Andreas Schleicher Director de Educación de la OCDE

Andreas Schleicher: “La clase de Religión enseña las cosas más importantes”

Desde 2012, el matemático alemán Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE, recorre Europa para promover las claves del éxito educativo....

Por José Antonio Méndez

Artículo publicado en la edición número 64 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Desde 2012, el matemático alemán Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE, recorre Europa para promover las claves del éxito educativo. Un éxito imposible de alcanzar sin los valores que afianza la asignatura de Religión, como señaló en el reciente Encuentro Iberoamericano de Profesores de Religión, organizado en Madrid por el Grupo SIENA con el apoyo de Misión.

Entre otras medidas muy contestadas por la comunidad educativa, la nueva ley de educación en España avanza hacia el final de la asignatura de Religión, al dejarla sin alternativa ni valor académico. ¿Qué importancia tiene esta materia en el currículo escolar?

Si la sociedad no construye cimientos debajo de las personas, muchos tratarán de construir muros, sin importar hasta qué punto eso sea autodestructivo. Por eso, uno de los retos más difíciles de la educación moderna es incorporar valores en la educación. Los valores siempre han sido fundamentales para educar, pero tienen que dejar de ser aspiraciones implícitas para ser metas y prácticas educativas explícitas. Solo eso nos permitirá pasar de los “valores de situación”, es decir, “hago lo que la situación me permita hacer”, a valores sostenibles, que generan confianza, lazos sociales y esperanza. Y la enseñanza de la Religión puede ser uno de los caminos para lograr ese objetivo.

Entonces, cultivar la dimensión trascendente en el colegio, ¿aún tiene sentido para formar a las nuevas generaciones?

Tiene sentido, porque para que las personas aprendan y se desarrollen necesitan formarse en algunas competencias clave: en la verdad, que es el ámbito del conocimiento y del aprendizaje; en la belleza, que es el ámbito de la creatividad, de la estética y del diseño; en el bien, que es el reino de la ética; en lo justo y ordenado, que es el terreno de la vida política y cívica; y en lo sostenible, que es el ámbito de la salud física y natural. Y la enseñanza de la Religión centra esos aspectos.

Además de conocer un credo, ¿qué otros conocimientos desarrolla la clase de Religión?

Los más importantes: ayudar a las personas a aprender a vivir consigo mismas y con otras que son diferentes a ellas, y a vivir bien en el planeta.

Los informes PISA de la OCDE buscan detectar las claves de una educación de calidad. ¿Cuáles son?

PISA ha ayudado a mejorar enormemente nuestro conocimiento sobre lo que funciona en la educación. Como director de Educación de la OCDE, lo primero que aprendí es que los líderes de los sistemas educativos de alto rendimiento han convencido a sus ciudadanos de que valoren su futuro. Por ejemplo, los padres y abuelos chinos invertirán hasta sus últimos ahorros en su futuro, es decir, en la educación de sus hijos. En Europa, sin embargo, ya hemos gastado el dinero de nuestros hijos para nuestro propio consumo. Pero valorar la educación es solo una parte de la ecuación.

¿Y el resto?

La creencia profunda de que todo estudiante puede aprender. Algunos países segregan a los alumnos a edades tempranas con la idea de que solo algunos pueden tener éxito. Al contrario, en países como Estonia, Canadá, Finlandia o Japón, los padres y profesores confían en que todos los alumnos pueden alcanzar altos estándares. Al final, alumnos y docentes descubren que estudiantes ordinarios pueden tener talentos extraordinarios.

“La tecnología puede amplificar la buena enseñanza, pero no contrarresta una mala educación”

Sin rebajar la exigencia, ¿no?

Claro. En la educación actual ya no se trata solo de enseñar algo, sino de ayudar a los estudiantes a desarrollar una brújula de la que puedan fiarse, y de darles las herramientas para navegar con confianza en un mundo cada vez más complejo, volátil e incierto, con pensamiento crítico y analítico, y capacidad de anticipación ante el futuro. El éxito en la educación se basa en generar curiosidad (abrir mentes), compasión (abrir corazones) y cultivar el coraje y el esfuerzo. O sea, en movilizar nuestros recursos cognitivos, sociales y emocionales para actuar en el mundo. Esas son nuestras armas contra las amenazas de este tiempo: la ignorancia (mente cerrada), el odio (corazón cerrado) y el miedo (enemigo de la libertad).

¿Hay más ingredientes?

Uno más: que la calidad de un sistema escolar nunca supera la calidad de sus maestros. Los mejores sistemas seleccionan y forman cuidadosamente a sus docentes, y les brindan un entorno para trabajar juntos, enmarcar buenas prácticas, y alentar sus carreras.

Para eso hace falta menos control político de las aulas, menos rivalidad ideológica entre centros, y claustros y equipos directivos mejor formados…

Es que en los mejores sistemas escolares, el énfasis no está en mirar hacia la administración, sino al maestro de al lado o a la escuela más cercana, creando redes escolares sólidas y una cultura de colaboración. Los sistemas escolares con mejor desempeño brindan educación de alta calidad en todo el sistema, para que todos los estudiantes se beneficien de una enseñanza excelente. Y para lograrlo, se atrae a los directores más fuertes a las escuelas más difíciles, y a los maestros más talentosos a las aulas más desafiantes.

¿Y la tecnología?

La cuestión es que el tipo de cosas que son fáciles de enseñar también se han vuelto fáciles de digitalizar y automatizar. Hoy sabemos cómo educar “robots de segunda”, es decir, personas que son buenas para repetir lo que les decimos. Pero en esta era de la inteligencia artificial, debemos pensar sobre lo que nos hace humanos: en las habilidades cognitivas, sociales y emocionales, y en los valores humanos. La tecnología tiene un enorme potencial para que aprender sea más interactivo y personalizado, pero aunque la tecnología puede amplificar la buena enseñanza, nunca contrarrestará una mala educación.

Artículo publicado en la edición número 64 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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