Detente, Coronavirus. Una contribución de la revista Misión ante la pandemia de la Covid-19

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El Detente no es un amuleto, es un sacramental que actúa como escudo contra el acecho del demonio. Para que sea eficaz, hemos de avivar nuestra fe, esperanza y caridad.

Por María José Arranz

Mientras hacía cola para entrar al supermercado con mi mascarilla y mis guantes, no dejaba de pensar que me parecía estar en una película de ciencia ficción o en una pesadilla. ¿Cómo pasamos de ver escenas de la  “gripe china” en los telediarios a una pandemia con cientos de millones de personas confinadas en sus hogares, millones de infectados y miles de muertos?

Un virus microscópico nos ha mostrado nuestra fragilidad. Unos han luchado en primera línea contra la enfermedad, otros la han experimentado en su propia carne. Algunos han perdido a seres queridos. Y todos nos hemos sentido indefensos. Sin embargo, nuestra fragilidad siempre ha estado ahí. Lo que ha hecho singular a esta pandemia es que todos nos hemos sentido frágiles a la vez.

Un refugio sagrado

Cuando en el equipo de la revista Misión nos vimos zarandeados por esta prueba, buscamos instintivamente algo que nos ayudara a superarla y que pudiéramos ofrecer a nuestros lectores y al mundo. Un apoyo eficaz que, al lado de las medidas de protección frente al contagio, de la entrega del personal sanitario y de las medicinas, nos diera paz y un sentido para el sufrimiento.

Mientras recogíamos lo esencial para trabajar desde casa, vimos la imagen del Corazón de Jesús de la redacción. Recordamos el día que nos consagramos a Él por primera vez y la entronización que hicimos en la redacción el pasado mes de noviembre, y vino a nuestra mente cómo el propio Jesús le reveló a santa Margarita María de Alacoque que se utilizara la imagen de su Corazón con la inscripción  “Detente, el Corazón de Jesús está conmigo”, como protección frente a los ataques del demonio. Así surgió la idea de difundir por carta, e-mail y redes sociales la web www.descargadetente.com para invitar a todos a usar el Detente y acogerse a la protección del Corazón de Jesús. Desde que lanzamos el proyecto hemos recibido muchísimas llamadas de teléfono y correos electrónicos agradeciéndonos la iniciativa.  Aunque el Detente es solo un medio, Dios lo utiliza para atraernos hacia Él, protegernos de cualquier mal –de los que vemos y de los que no vemos–, de los que atacan el cuerpo y, sobre todo, de los que afectan al alma, y ha demostrado a lo largo de tres siglos su eficacia. Recordarlo ha sido nuestro granito de arena para luchar contra la pandemia.

Con la ayuda de Dios y poniendo los medios humanos a nuestro alcance, volveremos a la vida normal. Ojalá que esa vuelta no borre lo que hemos aprendido de esta experiencia: el valor de mi matrimonio y mi familia; quiénes son mis amigos; cómo me ayuda servir a los demás; que no basta querer, sino que tengo que demostrar el cariño… En fin, tantas cosas. Pero si tuviera que elegir solo una que me recordara las demás sería esta: que anclemos nuestro corazón y nuestra familia en el Señor y que ante cualquier amenaza recemos con fe y confianza:  “Detente, el Corazón de Jesús está conmigo”.

Puedes encontrar este artículo en el número 56 de la revista Misión

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