Cómo poner a Dios en el centro de tu vida

La reacción instintiva ante el dolor es la queja; la reacción más sabia es confiar.
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Por Isabel Molina Estrada y Belén Huertas

1. Abraza tu propia fragilidad.

¿Te has descubierto vulnerable, dependiente e impotente ante la adversidad? Tranquilo. No te obligues a tener el control de tu vida. Deja a Dios al frente del timón. Confía y reposa en Él como un niño en brazos de su padre. La confianza plena es el primer paso para dejar que Dios llene tu vida desde dentro.

2. Reordena tus prioridades. 

¿Recuerdas que antes de la pandemia ibas corriendo a todas partes? Quizás Dios y tu familia habían quedado relegados a un segundo plano. Ahora has vuelto a recordar qué feliz eres cuando le das a Él y a las demás personas lo mejor de ti. “Tus cosas” (trabajo, estudio, aficiones) no pueden volver a robarles espacio.

3. Sigue buscando el sentido del sufrimiento.

La reacción instintiva ante el dolor es la queja; la reacción más sabia es confiar. El sufrimiento no es absurdo. Tanto es así que Jesucristo también sufrió. Él bebió el cáliz hasta el final para que viéramos que en el fondo esconde una perla. Atrévete a encontrarla. Dios te ama tanto que no cesa de atraerte hacia Él en todas las circunstancias.

4. Deja que Jesús se quede en tu casa.

Cuando cerraron los templos debido al confinamiento, muchas familias entendieron su vocación como iglesias domésticas: lugares de oración donde se percibe la presencia viva de Cristo. Seguro que tú también lo has recibido en el salón de tu casa muchas veces. De ahora en adelante, no dudes en pedirle que se quede.

5. No te llenes de basura.

En estos meses habrás tenido tiempo para aplicar el método Kondo a tu interior: un repaso sobre lo que te sobraba (resentimientos, enredos del pasado…). Aprovecha para hacer examen y una buena confesión. Y, cuando estés disfrutando de los resultados, haz el propósito de permanecer ligero de equipaje para avanzar rápido y llegar alto. 

6. Trasciende el miedo a la muerte.

El temor a morir es algo muy humano, pero puedes librarte de él haciéndote muy amigo de Jesús y tratando mucho a su Madre. Piensa que Dios te llamará una vez que hayas cumplido la misión que Él te ha dado. Y la cumplirás, con la ayuda del Espíritu Santo. La muerte es un instante para llegar a la Vida. Allí nos espera una maravilla que excede toda imaginación.  

7. Di sí a lo que quiere Dios de ti.

La conversión supone levantarse una y otra vez. La buena noticia es que la vida cristiana no va de ser perfectos, sino de amar mucho a Dios. Quiérele con todo tu corazón y demuéstraselo manteniendo abierta tu línea directa con Él: la eucaristía, la confesión y la oración diaria. Recibirás la fuerza y el arrojo para contagiar tu fe y poder ir por ahí llevando la medicina que cura y alegra: su Espíritu que todo lo llena.  

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