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Dios en vacaciones

10 claves para mantenerte unido a Dios en vacaciones

El verano es momento de descanso y desconexión, pero es importante que durante estos meses nuestra vida de fe permanezca fuerte, e incluso crezca. Te traemos 10 acciones para estar cerca de Dios en este tiempo de disfrute.

Por Marta Peñalver

Artículo publicado en la edición número 72 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

  1. Huye de la pereza. El descanso no sólo es bueno, sino necesario para renovarse física, mental y espiritualmente, y así poder volver a nuestros quehaceres habituales con las pilas cargadas. Pero el descanso mal entendido puede hacernos caer en algo de sobra conocido por todos: la pereza. San Juan Bosco habló en varias ocasiones sobre ella: “Nuestro mayor enemigo es la pereza; combatámosla sin descanso”, “no dejes para mañana el bien que puedas hacer hoy” o “la pereza es la madre de todos los vicios” son algunas de las frases que se le atribuyen. De hecho, la pereza es un pecado capital, porque muchos pecados derivan de ella.


  2. Busca la Misa allá donde estés. Por lo general las vacaciones se planean con tiempo. En esa planificación considera siempre el poder asistir a la Santa Misa. El santo cura de Ars, san Juan María Vianney, decía:  “Si supiéramos el valor del santo sacrificio de la Misa, qué esfuerzo tan grande haríamos por asistir a ella” .  Y san Anselmo alertaba: “Una sola Santa Misa ofrecida y oída en vida con devoción, por el bien propio, puede valer más que mil Misas celebradas por la misma intención, después de la muerte”. Mantén siempre la mirada en el Cielo. Dios llama cuando quiere, aunque estemos de vacaciones.


  3. Preséntate en la parroquia de tu zona y haz lo mismo que harías en la tuya.Acude a los sacramentos y ofrécete al párroco para lo que pueda necesitar, incluso para echar una mano en alguna pastoral. Recientemente, el obispo de Orihuela-Alicante, José Ignacio Munilla, comentaba la suerte que tenemos en países como España y especialmente en ciudades grandes donde vemos las iglesias llenas. Sin embargo, existen zonas que viven realidades muy distintas: varios pueblos que comparten un solo sacerdote o lugares donde no es posible celebrar Misa todos los domingos… En verano, allá donde estemos, somos feligreses de la parroquia que nos acoge durante las vacaciones. Una iglesia que quizá no llena más que los primeros bancos durante el invierno, o que lleva meses sin ver entrar a un niño por su puerta.


  4. Sigue rezando tus oraciones habituales, con un horario más relajado, pero sin abandonarlas.Durante las vacaciones seguimos un horario más flexible. Nos levantamos y desayunamos más tarde y con más calma. Salimos a pasear, o nos quedamos en casa, vamos a la playa, o a la montaña… Comemos tarde o, ya que el aperitivo ha sido más copioso de lo habitual, dejamos pasar la hora del almuerzo… y así con casi todo. Pero con la oración no debe ser así. Es tiempo de hacerlo más sosegadamente y sin mirar el reloj, pero no podemos permitir que de nuestro día a día desaparezcan nuestras oraciones diarias.


  5. No pases el estrés del día a día a las vacaciones. El papa Francisco dijo sobre este tema que  “no se trata sólo de descanso físico, sino también de descanso del corazón. Porque no basta con desconectar, es necesario descansar de verdad.  Y para hacerlo, es preciso regresar al corazón de las cosas: detenerse, estar en silencio, rezar, para no pasar de las prisas del trabajo a las de las vacaciones”.


  6. Aprovecha para visitar algún lugar santo.Siempre que se pueda es bueno aprovechar el viaje para visitar los lugares santos cercanos a tu lugar de vacaciones: iglesias y santuarios, monasterios, reliquias, milagros eucarísticos, casas de santos… O incluso conseguir que las vacaciones giren en torno a uno de esos lugares: hacer el Camino de Santiago, el Lebaniego o el de la Cruz de Caravaca (que además este año se puede ganar el jubileo); hacer alguna ruta como la Teresiana o la Mariana (Meritxell, Montserrat, El Pilar, Torreciudad y Lourdes); alojarse en algún monasterio como puede ser Santa María de la Oliva (Navarra) o  de Poblet (Tarragona), y aprovechar para investigar la historia de cada lugar y comentarla en familia.


  7. Admira la naturaleza como obra de Dios. Da igual el destino, Dios está presente en cada rincón del planeta por la certeza de que la naturaleza es obra suya. Desde el paraje más alejado hasta el pequeño árbol que asoma en medio de una gran ciudad. Son muchos los versículos de la Biblia que se refieren a Dios como creador:  “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Gn 1,1), “Los cielos cuentan la gloria de Dios, la obra de sus manos anuncia el firmamento” (Sal 19,1). Contemplar la belleza de la creación es la mejor manera de crecer en nuestra capacidad de asombro.


  8. No bajes el listón que rige tus actos durante el resto del año.El verano es momento de relajarse y ser más flexible en ciertos aspectos, pero es necesario mantener los límites y seguir creciendo en virtud. La pureza debe regir también en verano las relaciones sociales. En este sentido, es importante cuidar la vestimenta y la mirada, ya que la tentación en este tiempo suele ser mayor. Además, es bueno mantener la moderación en la comida y, especialmente, en la bebida. San Pedro Julián Eymard decía:  “Tenemos que ser puros. No hablo solamente de la pureza de los sentidos. Debemos observar gran pureza en nuestra voluntad, en nuestras intenciones, en todas nuestras acciones”.


  9. Dedica tiempo a los demás. Durante las vacaciones dedica un tiempo a ayudar a los demás, en la medida de tus posibilidades. Quizá en tu lugar de vacaciones hay un párroco que apenas tiene ayuda en verano o si te quedas en tu ciudad, podrías ayudar en un comedor social. Hacerlo en familia es una experiencia única y, además, estaréis inculcando a vuestros hijos una semilla que permanecerá siempre. Existen muchos voluntariados católicos como Juventud y Familia Misionera, del Regnum Christi, que organiza cada verano misiones siguiendo el mandato de Jesús: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio” (Mc 16, 15).


  10. Cultiva aficiones que no choquen con tu vida de fe o incluso que la alimenten, como leer libros espirituales, escuchar música sacra, asistir a alguna formación o leer el último número de Misión. En este sentido san Juan Pablo ii recomendó en una ocasión que “sea provechoso el descanso veraniego para crecer espiritualmente”. Y a lo mejor puedes dedicar unos días a alguna iniciativa que combine actividades de ocio junto a otras familias católicas, con tiempo de oración y formación, como las que recomendamos en la edición 68 de Misión (p. 62). 

Artículo publicado en la edición número 72 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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