Belén Perales, el rosario de las 11 pm

@ElRosarioDeLas11pm: ”El regalo de la fe es un pack súper generoso”

El Rosario de las 11 reúne a más de 5.000 personas en directo cada día para ponerlas “en comunicación con María” a través del rezo del rosario.
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Por Margarita García / Fotografía: Dani García

Artículo publicado en la edición número 60 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

¿Qué es El Rosario de las 11? 

Es un canal de YouTube en el que nos juntamos unas 5.000 personas a rezar el rosario cada día, a las 11 de la noche. Surgió porque tuve un grupo de oración del rosario en mi casa y dejé de hacerlo porque con mis hijas me parecía un lío. Y desde que lo dejé, no sabía muy bien cómo retomarlo. En Medjugorje, en 2018, le pregunté a la Virgen:  “¿Qué hago con el rosario?”.

Un día me dijo una amiga:  “Con lo graciosa que eres, tendrías que tener un canal de YouTube”. Así que una mañana que había nevado, me grabé un vídeo y, por probar, lo subí al canal. Luego otro. Ya en el cuarto vídeo empecé a hablar de Dios, y en el siguiente, decidí rezar un rosario. 

¿Qué ocurrió entonces?

Me llamó una amiga y me dijo:  “Belén, tienes que hacerlo de nuevo. El rosario me ha dado mucha paz”.  Así que continué, y comenzó a apuntarse la gente… Pero yo no terminaba de verlo claro. Seguía con el pensamiento de lo presencial. Hasta que un día me dijo una suscriptora:  “Querías un rosario en tu casa, pero la Virgen quiere que venga tanta gente que no cabrían en tu salón”. Y la cabeza me hizo  “clic”.

Tengo entendido que el primer milagro es su historia de conversión…

Vengo de una familia muy religiosa. Íbamos a misa, a colegio católico…pero en mi casa todo era cumplimiento, nunca se hablaba de Dios.

De adolescente comencé a separarme de la Iglesia. Pero, a la vez, tenía necesidad de cariño. He tenido una relación poco afectiva con mi madre.

A esto le sigue que empecé a suspender y llegué a un punto en el que me dijeron en el colegio que era poco inteligente, a lo que respondí entregando exámenes en blanco y con una actitud de mucho rebote. Empecé a pensar que realmente era tonta. Tenía la autoestima muy baja. Me convertí en una adolescente atea y con una rabia interna terrible. 

Pero, ¡si es empresaria desde que tenía 22 años!

Sí, comencé a trabajar con 17 años y a los 22 tenía una empresa. No me dejaron estudiar empresariales porque  “no valía”, así que me matricularon en una FP y saqué muy buenas notas. 

Si sacó a Dios de su vida, ¿qué ocupó su lugar? 

Estaba obsesionada con ligar, con que me quisieran, y también con el dinero. Quería llegar arriba y reírme de todos. Pero el dinero duró poco: me casé en Argentina con un novio que terminó llevándose todo mi dinero.

Me arruiné por segunda vez por otra pareja con quien tuve una hija que ahora tiene 28 años. En aquella relación estaba atrapada: él me pegaba, era alcohólico… Ahora veo que Dios me ayudó a salir de ahí.  Así que me encontré sola con mi hija empezando de cero otra vez.

¿Cuándo regresó a la Iglesia?

Con el tiempo, al mejorar mi economía, llevé a mi hija a un colegio de monjas. Mi hija recibió la comunión… Por entonces me casé de nuevo por la Iglesia, porque a él le hacía ilusión y yo, que tenía 39 años, tenía ese deseo de  “hacer las cosas bien”.

Nacieron mis otras dos hijas y vi todas las ventajas prácticas del catolicismo: mi hija mayor, en vez de ir de botellón, estaba en grupos cristianos, así que opté por la vida de cole católico: apuntadas a religión, y yo mimetizada con el resto, pero atea.

Enseguida me separé y entonces mis hijas pequeñas comenzaron a rezar a todas horas. ¡Lo último que me podía imaginar!  Yo enfadadísima porque querían más a la Virgen que a mí… Mientras tanto, yo seguía con mi vida materialista, mis novios, montaba fiestas singles… 

Hasta que se va de viaje a Roma… 

Llega el verano del 2012 y decidí irme de crucero a Roma con mis hijas. Nos daban a elegir entre el Vaticano y el Coliseo. Mis hijas querían ver al Papa, lo último que a mí me interesaba, pero accedí.

Tengo un recuerdo horrible de ese día en el  Vaticano: colas, calor, mis hijas todo el rato pidiendo que les hiciera fotos, posando con las manitas juntas…Yo estaba cabreadísima. Pensaba sacarlas del colegio a la vuelta. De pronto, estaba haciendo una foto y sentí algo que no sé cómo explicar, algo que me inundó. Me caían lágrimas sin parar y lo primero que pensé es que seguía estando casada y vivía en pecado.

Sucedió todo muy rápido y dije a mis hijas:  “Vamos a rezar”, y vi que estábamos justo junto a la tumba de san Juan Pablo II. Caí de rodillas y recuerdo estar ahí mientras mi hija Paula me secaba las lágrimas. El pensamiento que tenía era el de  “he destrozado mi vida, esto no tiene arreglo, me voy al infierno”. 

¿Cómo se libró de ese pensamiento? 

A través de una madre del colegio comencé a acudir a una psicóloga católica que me recomendó hablar con un cura. Para mí, yo estaba excomulgada, sin embargo, la psicóloga me dijo:  “Tú eres tan hija de Dios como yo”, y fue como si se abrieran las puertas.

Una de mis hijas iba a hacer la comunión y una tarde me encontré con su catequista, quien me invitó a ir ese domingo a misa. Y allí que fui. Me pasé toda la misa llorando. Pasó el tiempo y sentía la necesidad de confesarme, y por más que iba a la parroquia de mi barrio, no lo hacía. Hasta que una mañana escuché dentro de mí:  “¿A qué estás esperando? Hoy es el día”.

Nada más llegar le dije al sacerdote:  “He hecho de todo menos robar y matar”, y me respondió:  “¡Gloria a Dios, hoy es fiesta en el cielo!”.  Le contesté que no se había enterado. Y él me dijo: “La que no se ha enterado eres tú”. Y me empezó a hablar de la misericordia. Hasta entonces yo no había oído hablar más que de un Dios que me iba a castigar.  Ese día comulgué y desde entonces no he faltado a misa ningún domingo.

¿Qué supuso la vuelta a la fe? 

Lo dejé todo atrás. He pasado oscuridades, sobre todo al principio, cuando más motivada estaba, y yo, que quería tener amigos católicos, veía que la gente no se acercaba mucho.

Hay quienes no aceptan a los pecadores. Pero el recorrido ha sido maravilloso, yo lo que he puesto han sido las ganas. Han pasado 6 años y lo mejor que me ha pasado en la vida es la fe, el amor a Jesús, tener una familia que es la Iglesia. El regalo de la fe es un pack supergeneroso.

Con frecuencia la gente me dice: “¡Qué suerte, qué experiencia de Dios”. Y yo lo que admiro es a todos los que permanecen fieles sin necesidad del  “subidón” . Esa es la fe de quienes que han hecho la Iglesia; sin las oraciones de los fieles y de los religiosos yo no habría vuelto a la Iglesia.

Únete a El Rosario de las 11 en 

https://www.youtube.com/elrosariodelas11pm

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