Escritor Javier Díaz Vega

Javier Díaz Vega: ”Agradecí el abrazo de la Iglesia tras el suicidio de mi madre”

Su madre se quitó la vida en diciembre de 2009, en su libro Entre el puente y el río recorre su camino de sanación.
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Artículo publicado en la edición número 60 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Por Margarita García

¿Qué hay entre el puente y el río?

El título parte de una historia que cuentan del cura de Ars: una mujer se le acercó desolada porque su marido se había suicidado y creía que se había condenado. Pero el santo le dijo que la Virgen le consiguió el don del arrepentimiento. Entre el puente y el río cabe la misericordia de Dios, no es un vacío. 

Ante el suicidio, lo habitual es el silencio. Desde su experiencia, ¿qué se puede decir en esos momentos?   

En esas primeras horas la cabeza te da muchas vueltas, el demonio… A mí me ayudó recibir una explicación breve de lo que dice la Iglesia sobre el suicidio y agradecí mucho la acogida incondicional de la Iglesia, que te abraza en un momento de oscuridad. No son tanto las palabras, sino la posibilidad de expresar los sentimientos. 

¿El suicidio es un tabú, también dentro de la Iglesia? 

En la medida en que la Iglesia forma parte de la sociedad, sí es un tabú, ya que en la sociedad es un tema que no se trata abiertamente. No obstante, en la Iglesia he tenido mayor posibilidad de abordar este tema y expresarme. 

En la superación del duelo, ¿qué es lo que más le ha ayudado? 

Mi madre tenía una fe muy grande y la certeza de que no había mejor sitio para nosotros que la Iglesia. Y así ha sido. Para mí, familia e Iglesia se superponen: la dirección espiritual, mi mujer… Me sentía en casa, en familia. 

¿Cuánto pesa la culpa en un duelo como este? 

En mi caso ha pesado mucho verme con 22 años sin mi madre. Pero es verdad que la culpa aparece como una sombra que te persigue. Nunca me alcanzó del todo. No me hizo hundirme ni caer en reproches, ni hizo más profundas mis heridas, pero estaba ahí. Es importante trabajar este sentimiento para no caer en culparse a uno mismo o a Dios. 

¿Ha llegado a culpar a Dios? 

Le he preguntado muchas veces:  “¿Dónde estabas?”. Desde muy pronto tuve conciencia de que Dios estaba con ella y se hacía presente en las personas que me acompañaban.También en la oración aparecía la pregunta: ¿Por qué has permitido esto? La respuesta no la tendré hasta el Cielo. 

¿Escribir el libro ha sido terapéutico? 

Sí; aunque me costó escribirlo por recorrer de nuevo este camino que hace 10 años estaba plagado de oscuridades y culpa. Ahora lo veo con una luz nueva y quiero transmitir la esperanza y la misericordia que yo he recibido.

¿Tiene certezas respecto a su madre?

Ya de antes del suicidio, mi padre, mi hermano y yo convivíamos con la depresión de mi madre. Teníamos claro que no era libre, y eso es muy importante para tener un criterio sobre la voluntad de pecado. La voluntad de mi madre estaba muy dañada. Al enfrentar el suicidio, aunque duela, existe cierto consuelo en saber que mi madre no era consciente de lo que hacía. Pero sí era consciente de otras muchas cosas que hacía cada día, estuviese más o menos alegre. Una de ellas era rezar el rosario todos los días; es algo que no puedo olvidar y Dios tampoco lo ha olvidado. Entre el momento del suicidio y su muerte, que no fue instantánea, por su corazón debieron pasar muchas cosas, y por supuesto esta gracia del arrepentimiento y este sincero perdón.

¿Existen buenos planes de prevención del suicidio?

La prevención del suicidio es demasiado invisible. Los expertos dicen que hay medidas que se podrían tomar que no requieren esfuerzo económico, como un teléfono de tres cifras para que una persona que está a punto de quitarse la vida pueda pedir ayuda. Otras cuestiones estarían relacionadas con el apoyo social y la inversión en salud mental. No todos los suicidios están relacionados
con patologías psiquiátricas, hay síntomas no diagnosticados que pueden ejercer presión. 

Se cree que hablar del suicidio en los medios genera el conocido “efecto llamada”. ¿Es cierta esta teoría?

Los datos más recientes, de 2018, hablan de una media de 10 suicidios al día. Existe el pensamiento generalizado de que los casos son aislados y perdura el miedo a tratar el tema en los medios. Esa precaución no debería existir siempre que se hable mal del suicidio, de sus consecuencias negativas. Dicen los estudios que no provoca efecto llamada. En cambio, si se habla de forma romántica, heroica, etc., sí genera atracción.  Hay que hablar del suicidio evitando el sensacionalismo y la banalización, y promoviendo la ayuda. 

¿Qué frutos está dando el libro?

El libro está recorriendo España y ha llegado a Hispanoamérica. Estoy agradecido a Dios de que sane por donde pase. Muchas personas se ven reflejadas no solo en el dolor, también en ese  “vacío”  entre el puente y el río, en ese anhelo de respuestas, y muchas han encontrado la misericordia. A mí, Dios me ayudó a no ocultar el suicidio, pero entiendo que la gente calle e intente vivir la vida. A través de mis heridas, muchas personas se están encontrando con la misericordia, por eso es tan importante la acogida incondicional. 

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