de cuestiones que todos, de un modo u otros, hemos de encarar en algún momento de la vida y que por eso nos preocupan.

Ante las múltiples formas de dolor, la invitación de Misión es siempre una llamada a consolar al que pasa por dificultades, y a buscaren la fe y en el amor a los deja´s el antídoto que nos ayude a tener esperanza. Tan cierto como contracultura resulta afirmar que el sufrimiento tiene un sentido y puede dar frutos. La clave esta´en tratar de vivirlo con amor, y unido al sufrimiento redentor de Cristo.

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