Detente, Coronavirus

El Detente no es un amuleto, es un sacramental que actúa como escudo contra el acecho del demonio.
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Por María José Arranz

Artículo publicado en la edición número 56 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Mientras hacía cola para entrar al supermercado con mi mascarilla y mis guantes, no dejaba de pensar que me parecía estar en una película de ciencia ficción o en una pesadilla. ¿Cómo pasamos de ver escenas de la  “gripe china” en los telediarios a una pandemia con cientos de millones de personas confinadas en sus hogares, millones de infectados y miles de muertos?

Un virus microscópico nos ha mostrado nuestra fragilidad. Unos han luchado en primera línea contra la enfermedad, otros la han experimentado en su propia carne. Algunos han perdido a seres queridos. Y todos nos hemos sentido indefensos. Sin embargo, nuestra fragilidad siempre ha estado ahí. Lo que ha hecho singular a esta pandemia es que todos nos hemos sentido frágiles a la vez.

Un refugio sagrado

Cuando en el equipo de la revista Misión nos vimos zarandeados por esta prueba en marzo de 2020, buscamos instintivamente algo que nos ayudara a superarla y que pudiéramos ofrecer a nuestros lectores y al mundo.

Un apoyo eficaz que, al lado de las medidas de protección frente al contagio, de la entrega del personal sanitario y de las medicinas, nos diera paz y un sentido para el sufrimiento. 

Mientras recogíamos lo esencial para trabajar desde casa antes del confinamiento, vimos la imagen del Corazón de Jesús de la redacción. Recordamos el día que nos consagramos a Él por primera vez en junio de 2014 y la entronización que hicimos en la redacción en noviembre de 2019, y vino a nuestra mente cómo el propio Jesús le reveló a santa Margarita María de Alacoque que se utilizara la imagen de su Corazón con la inscripción  “Detente, el Corazón de Jesús está conmigo”, como protección frente a los ataques del demonio.

Así surgió la idea de difundir por carta, e-mail y redes sociales la devoción al Detente para invitar a todos a usarlo y acogerse a la protección del Corazón de Jesús. Recibimos muchísimas llamadas de teléfono y correos electrónicos agradeciéndonos la iniciativa. 

Aunque el Detente es solo un medio, Dios lo utiliza para atraernos hacia Él, protegernos de cualquier mal –de los que vemos y de los que no vemos–, de los que atacan el cuerpo y, sobre todo, de los que afectan al alma, y ha demostrado a lo largo de tres siglos su eficacia. Recordarlo ha sido nuestro granito de arena para luchar contra la pandemia.

Con la ayuda de Dios y poniendo los medios humanos a nuestro alcance, hemos vuelto a la vida normal. Pero ojalá que nunca se borre lo que aprendimos durante los meses más críticos de la pandemia: el valor de mi matrimonio y mi familia; quiénes son mis amigos; cómo me ayuda servir a los demás; que no basta querer, sino que tengo que demostrar el cariño… En fin, tantas cosas.

Pero si tuviera que elegir solo una que me recordara las demás sería esta: que anclemos nuestro corazón y nuestra familia en el Señor y que ante cualquier amenaza recemos con fe y confianza:  “Detente, el Corazón de Jesús está conmigo”.

Bendición definitiva 

En 1870 el Papa Pío IX concedió la aprobación definitiva a la devoción del Detente y dijo: “Voy a bendecir este Corazón, y quiero que todos aquellos que fueren hechos según este modelo reciban esta misma bendición, sin que sea necesario que algún otro sacerdote la renueve”.

¿Qué es el Detente? 

Es una imagen del Sagrado Corazón de Jesús, tal y como se le reveló a santa Margarita María de Alacoque y que lleva la leyenda “Detente, el Corazón de Jesús está conmigo”. Acudir al Corazón de Jesús ante una situación crítica es entrar en un refugio sagrado, estar bajo su divina protección. El Detente no es un amuleto, es un sacramental. Por eso, para que sea eficaz, necesita que avivemos nuestra fe, esperanza y caridad en el Señor.

La primera vez que se utilizó fue en 1720, en la Gran Peste de Marsella, Francia, 30 años después de la muerte de santa Margarita. Se repartieron miles de Detentes y se hizo la promesa de celebrar la fiesta del Sagrado Corazón y exponer el Santísimo Sacramento. Milagrosamente, cesó la epidemia. Desde entonces, los católicos lo han empleado para luchar contra epidemias, guerras y catástrofes como la Revolución francesa (1789), la Primera Guerra Mundial (1917), la Segunda Guerra Mundial (1939) o la Guerra Civil Española (1936).  

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