«Nos encanta que vengan los niños a Misa»
Domingo por la mañana en cualquier lugar del mundo. En medio de la Misa, en el momento de la consagración, el más recogido y solemne de la liturgia, un niño lanza un alarido monumental que eriza el pelo de todos los presentes, hiela la sangre del sacerdote y hace temblar hasta las paredes del templo. Es el momento más temido por los padres y madres que se atreven a acudir a la fiesta dominical acompañados de sus hijos pequeños.
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