Por Javier Lozano
“No pecan”, “son angelitos”, “no necesitan comulgar”… Cuántas veces se han escuchado expresiones como estas sobre personas con discapacidad intelectual con las cuales se justifica su exclusión de los sacramentos. Durante siglos estas personas han tenido restringido el acceso a los sacramentos, y aunque la Iglesia ha avanzado en este camino, todavía hoy existe un gran sufrimiento en muchas familias al ver a sus hijos rechazados bajo pretextos en muchas ocasiones marcados por una visión meramente emotivista.
Para acompañar a las personas con discapacidad hacia los sacramentos nació la Comunidad de Oración Amigos en Jesús Jérôme Lejeune, que se reúne cada semana en la parroquia de santa María Soledad Torres Acosta y san Pedro Poveda de Madrid. “Llevo treinta y tres años dedicado profesionalmente a la discapacidad y he oído muchas quejas de padres al ver que sus hijos eran excluidos, ignorados y apartados de la vida de las -parroquias”, explica a Misión el neuropsicólogo infantilNacho Calderón, uno de los fundadores de esta comunidad. De hecho, aunque lo más habitual es que los problemas se encuentren para los sacramentos de la Confesión y la Comunión, afirma que conoce un caso en el que se negó el Bautismo a un niño con autismo. El argumento del sacerdote era que “no lo necesitaba”.
Sin embargo, este neuropsicólogo recuerda que “negar los sacramentos a algunas personas por el hecho de que tengan una discapacidad, del tipo que sea, sería negar a Nuestro Señor la posibilidad de otorgar su Gracia a estas personas”.
Desmontando prejuicios
Calderón señala el pasaje del Evangelio en el que Jesús mostró su enfado con sus discípulos cuando no dejaban a los niños acercarse a Él, y comenta: “No me quiero ni imaginar cuál hubiera sido su reacción si ellos hubieran impedido a niños con autismo o síndrome de Down que fueran a Él”, añade.
Para desmontar el argumento que tantas familias han escuchado de que sus hijos “no necesitan confesarse”, Calderón incide en que la idea de que por tener alguna discapacidad intelectual no se peca implica “negar la naturaleza humana, pues tan pronto tenemos un poquito de uso de razón nuestro ‘yo’ va a hacer de las suyas”.
Lo mismo ocurre con el sacramento de la Comunión y la manida frase de “no entienden lo que están haciendo”. Asegura que nadie comprende en su totalidad la Eucaristía y afirma que la demostración de esto es que al terminar la consagración el sacerdote dice: “Este es el Misterio de nuestra fe”. Según incide, no hay misterio igual a este. “Pues a fe no vamos a ganar a las personas con discapacidad intelectual. Si sus padres les dicen que el pan deja de ser pan y se convierte en el Cuerpo de Cristo, no lo pondrán en duda. Ellos creen con una sencillez y una convicción que ya quisiéramos muchos de nosotros alcanzar”, agrega.
Las catequesis
En este tiempo, varios jóvenes con discapacidad intelectual de esta comunidad han recibido la primera Comunión y otros también el sacramento de la Confirmación. Para llegar a este gran momento han recibido una catequesis adaptada para ellos, lo que les permite comprender la importancia de lo que van a recibir.
“Las catequesis son muy dinámicas”, afirma Calderón. Les reúnen una vez a la semana para darles formación y después hacen con ellos media hora de Adoración al Santísimo. No es una formación reglada, sino más bien cristológica y eucarística. Aquí entra ya el ingenio. “Usamos murales, marionetas, teatrillos o diapositivas, e intentamos que haya material de manipulación. Por ejemplo, cuando hablamos de Pentecostés cada participante tiene una vela que es encendida por el Espíritu Santo. O para explicar las bodas de Caná usamos colorante en la base de los vasos y al verter el agua queda coloreada…”, explica emocionado ante la reacción que la catequesis tiene en los niños.
Un privilegio
Aunque poco a poco la Iglesia va facilitando la incorporación de estas personas a los sacramentos, Calderón advierte que lo necesario ahora “es que los sacerdotes, y en particular los párrocos, quieran asumir el reto –diría el privilegio– de incorporar a las personas con discapacidad en la vida comunitaria de sus parroquias”.
Porque la experiencia que comparten los miembros de esta comunidad es que reciben más lecciones de las personas con discapacidad de las que otorgan. “Aprendemos de ellos su capacidad para confiar y amar al Señor con esa forma tan genuina, tan parecida al caminito de sencillez de santa Teresita del Niño Jesús”, concluye.

Un corazón blanco
Con la misma alegría que habla de lo especial que resulta para las personas con discapacidad acercarse al sacramento de la Comunión, Nacho Calderón explica cómo los preparan para el sacramento de la Confesión, que no siempre es fácil ya que, por sus dificultades de comunicación, a veces el sacerdote no consigue entender lo que el penitente quiere transmitirle. La Comunidad de Oración Amigos en Jesús Jérôme Lejeune les ayuda a hacer bien el examen de conciencia y a llevar por escrito lo que quieren decir: “Lo anotan en un papel blanco en forma de corazón que entregan al sacerdote y, tras recibir la absolución, el sacerdote les da otro papel en forma de corazón, completamente en blanco, como signo de que su corazón ha quedado limpio. Cuando salen del confesionario vienen con una gran sonrisa”, asegura Calderón.
Artículo publicado en la edición número 76 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





