Monseñor Schneider Obispo Kazajistan

Athanasius Schneider, O.R.C. «España tiene la misión histórica de restaurar la fe».

El pasado 13 de mayo, fiesta de la Virgen de Fátima, monseñor Athanasius Schneider inició una visita de tres días a España. Misión pudo entrevistarle y escuchar de primera mano el mensaje que vino a traer: “Quiero darles coraje, y de nuevo alegría, para que no se dejen intimidar en el deber de transmitir la fe católica verdadera con caridad, humildad y prudencia, pero con valentía”. La persecución comunista que vivió desde su infancia le permite hablar así de claro; con serenidad, a la vez que con alegre firmeza.

Por Isabel Molina Estrada / Fotografía: Redacción Misión

Artículo publicado en la edición número 64 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Monseñor Athanasius Schneider es obispo auxiliar de Astaná (Kazajistán) y autor de Christus vincit: el triunfo de Cristo sobre la oscuridad de la época.

De niño vivió una fe de catacumbas. ¿Cómo es posible que hoy asegure que algunos de los mejores recuerdos de su infancia son de esos momentos en que sus padres cerraban las persianas de casa para poder arrodillarse a rezar en familia? 

En esos momentos tan difíciles como Iglesia perseguida experimentamos una presencia de Dios muy fuerte. Aunque yo era muy joven, guardo aquellos recuerdos como algo precioso porque siempre que nos escondíamos para poder rezar sentía vivamente la presencia de lo sagrado.

¿Alguna vez notó que sus padres tuvieran miedo?   

Nunca. Eran prudentes para protegernos a nosotros, sus hijos, pero nunca los vi con miedo. Ellos habían sido deportados con toda su familia a los Montes Urales por Stalin después la Guerra para realizar trabajos forzados. Todavía no se conocían. Mi madre tenía 13 años y mi padre 16. Talaban árboles grandísimos en invierno, con temperaturas de 40 grados bajo cero. Muchos de sus amigos murieron congelados. Ellos rezaban todo el tiempo y fue un milagro que lograran sobrevivir. Lo atribuían a su fe católica y al rezo del santo rosario que les daban la fuerza interior. Aquella experiencia la mantuvieron presente toda su vida. Pero con nosotros fueron siempre muy prudentes.

“Mis padres sobrevivieron a los campos de trabajos forzados gracias al rezo del santo rosario” 

¿A qué se refiere?

En mi libro cuento que mi madre, a los 26 años, ayudó a huir a un sacerdote santo, que luego fue mártir: el beato Oleksiy Zarytsyj. La policía lo buscaba. Estaban intentando sacarlo de la ciudad, y cuando ya estaban sentados en la estación esperando el tren, de repente entró un policía y se dirigió a ellos. Le preguntó al padre “¿A dónde va?”. Él no fue capaz de contestar porque estaba nervioso, no por su vida, sino por la de mi madre. Entonces mi madre contestó muy tranquila que él era su amigo y le mostró que tenía su billete de tren. El policía le dijo al sacerdote que por favor no se subiera al último vagón pues iba a ser desenganchado en la próxima estación, como en efecto ocurrió. El policía se despidió deseándole un buen viaje. Ella sabía que ocultar a un sacerdote era considerado criminal por los comunistas, pero no tuvo miedo. Y como esta, enfrentó muchas otras situaciones muy difíciles. 

¿Por qué en la época de la persecución comunista la Iglesia se mantenía fiel a sus enseñanzas y hoy, sin embargo, algunos miembros de la Iglesia piden cambiarlas?

Porque tienen una fe frágil, quieren un cristianismo barato, a la carta, como de supermercado. Y esto no es cristianismo. El cristianismo es completo, o no lo es. En nuestros días el cristianismo se ha oscurecido, se ha relativizado, y algo que se relativiza ya no resulta atractivo. 

¿Dónde encontrar un cristianismo completo no edulcorado?

Es el cristianismo que nos fue trasmitido en la infancia como la leche materna. Lo recibimos del Catecismo Católico tradicional, con claridad, convencidos de que es lo bueno, aunque sea difícil, porque es la voluntad de Nuestro Señor. Aceptamos sus mandamientos, que son sabios, con certeza, porque son de Dios. La doctrina y la moral deben ser trasmitida por los padres y los abuelos. Nosotros las recibimos de nuestra abuela, que se había quedado viuda con dos niños pequeños a los 25 años porque mi abuelo fue fusilado por ser católico. El jefe comunista le dijo a mi abuela: “Tú, niña bella, debes trabajar los domingos” . Ella dijo:  “Me puede fusilar, pero no voy a trabajar los domingos”. Quería cumplir los mandamientos de Dios. Esta fue la educación básica, clara, segura y alegre que nos enseñaron nuestros abuelos. Nos trasmitieron también las oraciones, la liturgia, los santísimos sacramentos. 

“No se dejen intimidar por las políticas que quieren destruir la fe y perseguir a la familia. Vivan con alegría y con convicción”

En estos tres días en Madrid ha recorrido lugares emblemáticos de la persecución a nuestra fe: el Cerro de los Ángeles, el Valle de los Caídos, el Congreso de los Diputados… ¿Qué mensaje quiere transmitirnos con este viaje a España? 

Primero, que guarden este tesoro inestimable que España les ha dado: la santa fe católica; que lo preserven con toda su claridad, belleza e integridad con la ayuda de la gracia de Dios. A las madres católicas, que trasmitan la fe católica, que recen en casa, juntos, al iniciar el día y en la noche. Breves oraciones, pero en familia. Esto es muy importante. Y a los padres, que le den un buen ejemplo a sus hijos, que los hijos los vean rezar, que trasmitan la fe católica plena, la de nuestros antepasados, la de los grandes santos de España, como el rey Fernando III  “el Santo”, que transmitió la fe a toda su familia; o la de san Isidro, un campesino sencillo que se santificó en su trabajo; la fe de grandes misioneros como san Francisco Javier, el mayor misionero después de san Pablo, y la de los reformadores de la vida monástica, como santa Teresa de Ávila y san Juan de la Cruz. España tiene una gran misión en la Historia: la de restaurar la fe de las familias católicas. No tengan miedo. No se dejen intimidar por las políticas que quieren destruir la fe y perseguir a las familias –la cultura anticatólica reinante, de la muerte, del neopaganismo–, porque sabemos que nuestra fe es la victoria. Vivan con alegría y con convicción. Únanse para rezar, especialmente para que de estas familias salga una nueva generación de sacerdotes de Dios.

¿Qué diría a quienes saben que están en situación de pecado, pero se les ha dicho que pueden comulgar como “medicina para sus heridas”?

La medicina para sus heridas es la Penitencia. La Eucaristía es la expresión máxima de la unión con Dios, con su santa bondad. Si vivimos conscientemente en un pecado grave, recibir la comunión no sería una medicina, sino un veneno, porque san Pablo dice:  “Quien come esta carne y bebe esta sangre indigno, come su propio juicio y condenación”. Por eso, debemos prevenir que los divorciados y vueltos a casar carguen sobre sí más condenaciones y juicios. Debemos ayudarlos a no vivir conyugalmente porque no son cónyuges delante de Dios si no están casados. Pueden vivir en continencia. Si con humildad lo reconocen, se abstienen de comulgar, y piden a Dios las fuerzas y la gracia para vivir según los mandamientos, Él se las da.  

Sus padres los sacaron a usted y a sus hermanos de Kirguistán, los llevaron a Estonia y luego a Alemania para que no acabaran siendo comunistas. Hoy la amenaza es aún más perniciosa porque el mal está camuflado de bien. ¿Cómo podemos proteger a nuestros hijos?

En la educación comunista teníamos muchos eslóganes, incluso una asignatura llamada Ateísmo Científico. Pero en casa nuestros padres nos instruían: “¡Atención! Este eslogan no es verdad”. Y nosotros respetábamos su autoridad. Los padres tienen que advertir a sus hijos de estos engaños del comunismo que estamos viendo hoy en día: “Hijos, no creáis en este eslogan que escucháis en la escuela, en la televisión, por esta y esta razón”.

¿Cuál es el mensaje la Virgen de Fátima para nuestro tiempo?

Es un mensaje muy actual: hacer penitencia, convertirnos, rezar el rosario. Y nos da una consolación: “Mi Corazón Inmaculado, que es vuestro refugio, triunfará”.

Monseñor Schneider pertenece a la Orden de los Canónigos Regulares de la Santa Cruz. En 1990 fue ordenado sacerdote en Brasil. Juan Pablo II lo llevó como director espiritual al seminario de Karaganda (Kazajistán) en 2001. En 2006 Benedicto XVI le nombró obispo.

Artículo publicado en la edición número 64 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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