La revista más leída por las familias católicas de España

santos

Cómo «se hace» un santo

Muchos se preguntan por qué hay santos, como el joven Carlo Acutis, que han llegado tan rápido a los altares, si muchos otros santos tardaron años. Si también tú tienes esta duda, aquí te explicamos cómo se desarrolla un proceso de canonización.

Por Alicia Gómez-Monedero

Todos estamos llamados a ser santos, pero “Dios elige a algunos para que sean modelos intercesores”, explica a Misión el sacerdote Fernando del Moral, director adjunto de la Oficina para las Causas de los Santos de la Conferencia Episcopal Española. Te contamos en cinco pasos cómo es el proceso para ser declarado santo.

1.Fama de santidad. El primer paso de un proceso de canonización es la “fama de santidad”: que haya personas que se encomienden a esa persona y que reciben gracias o favores por su intercesión. Pasados cinco años desde su fallecimiento, y una vez verificada esa fama de santidad, un actor –que puede ser una persona, asociación, congregación o diócesis– puede promover su causa de beatificación, generalmente ante el obispo del lugar donde la persona ha fallecido.

2.Siervo de Dios. Recibida la petición formal de apertura de la causa, el obispo la traslada al Dicasterio para las Causas de los Santos, el cual proclama que no hay ningún impedimento para que dé comienzo el proceso de beatificación del candidato. A partir de este momento, la persona recibe el título de Siervo de Dios.
El proceso se divide en dos fases: la diocesana y la romana. En la primera, se recopilan datos biográficos, escritos, documentos y testimonios sobre su vida y virtudes. Todo ello se va recogiendo en la postulación. Este proceso es dirigido por un postulador con una sólida formación en Derecho Canónico y experiencia en procedimientos de causas de santos que representa al actor de la causa. Su función es recopilar información y testimonios objetivos, tanto favorables como desfavorables, y comprobar “que destacaba por encima de los demás fieles en el ejercicio de las virtudes”, explica la hermana Kristen SHM, postuladora de la hermana Clare, fallecida en Ecuador en 2016.

3.Venerable. Una vez concluida la fase diocesana, se envían a Roma las las actas. Ahí comienza la fase romana donde el Dicasterio para las Causas de los Santos acredita a un Postulador romano para elaborar un documento (Positio) con la información recibida desde la diócesis. Este informe es ­juzgado por historiadores, teólogos, obispos y cardenales. Por último, el Papa, emite un decreto papal que reconoce su vida virtuosa o su martirio, quien pasa a ostentar el título de venerable. Si ha sido mártir pasa a ser beato de inmediato.

4.Beato. Aquí se necesitaría un milagro. “Es como si el dedo de Dios –explica del Moral– decidiera quién será beatificado,”. Cuando finalmente se produce un milagro, se reabre la fase diocesana para recabar información y testimonios. Y en el caso de una curación milagrosa, un equipo médico corrobora de manera exhaustiva que es inexplicable y remite un informe a la Santa Sede. Allí tiene lugar otra fase romana en la que se verificará que el milagro ha tenido lugar por intercesión del venerable. En caso de conformidad, el dictamen final le corresponde al Santo Padre, quién lo declara beato.

5.Santo. Se requiere un segundo milagro posterior a la beatificación, incluso para quienes han sido declarados beatos por la vía del martirio. Este milagro debe pasar nuevamente por las fases del milagro de la beatificación. Por esto, algunas personas llegan antes a ser proclamadas santas: “Hasta emitir el decreto de virtudes humanamente se puede trabajar, pero para que se produzca el milagro, sólo podemos rezar y esperar, porque Dios tiene sus tiempos”, concluye del Moral.

4 Vías para la santidad
-Martirio: cuando una persona muere por su fe y perdonando.
-Virtudes heroicas: cuando ha vivido las virtudes en grado heroico, destacando por encima de los demás fieles.
-Ofrecimiento de vida: introducida por el Papa Francisco, es cuando la persona entrega su vida para salvar a otra y persevera hasta la muerte.
-Causas excepcionales: por veneración antigua e ininterrumpida de un siervo de Dios.

Artículo publicado en la edición número 78 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

¿Te ha gustado este artículo?

Para que disfrutes de más historias como esta

ARTÍCULOS RELACIONADOS

ARTICULOS DE INTERÉS

ARTICULOS DE INTERÉS

ÚLTIMA EDICIÓN

junio, julio, agosto 2026