El artesano de Nazaret

Para acudir a san José como patrono del trabajo, conviene imaginar cómo trabajó. La esencia en su manera de llevarlo a cabo puede iluminarnos
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Por Isabel Molina / Ilustración María Olguín Mesina

El escritor Miguel Aranguren, quien se ha adentrado de forma literaria en su figura, da seis pistas para conocerlo en su trabajo.

1. Buen artesano. “No sabemos si realmente fue carpintero”, explica Aranguren. Sabemos que fue artesano (tekton, en griego), término que incluía la carpintería y otros oficios como herrero, cantero o albañil. Lo que es casi seguro es que trabajaría con materiales modestos. En Nazaret no podía aspirar al cedro del Líbano, por ejemplo. Sin embargo, no sería impedimento para sacar el mejor partido a la técnica de su tiempo. Además, apunta Aranguren, aprovecharía cada elemento, “como las virutas para encender la candela”.

2. Trabajador alegre. “A pesar del esfuerzo y del cansancio, a san José seguramente no le asaltaría la monotonía. Haría sus labores con ilusión y en diálogo continuo con Dios. Un diálogo que a veces se convertiría en canción porque esa es una de las ventajas del trabajo manual: te permite cantar”, reconoce el escritor.

3. Hombre justo. Por la impronta que dejó en Jesús, y a la luz de algunos de sus ejemplos y parábolas, no es difícil imaginar que “los vecinos verían en él a un hombre justo y fiable, que cumpliría su palabra. Cobraría por su trabajo, claro, pero seguramente a veces llegaría a tratos con sus deudores”, apunta Aranguren. Eso le llevaría a tratar a los clientes con individualidad y, por tanto, “a ser magnánimo a la hora de atender a quienes no tenían recursos. No le veo persiguiendo a sus deudores”. Además, añade el escritor, “habrá cometido errores y habrá tenido que reconocerlos y pedir perdón”.

4. Ordenado y precavido. “Su taller estaría ordenado, aunque no con orden obsesivo. En el descanso, cuando se parase a tomar un tentempié, lo imagino desmigando un trozo de pan para que los pájaros bajaran a comer. En ese momento, creo, llamaría al Niño para que viniera a verlos”. Con las herramientas, “supongo que tendría la precaución de explicar a Jesús los riesgos de cada una, y que pondría la sierra en alto para que no pudiera cogerla”.

5. Constante aprendiz. Debió de tener enorme capacidad de asombro y deseos inagotables de aprender. “Los santos son siempre jóvenes y ese deseo de aprender es signo de juventud. José se caracterizaría por ser de los que al llegar a una casa (para entregar una mesa, por ejemplo) si veía un mueble que captaba su atención, se pararía a examinarlo, preguntaría, y pediría a los dueños que se lo enseñaran”.

6. Atento a María. “Imagino a María dándole consejos, incluso sobre asuntos que ella no tenía por qué dominar –como hacen todas las esposas–. Le ayudaría a transportar las sillas y maquetas por Nazaret. Más adelante, sería el Niño quien iría ocupando ese lugar de ayudante”. 

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