Apariciones marianas: Una visita del Cielo

Algunas apariciones marianas suscitan encendidos debates entre los creyentes. Por eso, Ángel Castaño, profesor de la Universidad Eclesiástica San Dámaso, y José Manuel Díez Quintanilla, presidente de Radio María España, contestan a las preguntas más frecuentes en esta materia, desde si es obligatorio creer en las apariciones marianas aprobadas por la Iglesia hasta qué criterio seguir a la hora de sumarse o no a una peregrinación a Medjugorje, Garabandal o El Escorial.

Por Isabel Molina Estrada

¿Qué es una aparición mariana?

Una aparición mariana es una revelación privada en la cual la Santísima Virgen se presenta ante un creyente, por lo general para darle un mensaje. Y se dice  “por lo general”  pues hay casos como el de Knock en Irlanda (1879), cuando quince personas vieron a la Virgen, pero no recibieron mensajes.

¿Para qué se aparece la Santísima Virgen?

El Catecismo indica que las apariciones marianas no son para “mejorar” o  “completar”  la Revelación definitiva de Cristo, sino para ayudarnos a vivirla más plenamente en “cierta época de la Historia”. A veces, Ella se presenta ante sus hijos para exhortarlos a vivir el Evangelio o para recordarles algo que se ha ido olvidando; hace una llamada a la conversión, a acudir a los sacramentos, a hacer penitencia y oración –sobre todo, insiste en el rezo del Rosario–, o a practicar las obras de piedad y misericordia…

¿Por qué se llama “revelación privada” si muchas veces el mensaje va dirigido a todos sus hijos?

El término “privada” puede llevar a confusión, porque a veces estas comunicaciones sobrenaturales se hacen públicas. Se la llama  “priva­da”  para distinguirla de la  “revelación pública”, que ya ha concluido. Sucedió en la Historia del pueblo de Israel: comenzó con la llamada a Abraham, encontró su plenitud definitiva en Jesucristo y terminó con sus apóstoles, que entregaron a la Iglesia lo que habían recibido del Él.

4 criterios para aproximarse a una aparición mariana

José Manuel Díez Quintanilla recomienda tener en cuenta cuatro criterios básicos a la hora de aproximarse a una supuesta aparición mariana:

1. Una revelación privada nunca puede contradecir a la Biblia. Dios no se contradice.

2. La Iglesia no oficializa los mensajes de una aparición, solamente oficializa el culto.

3. La finalidad de esas visiones es siempre santificar al vidente.

4. En toda aparición hay que analizar la credibilidad del vidente, el contenido del mensaje y los frutos de conversión que produce.

¿Tienen los creyentes obligación de creer tanto en la revelación pública como en la privada?

No, solo la revelación pública es imprescindible para la vida y la salvación del alma. El creyente puede rechazar o negarse a aceptar una revelación privada, incluso si está aprobada por la Iglesia. Es más: una revelación privada nunca podrá llegar a convertirse en revelación obligatoria para la fe.

¿Cómo saber si una aparición mariana es auténtica o no?

La Iglesia pide discernir con cuidado, pues no todo el que dice recibir revelaciones sobrenatura­les las recibe, ni todos los mensajes que se anuncian vienen de Dios; muchos son producto de la imaginación de las personas. Además, la Iglesia no se pronuncia oficialmente sobre cada supuesto mensaje de la Virgen que circula. Por eso, los fieles, guiados por el Magisterio de la Iglesia, han de discernir lo verdadero de lo falso.

¿Qué proceso sigue la Iglesia cuando sí se pronuncia?

La Iglesia sigue un proceso riguro­so de investigación. En primera instancia, el obispo del lugar, si considera que existen los presupuestos necesarios, instituye una comisión teológica que interroga a los supuestos videntes, y evalúa sus testimonios y los eventuales mensajes vinculados a la aparición. Y solo si se acumulan indicios que confirman que  “consta la sobrenaturalidad”  de dicha aparición, emite un juicio positivo para confirmar su autenticidad.

¿Qué significa eso de que “consta la sobrenaturalidad”?

Es una de las tres fórmulas canónicas de las que dispone el obispo para pronunciarse sobre una supuesta aparición. Significa que se ha comprobado el carácter sobre­natural de dicha aparición, no se ha encontrado en ella nada contrario a la fe y a la moral y, por lo tanto, es digna de la devoción de los fieles.

¿Qué ocurre si no se constata la sobrenaturalidad?

En ese caso, el obispo declara que “no consta la sobrenaturalidad”, es decir, que aún no se ha comprobado el carácter sobrenatural de la aparición. Esta fórmula canónica deja abierto el camino para una futura investigación, y en su momento, una declaración definitiva. Es el caso de las apariciones de Nuestra Señora de Laus, a Benoîte Rencurel: ocurrieron de 1664 a 1718, y no fue hasta 2008, es decir, 290 años después, cuando el obispo reconoció el carácter sobrenatural de las apariciones.

¿Y si el obispo juzga que unas apariciones no son ciertas?

Entonces declara que “consta la no sobrenaturalidad”, es decir, que se ha comprobado la ausencia de origen sobrenatural, y emite un pronunciamiento definitivo negativo.

¿Cuándo se dice que una aparición está aprobada por la Iglesia?

Las apariciones pueden contar con cuatro grados de aprobación: 1. El pronunciamiento del obispo, cuando declara que  “consta la so­bre­naturalidad”. 2. El permiso para celebrar la liturgia en el lugar de las apariciones. 3. El reconocimiento papal, con un mensaje o una visita al lugar. 4. El reconocimiento litúrgico, que es el grado más alto de aprobación y lleva a insertar la aparición en el calendario litúrgico, como las fiestas de Nuestra Señora de Guadalupe, el 12 de diciembre, y Nuestra Señora de Fátima, el 13 de mayo.

Volviendo al caso de las apariciones donde aún no consta la sobrenaturalidad, ¿pueden los creyentes acudir a ese lugar?

El obispo recomienda prudencia y puede prohibir peregrinaciones oficiales organizadas por dió­cesis, congregaciones religiosas o párrocos… Queda abierta, eso sí, la iniciativa de los fieles.

Algunas apariciones tardan en ser aprobadas, ¿por qué?

En el caso de Medjugorje, por ejemplo, la demora está en que las presuntas apariciones aún no han acabado, y la Iglesia no concederá la aprobación, si lo hace, hasta que hayan acabado y haya pasado un tiempo prudencial. En general, la espera de la Iglesia es necesaria. En casos como Lourdes o Fátima, por ejemplo, mientras se aprobaron las apariciones, la devoción de los fieles persistió y se hizo universal y, a la vez, creció el consenso  “espontáneo”  del Pueblo de Dios sobre la autenticidad de estas apariciones.

En el caso de Medjugorje, ¿están prohibidas las peregrinaciones?

Están prohibidas las peregrinaciones oficiales promovidas por instituciones eclesiales, pero no la pe­re­­grinación personal ni la devoción particular.  Además, la Iglesia ha reconocido la posibilidad de organizar peregrinaciones espirituales y de oración al santuario, siempre que no estén motivadas por las apariciones en sí mismas o como reconocimiento de las mismas, sino por el ambiente espiritual y de oración del santuario.

¿Dónde están contenidos los criterios de la Iglesia para pronunciarse sobre una aparición?

En el documento Normas sobre el modo de proceder en el discernimiento de presuntas apariciones y revelaciones, de 1978. El juicio se realiza sopesando criterios positivos (a favor de la aparición) y los negativos. Entre los primeros están, por ejemplo, el equilibrio psíquico del vidente, su honestidad y rectitud de vida, su docilidad a la autoridad eclesiástica, o su capacidad para volver a una vida “normal”  tras las apariciones; luego se analiza si los mensajes son conformes al mensaje evangélico y al Magisterio de la Iglesia; y, por último, los frutos espirituales y pastorales vinculados a la aparición: oración, conversiones, obras de caridad…

¿En qué punto de este proceso están las supuestas apariciones como de El Escorial y Garabandal?

En las de El Escorial sigue vigente el Decreto del cardenal Ángel Suquía, ratificado después por el cardenal Antonio María Rouco, de que  “no consta la sobrenaturalidad”. El caso de Garabandal es más complejo. Han permanecido siempre grupos de fieles que creen en la aparición, pero desde el principio las investigaciones de la Iglesia se declararon contrarias a la aprobación, y este criterio no ha cambiado hasta hoy debido a las divergencias en el testimonio de las cuatro jóvenes testigos de las apariciones, así que sigue sin constar la sobrenaturalidad.

¿Por qué la devoción a una aparición mariana no debe sustituir las enseñanzas del Magisterio?

Ninguna aparición mariana, ni las reconocidas con memoria litúrgica (como Lourdes), es normativa para los fieles. Solo la vida “ordinaria”  del que ha recibido el Bautismo, ha sido fortalecido por la Confirmación y es alimentado por la Eucaristía, expresa la vida del cristiano. La búsqueda de fenómenos sobrenaturales es indicio de una fe frágil. Sin embargo, conviene recordar que el mensaje reiterativo de la Virgen se resume en conducir a sus hijos a la vida de sacramentos, oración y penitencia. Ella, al ver que la sociedad se ha alejado de Cristo, como Madre intenta reconducir a sus hijos al buen camino: llevarlos a su Hijo y a la Iglesia fundada por Él.

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