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“El icono visita tu hogar”

Elena y Débora son madre e hija y trabajan juntas pintando iconos y cirios. En su taller se reza por todos los que llaman a su puerta
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Por Margarita García / Fotografía Dani García

Para la Comunidad de Madrid, el negocio para el que Elena Muñoz pedía un crédito no era viable. Sin embargo, la providencia le tenía preparado un plan B: Cáritas y su crédito para el autoempleo.

Elena, esposa y madre de siete hijos, tenía el capital, la vocación, y el sí de la Virgen tras una peregrinación al santuario de Loreto, en Italia. “Allí sentí la confirmación para pintar no solo cirios, sino también imágenes”, cuenta a Misión. Además, qué curioso, en casa tenía desde hacía años decenas de libros de iconografía porque “mi marido compra por rachas y en una de ellas le dio por comprar libros de iconos”. Y de la inviabilidad ha pasado a siete años de mantener en pie su taller al que se unió, hace tres, Débora Martínez, la segunda de sus hijos.

Proyectista de tuberías

Este es el principio de una historia que comenzó por casualidad. “En mi parroquia ese año no había cirio para la Pascua y me lo encargaron porque sabían que de vez en cuando yo pintaba en casa”. Y tuvo tanto éxito que repitió al año siguiente. Incluso las parroquias de alrededor comenzaron a encargar su cirio a esta madre de familia del Camino Neocatecumenal que antes de iconógrafa había sido proyectista de tuberías.

«Los personajes del icono sobresalen para indicar que una parte del cielo entra en la tierra y en tu vida. Todo tiene un significado».

Tras cuatro años, se unió Débora. “A mí me entró la vocación por los ojos”, reconoce la hija. Por las noches, mientras la madre pintaba, la joven la observaba y le hacía muchas preguntas… Y es que en la iconografía nada se pinta porque sí. Por ejemplo, tradicionalmente, los iconos no se enmarcan, ya que no son obras de arte, pero tienen un borde rojo que hace las veces de ventana al cielo; y que los personajes sobresalgan de estas ventanas significa que hay una parte del cielo que entra en la tierra y en tu vida. Y así con cada elemento.

¿Podóloga o iconógrafa?

En los tiempos fuertes de encargos, durante la Semana Santa, por ejemplo, Débora ayudaba a su madre a la par que trabajaba en una peluquería, hasta que lo dejó. En ese momento quedó libre para comenzar a estudiar lo que quisiera. Su lista de posibilidades iba desde la restauración o el periodismo, hasta la podología. Pero el taller de su madre ya le llamaba y, sin apenas haber estudiado y con dolor en el alma por la muerte de un amigo hacía tan solo un par de días, se presentó a las pruebas de acceso para la Escuela de Artes y Oficios de Madrid. “Y no sé cómo, pero aprobé”.

Pintar y rezar

El taller es pequeño, pero acogedor. Es un local en el que se reza y se pinta. Se pinta y se reza. En la escritura de un icono todo está al servicio de la belleza, desde los materiales –tablas, nunca se pinta sobre pared–, hasta los pigmentos y pinceles, e incluso el propio iconógrafo: “La mano que pinta es un instrumento más puesto al servicio del encuentro de Dios con los hombres”, explican madre e hija. De ahí que los iconos no se firmen nunca. “Este es el principal objetivo de esta pintura: ser una palabra de Dios para la familia, para el hogar que visita el icono”, añaden.

«Ahora que la gente tiene que rezar en casa estamos pintando más iconos personales, Dios ha sido creativo»

Dios es creativo

Como a tantos otros españoles, a estas iconógrafas la crisis del coronavirus les ha obligado a vivir al día. “Hoy tenemos trabajo; mañana no sabemos”. Los cirios suelen constituir su mayor fuente de ingresos, y el año pasado apenas tuvieron encargos. Sin embargo, fueron surgiendo peticiones de iconos para parroquias. “La Salus Populi, que fue la Virgen ante la que rezó el Papa durante el confinamiento, la hemos pintado seis veces. Y ahora que la gente está en su casa y tiene que rezar ahí, estamos pintando más iconos personales. Dios ha sido creativo”, comenta Débora.

Un negocio diferente

El suyo no es un negocio al uso: no hay tienda online, ni rebajas, ni stock. En su web (www.iconosycirios.com) hay información e imágenes sobre sus productos, que envían a cualquier parte del mundo (iconos, cirios y velas para el hogar, bautizos, bodas, ordenaciones…) “pero no queremos que alguien haga clic y automáticamente compre un objeto que es sacramental”. De ahí que cada trabajo sea personalizado. “A cada cliente le preguntamos por qué quiere ese icono, y mientras lo pintamos, rezamos por esa persona. Cuando lo entregamos, se lo damos con una explicación para que puedan orar con él”.

5 REGLAS DEL ICONO

1.ª Regla: La perspectiva es inversa. En pinturas como Las meninas, el punto de fuga está al final de cuadro para que tú formes parte de él. Sin embargo, el icono tiene una perspectiva inversa: el punto de fuga está en el espectador para que así el icono participe de la vida de ese hogar o de esa iglesia. No existen sombras ni gravedad, porque el icono no ocurre en tiempo y espacio determinados.

2.ª Regla: No hay fondo o el fondo es totalmente dorado. Es una llamada al cielo. Jesús te habla aquí y ahora. Hay edificios y paisaje, pero no hay horizonte. El fondo siempre es la eternidad.

3.ª Regla: La luz concede el volumen, no la sombra. El icono no está pintado a base de sombreados. El volumen está creado a través de luces. Los propios personajes no tienen sombra, sino que la luz sale de ellos.

4.ª Regla: El icono se dirige al espectador. De ahí que el icono siempre mira de frente o de tres cuartos.

5.ª Regla: La posición es hierática. Los personajes representados en los iconos muestran una realidad transfigurada. No expresan tristeza o alegría. No llaman al sentimiento, sino a un encuentro espiritual.

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