Alberto Bárcena: “Contra el adoctrinamiento: formación, ejemplo y oración, el arma más poderosa que existe”

El adoctrinamiento ha invadido Occidente, pero cada vez son más las voces que apelan al sentido común y alientan a los cristianos a no decaer en la lucha por defender la verdad. Alberto Bárcena, historiador y profesor de la Universidad San Pablo CEU, cuenta a Misión de dónde viene este adoctrinamiento, cómo se ha ido implantando y cómo deben actuar los cristianos ante esta grave amenaza.

Por Marta Peñalver. Fotografía: Dani García

Artículo publicado en la edición número 65 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

¿El adoctrinamiento es algo nuevo o se ha practicado a lo largo de la historia?

Adoctrinar o impartir doctrina es algo que han hecho todas las civilizaciones. La peculiaridad de nuestros días es que lo impartan los grupos de poder para implantar el pensamiento único, o lo que Benedicto XVI denominó la  “dictadura del relativismo”, que proviene de los sistemas totalitarios del siglo XX. Su modelo es el comunismo, pero hay otros sistemas con una narrativa oficial, como el fascismo y el nacionalsocialismo.

¿Cuál es el fin último de este adoctrinamiento sistemático?

Los que diseñan este nuevo orden mundial quieren apartarnos de la verdad, y disminuir la población y hacerla fácil de controlar. Son maltusianos: ven al ser humano como una plaga y eso es lo que los lleva a promover el aborto, la esterilización masiva, la eutanasia, el infanticidio (que se está legalizando en algunos sitios)… Detestan la religión, la familia tradicional, las identidades nacionales… Quieren borrar las señas de identidad para hacer hombres débiles que no pongan pegas a lo que venga del poder, porque un hombre que ha perdido su religión y el lazo con su patria y con sus orígenes es maleable. Está desarmado. Lo que mejor les funciona es  “reeducar”  las tendencias naturales del ser humano para que la persona misma renuncie a sacralizar su unión, a tener hijos… 

“Un hombre que ha perdido su religión y el lazo con su patria es maleable” 

¿Cómo ha calado este “diseño”? 

Esta ideología se ha hecho con todo Occidente. Han ido definiendo lo que llaman nuevos derechos y los disfrazan de democracia y libertad. Es una visión utilitarista del ser humano. A los jóvenes les inculcan que tienen derecho a vivir su sexualidad desvinculada de la apertura a la vida. Esta desacralización irracional de la persona no va solo contra la fe; va contra el ser humano.

¿Hay una mano negra detrás de este adoctrinamiento sistemático?

Este modelo de pensamiento viene dado desde los organismos internacionales que lo han impulsado: las Naciones Unidas y la Unión Europea. Prácticamente todos los países y los partidos políticos lo apoyan, excepto los del Grupo de Visegrado (Eslovaquia, Hungría, Polonia y República Checa), que por eso están en el punto de mira de la UE. También hay grupos de presión que buscan la gobernanza mundial, que presionan fuerte para que España no se convierta en un referente provida ante Europa e Hispanoamérica. Es lo que buscan con la Agenda 2030. Pero ya en los 90 hubo varias cumbres de la ONU, en concreto en Pekín y en El Cairo, que trataron respectivamente sobre la mujer y la población, donde se empezó a hablar de reducir la población y de técnicas para adoctrinar a las masas.  

¿Qué herramientas utilizan?

Lo dijeron en estas cumbres: había que emplear todos los medios de que un gobierno pudiera disponer para expandir esta cultura y cambiar el modelo de familia. Se habló de entrar en la conciencia a través del cine y de las series, para barrer lo que es innato al ser humano. ¿Qué nos presentan los medios? Promiscuidad sexual continua y con absoluta frivolidad… Ha desaparecido el modelo natural de familia; si aparece, se lo muestra como algo extraño. Y los personajes más atractivos de la serie responden al perfil de ideología de género. Esto se lleva diseñando durante años. 

“En España vamos a llegar al ‘virtuosismo’ del adoctrinamiento con la Ley de memoria histórica” 

¿Pueden ser las leyes  una forma de adoctrinamiento?

Por supuesto. Se aprueban nuevos derechos a golpe de ley. Es lo que se llama la ingeniería social. Zapatero fue un maestro: introdujo el matrimonio homosexual, el aborto en menores… La ley establece normas de obligado cumplimiento y, además, tiene un valor didáctico: creemos que lo que es legal está bien. Reconocer el derecho al aborto es establecer que hay ciudadanos que tienen derecho sobre la vida de otros. En Evangelium Vitae Juan Pablo II decía que quienes mayor obligación tienen de cuidar al inocente son el médico y la madre, y hoy son ellos quienes lo matan. Esto no puede verse como una conquista democrática. Es una barbarie y un desprecio a los derechos humanos y a la vida.

Concretamente, en España, ¿cómo se está aplicando este modelo de pensamiento único?

El modelo que tenemos en España es muy estricto, similar al del resto de Europa, aunque aquí vamos a llegar al  “virtuosismo” con la Ley de memoria democrática que establece un discurso oficial de nuestra historia. Y esa historia  “rediseñada”, escrita por quienes quieren ganar la Guerra del 39 tras haberla perdido, es la que se va a impartir en los colegios. Es muy grave que las nuevas generaciones ignoren la verdadera historia de su patria. Además, el que no esté de acuerdo puede ir a la cárcel, perder su cátedra…  Si esto no es un sistema totalitario, ¿qué es? 

Con el agravante de que no tenemos quien ponga freno a estas leyes…

Quien no se adhiere hoy a la verdad ya no es fiable desde el punto de vista democrático. Se han impuesto unos dogmas sobre cómo debe ser el perfecto demócrata, y clarísimamente no puede ser un cristiano coherente. Benedicto XVI decía que es el “credo del Anticristo” . Tienes que profesar los atentados contra la vida y la dignidad del ser humano –aborto, matrimonio homosexual, reproducción in vitro– para no resultar  “excomulgado”. Además de plegarse a la autodeterminación de la persona: el rechazo a la biología y al mismo Dios, para “ser como dioses”.  Y a quien no se adhiera a esta doctrina se le castiga. La religión es un asunto para la práctica privada. Esta es una censura inadmisible, pero muchos se la autoimponen.

“Asumir los postulados de la ideología de género es pecado de escándalo” 

¿Cómo hemos llegado a este punto?

Todo empieza en cuanto Dios sale de la ecuación. Han disociado los dos rasgos de la unión del hombre y la mujer: el unitivo y el reproductivo. Esto también está calando entre los católicos. Hay un total desprecio a la apertura a la vida: “El hijo sí, pero cuando yo quiera”. La visión que tenemos de la donación, del darse al otro sin reservas, ha desaparecido. 

¿Podemos revertir la situación?

Me sostiene saber que el Señor ha vencido al mundo. Esa victoria no la pueden eliminar ni los servidores de Satanás, ni el propio Satanás… Aunque aún veremos mucho sufrimiento, que es lo que trae consigo el mal. Pero el mal es autodestructivo; no puede durar. Ninguna civilización se sostiene después de haber perdido su religión. 

¿Podemos aún ser optimistas? 

Aparentemente, no hay demasiadas razones para el optimismo, pero hay que fijarse bien. El fallo de la Corte Suprema de EE. UU. que declara la inconstitucionalidad del aborto, impensable hasta hace poco, es un ejemplo esperanzador. Ha caído como un mazazo en Occidente. Y esto es gracias a que la mayoría de los jueces que han tomado esta decisión son católicos coherentes. Aunque están intentando anular su fallo, esto es esperanzador.

“Aún veremos mucho sufrimiento, pero el mal es autodestructivo, no puede durar” 

¿Qué debemos hacer los católicos?

Tenemos que sentirnos interpelados y ser testigos de la fe como nunca antes en la historia. Hay que librar el buen combate de la fe que estará presente hasta el fin de los tiempos porque, como decía san Pablo, “no luchamos contra la carne ni contra la sangre, sino contra los espíritus inmundos”. La asunción de los postulados de la ideología de género empieza a ser imparable, incluso entre católicos, pero no nos podemos relajar porque adoptar estos postulados en el seno de la familia es pecado de escándalo. 

¿Cómo alentar a quienes por pereza, cansancio o buenismo se rinden al pensamiento único?

Cada uno puede hacer mucho en la esfera en la que se mueve –familia, trabajo– llamando a la coherencia de vida. Que no nos engañen: los cristianos no nos hemos quedado anticuados. Si eres católico, selo de verdad. Tenemos una gran responsabilidad. Del pecado de omisión nos han de pedir cuentas. ¡Y ay de los tibios!  Para defender la verdad no hay más que coger el catecismo –que aclara todas las dudas– y frecuentar los sacramentos; acercarse a Dios, cumplir su ley y llevar el Evangelio a todos los hombres. El bien supremo de la persona es llegar a unirse con Dios. Hay que rechazar todo lo que nos distraiga de conseguirlo. Luego recibiremos una recompensa inimaginable. El que dé ejemplo de esa coherencia de vida puede conseguir cambios en los otros, incluso su conversión.  

Hay quienes creen que los cristianos hemos sido adoctrinados, ¿cómo rebatimos esa premisa? 

No tenemos el cerebro lavado. Fe y razón no se contraponen. Hoy en día la razón está siendo pisoteada sistemáticamente, tal y como advertía san Juan Pablo II en Fides et Ratio, pero los cristianos tenemos una revelación que Dios le ha dado al hombre, por amor, durante siglos. Es un tesoro. 

Para terminar, ¿puede darnos un mensaje para no desfallecer?

Los animo a vivir sin complejos, a no dejarse arrastrar por este pensamiento único demoledor. Da igual que nos pongan etiquetas. He comprobado que mucho de lo que se defiende en público, en privado se reconoce que aboca al desastre. Los cristianos somos sal de la tierra, luz del mundo. Así que la única fórmula es: formación, ejemplo y, por supuesto, oración, que es el arma más poderosa que existe.  

Artículo publicado en la edición número 65 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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