Por Alicia Gómez-Monedero
“No llamamos a María Madre por un capricho nuestro, sino porque Jesucristo en la cruz, cuando ya no tenía nada más que dar, nos entregó a su propia madre”, relata a Misión María del Camino Viana, historiadora del arte y autora de “María, una obra maestra. La Madre de Dios a través del arte” (Nueva Eva, 2021). La Santísima Virgen, explica esta museóloga y pedagoga, es la ayuda necesaria que Dios previó para llevarnos al Hijo, porque no hay nada como la sensibilidad de una madre que nos acoge para ayudarnos a entender y comprender lo que necesitamos.
Ya los primeros cristianos comenzaron a plasmar a la Madre de Dios de muy diversas formas, tanto en pinturas como en esculturas muy variadas, que nos acercan físicamente a Ella y en las que podemos intuir su mirada de Madre sobre nosotros. María del Camino ha recogido una selección de obras en su trabajo para acercarnos a María y, por Ella, llevarnos a Dios.
El arte sacro es “teología hecha pintura, pigmento; hecha piedra y madera”, explica Del Camino Viana. “Nos facilita el espacio de contemplación y nos ayuda a acercarnos a esa realidad teológica que representa”, añade la autora, quien asegura que creemos en una fe encarnada y que representar a la Virgen no es divinizar el objeto que la representa, sino ayudarnos a entrar en el misterio de su vida y, por ende, de Jesucristo, “porque Dios también ha querido que la sensibilidad y la sensorialidad sean importantes”.
“La belleza es el resplandor de la verdad y está en todo lo que ha sido tocado por el Señor”
Vía Pulchritudinis
¿Por qué nos llama tanto la atención un cuadro, una escultura o incluso una pieza musical bella?, se pregunta esta autora. Y ella misma responde: porque estamos hechos a imagen y semejanza de Dios, “y Dios es la verdad absoluta, la belleza total y el bien supremo. Por lo tanto, tenemos este eco de belleza y tendemos inevitablemente a ella”, explica.
La Via Pulchritudinis es el acceso a Dios a través de la belleza que hay en el arte, en la naturaleza y en la vida cotidiana. “La belleza es el resplandor de la verdad y está en todo lo que ha sido tocado por el Señor. Tú puedes encontrar belleza en el rostro arrugado de tu abuela o en los primeros pasos de tu hijo”, explica. Concretamente, “la belleza del arte produce un asombro que es como un primer estadio; te mueve algo por dentro, no te deja indiferente, y eso es un paso para profundizar en algo mayor”, asegura.
¿Por qué María?
“Acercarse a la Virgen María a través de la belleza del arte y en todas las variadas facetas en las que ha sido representada a lo largo de la historia no es más que contemplar las diferentes situaciones de la vida cotidiana de una madre: la crianza, el cuidado del hogar, el matrimonio, la vida interior, etc.”, subraya María del Camino. Ella está convencida de que es esta cercanía la que ha hecho a la Virgen susceptible de ser tan representada en el arte.
Según esta experta, es curioso observar, además, cómo al igual que con otras figuras de la fe, las representaciones de la Virgen, pese a ser tan variadas en contenido y estilo, según cada época, nación o sensibilidad cultural, hablan todas de la misma verdad perpetua e inmutable, adaptándola visualmente a cada momento. “Me gusta decir que María es como un poliedro, que tiene muchas caras que vas descubriendo poco a poco en diferentes obras de arte y que, cuanto más te adentras en su misterio, más te das cuenta de la riqueza y la obra impresionante que ha hecho Dios con Ella”, comenta María del Camino.
Orden en el caos
Para Viana está claro que Dios es el mayor artista y María es su obra maestra a pesar de que contaba con una historia de aparente fracaso: su marido se queda perplejo ante su embarazo, da a luz en un establo, tiene que emigrar y su hijo se marcha a los 30 años para ser crucificado tres años después. En medio de este caos es donde Dios escribe la historia de amor más grande del mundo, a partir del “hágase” de una joven de Nazaret, un pueblo que en aquella época ni siquiera aparecía en los mapas.
“María es como un poliedro, y cuanto más te adentras en su misterio, más te das cuenta de la obra impresionante que ha hecho Dios con Ella”.
“La historia de la Virgen María nos ayuda a entender que Dios pone orden en el caos y que, si lo hizo así de bien con la Virgen, ¿qué no podrá hacer con nosotros?”, dice María del Camino. La escritora asegura que la Virgen nos da la clave para “dejar al Artista trabajar en nuestra vida, que es decir: hágase”. Sin embargo, nos cuesta encontrar la belleza de la obra de Dios en nuestro día a día porque no tenemos tiempo de pararnos a contemplar, que es la clave para admirar la belleza y encontrar a Dios en ella.
“Nos pasamos el día haciendo scroll en las redes sociales, llevamos una vida acelerada y no sabemos estar sin hacer nada, pero cuando decides parar, empiezas a fijar la mirada en tu entorno y a darte cuenta de las maravillas que ha hecho Dios”, cuenta María del Camino. Viana asegura que el objetivo de este viaje por el arte también ayuda al encuentro con uno mismo. Se trata de encontrar “la belleza del amor de Dios a través de la Virgen María y que, contemplando lo que Dios ha hecho en la Virgen porque Ella se ha dejado, puedas tener motivos para la esperanza y entender cómo actúa Dios. Nos damos cuenta de que todo es una historia de amor: lo que ha hecho con Nuestra Madre y lo que hace en cada una de nuestras vidas si le dejamos”.

Los colores de María
Cuando nos paramos a observar varias obras que representan a la Virgen, podemos empezar a ver elementos en común. Aunque no siempre es así, hay un detalle que se repite varias veces. En muchas ocasiones María va vestida de rojo y la recubre una túnica azul. Viana explica que “esto se debe a que el azul es el color del cielo, de las realidades divinas, y el rojo el color de la sangre, de la humanidad. Entonces la Virgen aparece vestida de rojo porque es humana, pero cubierta de azul porque está revestida de gracia”.
Artículo publicado en la edición número 79 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





