Cómo invertir tu dinero para cambiar el rumbo de la sociedad

Su nombre, Altum Faithful Investing, mezcla de latín e inglés, es toda una declaración de intenciones. Porque lo que busca este pionero fondo de inversión español es combinar el Magisterio de la Iglesia con una gestión financiera puntera y rentable. ¿El resultado? Una cartera de clientes que invierte casi 100 millones de euros solo en empresas que respetan la Doctrina Social de la Iglesia.

Por José Antonio Méndez

En 2009, en pleno fragor de la peor crisis económica de las últimas décadas, el entonces Papa Benedicto XVI reclamaba la necesidad de que  “en el mercado se dé cabida a actividades económicas de sujetos que optan libremente por ejercer su gestión movidos por principios distintos al mero beneficio económico, sin renunciar a producir valor económico”.

“Y por eso estamos aquí”, añade a renglón seguido Borja Barragán, el creador de Altum Faithful Investing, un fondo de inversión español que solo sigue criterios basados en la Doctrina Social de la Iglesia (DSI), “sin excepciones”.

El perfil de Barragán da la medida de lo que persigue con Altum: casado y padre de cuatro hijos; formado en ICADE, IESE y Harvard; curtido durante 15 años en entidades como Bank of America, Goldman Sachs y Royal Bank of Scotland; es máster en Pastoral Familiar por el Instituto Pontificio Juan Pablo ii y experto en Doctrina Social de la Iglesia por el Angelicum de Roma.

Un cóctel que, tras varias experiencias previas, le ha llevado a crear Altum, para  “ayudar, con profesionalidad y rectitud, a quien quiera invertir de manera coherente con la fe”.

Cuatro irrenunciables

Inspirándose en entidades anglosajonas como Knights of Columbus, que logran beneficios siguiendo la DSI, “pero que no son accesibles a los inversores europeos”, en Altum solo invierten en empresas y activos que cum­plan cuatro principios irrenunciables:  “La defensa de la vida, desde la concepción hasta la muerte natural; la promoción de la familia; la promoción de la dignidad humana; y el cuidado y protección de la Creación”.

Para lograrlo, estudian con detalle cada inversión e incluso contactan con las empresas para hacer preguntas concretas. Y si una compañía deja de cumplir uno de esos criterios, “entra, con inteligencia, en un proceso de venta, porque apoyar un fin inmoral es siempre incorrecto, independientemente de si tiene una alta rentabilidad.

¿Invertir es contrario al Evangelio?

Para quien piense que invertir dinero es contrario al espíritu evangélico, Borja Barragán recuerda que “la Iglesia condena el lucro excesivo y desor­denado, la usura, aprovecharse de la desigualdad, la estafa y la explotación. Pero los Padres de la Iglesia aclaran que los bienes y la riqueza no son condenables en sí mismos, sino por su mal uso”. “Lo que hace que el dinero sea bueno o malo –aclara– no es solo el fin que se le dé, también cómo se obtiene, y esa es la clave de Altum: que los bienes estén al servicio del hombre, no al revés”. De hecho, como explica, “invertir es lícito y legítimo, porque a todos nos ha tocado administrar una serie de talentos, muchos o pocos, de carácter material y espiritual, y esto conlleva la obligación de intentar progresar, aplicando la inteligencia y el trabajo sobre nuevos bienes, para que estén al servicio del hombre”… y de Dios.

De nada sirve invertir en empresas que no produzcan emisiones tóxicas, si su actividad implica, por ejemplo, utilizar embriones humanos en programas de investigación”, destaca.

Buenos resultados

Con los resultados en la mano, parece que, también para invertir, el Evangelio es el mejor compañero: a finales de 2018 prevén superar los 100 millones de euros bajo asesoramiento; y siguen creciendo poco a poco.

Además, “muchas órdenes y grupos religiosos confían en Altum para la gestión de su patrimonio”  y ya trabajan para que  “cualquier persona, con independencia de los ahorros que tenga, pueda invertir con nosotros, con la seguridad de que su dinero será tratado igual que el de los grandes patrimonios”. Por eso, antes del verano han lanzado un fondo de inversión a nivel europeo  “disponible para cualquier persona a partir de 100 euros”.

En primera persona

Barragán aboga por que los inversores planteen a sus bancos y asesores su deseo de invertir con criterios que sigan la DSI, porque  “hay bancos que no tienen voluntad de permitir a sus clientes invertir en un fondo que abiertamente diga que busca cumplir con el Magisterio católico, y los únicos capaces de cambiar ese parecer son los propios clientes del banco”.

“Invertir tu dinero en determinados sectores y evitar otros, explicando por qué, es una manera de evangelizar y de dar testimonio”, asegura Barragán.

De hecho, tanto él como su equipo son los primeros en dar ejemplo: el sueldo de quienes trabajan en Altum está ajustado al de los funcionarios a nivel europeo para garantizar la transparencia, cobran honorarios  “muy modestos comparados con los aplicados en el mercado”, y además renuncian a bonus individuales y a stock options.

Proyectos para evangelizar

De este modo,  “el inversor recibe la totalidad de su rentabilidad y con ella hace lo que quiere”, pero  “nosotros buscamos tener un beneficio que nos permita ser eficientes, garantizar nuestra supervivencia y seguir creando empleo, pero sin enriquecernos, porque solo así podemos destinar el cien por cien del beneficio distribuible de Altum a proyectos de evangelización”. Proyectos como el apoyo a cristianos perseguidos de la llanura de Nínive; el respaldo a una película de Juan Manuel Cotelo sobre el perdón cristiano; o el sostenimiento de un orfanato en Dakar.

Y concluye:  “Como decía el Papa recientemente, el cristiano puede dar testimonio de su fe también a la hora de consumir e invertir. Así que rememos mar adentro: Duc in altum”.

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