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«No podemos aguar el Evangelio a los adolescentes»

El padre Pablo Fernández, SHM, lleva años asistiendo espiritualmente a adolescentes. En ellos ve el hambre de verdad, pero también que necesitan que alguien les hable de Dios sin rodeos.

Por Javier Lozano

“En esta aspiración de ‘algo más’, que es incesante en el alma joven”, decía san Juan Pablo II a los jóvenes de Génova en 1985, “os exhorto a no estancaros en la mediocridad, a no acostumbraros a los deseos mundanos, a no vivir a medias, con aspiraciones disminuidas o, peor aún, atrofiadas”. Y les lanzaba un desafío: “No os dejéis ‘vivir’, sino tomad vuestras vidas en vuestras propias manos y decidid convertirlas en una auténtica y personal obra maestra”.

El padre Pablo Fernández, religioso de los siervos del Hogar de la Madre, recuerda a Misión esta cita del santo polaco al hablar de la necesidad que los jóvenes tienen de conocer a Dios en un mundo relativista y secularizado. Pero los jóvenes reciben muchas veces un mensaje descafeinado, sin la épica del Evangelio, lo que transforma las enseñanzas de la Iglesia en un buenismo que desfigura el cristianismo y que no les ayuda a conocer a Jesús ni a llevar las enseñanzas a su vida.

“Necesitan que les transmitamos el mensaje evangélico completo para que puedan llegar a la plenitud. No les hacemos ningún bien a los adolescentes aguando el Evangelio”, señala. Es más, advierte: “No podemos rebajar este mensaje, primero por fidelidad a lo que el Señor nos ha dado y después por fidelidad a los propios jóvenes que tienen que escucharlo”.

Este sacerdote se ordenó hace menos de un año, pero lleva años volcado en la atención espiritual a los más jóvenes. Lo ha hecho, entre otras cosas, por medio de Catholic Stuff, una original herramienta evangelizadora que, a través de un formato llamativo para la juventud, habla de Dios, sin renunciar a la verdad ni un ápice. Desde su experiencia, “cuando se habla con claridad y se transmite la verdad, los jóvenes ven que lo dices porque quieres su bien, generalmente lo agradecen, porque nadie les suele decir las cosas como son”.


“Los adolescentes esperan que los pongamos en contacto con un Dios personal, con el que pueden entrar en relación”

“Para nosotros vivir bien esta vida no es algo accesorio y para crecer, para madurar, para llegar a la meta la fe es esencial”, recuerda este sacerdote. Los jóvenes necesitan buenos referentes, que existan espacios, convivencias, retiros o peregrinaciones donde tengan este encuentro personal con Cristo y, además, que puedan vivir esta fe con un grupo que los acompañe y conozcan la fuerza del Evangelio.

En busca de sentido

Sólo la fe da sentido a la vida y da respuesta a las grandes preguntas, no así las pantallas o las redes sociales que les impiden a los adolescentes formulárselas. El padre Pablo explica que “si creemos que Dios nos ha creado y le tenemos en nuestras vidas, podremos entender realmente quiénes somos, así como el mundo que nos rodea”. Por eso mismo, afirma que “cuando un joven mete al Señor en su vida, cuando deja que la gracia de Dios vaya trabajando y ve que no es un cuento de hadas, ese adolescente crece y avanza”.

Sin embargo, hay muchos jóvenes que no pueden llegar a este punto porque ni siquiera saben cuál es su meta, ni a dónde van, y ni siquiera quiénes son. Por eso mismo, el padre Pablo ve urgente “acercarles al Señor y a nuestra Madre, ponerles en contacto con un Dios que está vivo, un Dios personal con el que pueden entrar en relación y un Dios que da muchísimo más de lo que podemos imaginar. Nuestra tarea es la de ir descubriéndoselo”. 

Artículo publicado en la edición número 80 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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