Fátima, una luz para un mundo oscuro

“El trece de mayo, la Virgen María / bajó de los cielos a Cova de Iría”, reza la canción popular. Y en dos versos, resume el mensaje de Fátima: “Haced penitencia, haced oración / por los pecadores, implorad perdón”. Un siglo después de las apariciones, ¿qué vigencia tiene el mensaje de la Virgen?

Por Darío Chimeno

Fotografía: Cathopic

Cae la tarde en la explanada del santuario de Fátima, en pleno corazón de Portugal, en un día laborable. Celio, de 31 años y de raza negra, pasea junto a Jessica, de 22, quien luce una larga melena roja. La chupa de cuero, las botas y el casco los identifican como moteros. Uno esperaría verlos en el Primavera Sound o en el FIB. ¿Qué hacen aquí? “Somos fieles, sin más. Solemos venir a rezar a la Virgen. Cogemos la moto desde Lisboa, llegamos después de una hora de viaje, rezamos un rato en la Capelinha, y nos volvemos. ¿Qué pedimos a la Virgen? Salud, paz, fuerza… Venir aquí es como recargar la batería del móvil”, aclaran.

Han transcurrido cien años desde que la Virgen se apareció seis veces a Lucía, Francisco y Jacinta, tres pequeños pastores. En este tiempo, el mundo ha sufrido grandes convulsiones: la Revolución rusa, dos guerras mundiales, la guerra civil española, la caída del comunismo, ataques a la vida, el avance del relativismo y del islamismo radical…

Cuando gran parte de estos sucesos estaban apenas germinando, la Virgen del Rosario de Fátima quiso dejarnos sus mensajes, rodeada de una gran luz. Una luz que no ha dejado de alumbrar desde entonces ni al mundo ni a la Iglesia, incluso en los peores momentos de oscuridad.

Hoy “el mensaje de Fátima es una llamada urgente a la conversión y a la penitencia. La petición reiterada de que los hombres no ofendan más a Dios, el dolor de la Virgen como expresión de su no-indiferencia ante los pecados y la llamada a la oración y el sacrificio por los pecadores son a la vez una llamada a la conversión y una afirmación categórica del amor de Dios”, subrayan los obispos portugueses en la carta que han publicado con motivo del centenario.

En el año jubilar del centenario de las apariciones, el santuario ha plantado, en cada acceso, una estructura de madera que es una Puerta Santa. Al atravesarla, se puede ganar el jubileo si se cumplen condiciones habituales (confesión y comunión, oración por el Papa…). También se ha compuesto una oración, que se reparte profusamente en varios idiomas. Y se ha creado un recorrido especial.

Los auténticos milagros

Los peregrinos que llegan a Fátima, aparte de visitar el santuario, pueden asistir a la Eucaristía en la Capelinha –construida a petición de la Virgen–, en la gran basílica del Rosario, o en las múltiples capillas del complejo subterráneo, donde se celebran hasta ocho misas diarias, más las que celebran los innumerables sacerdotes que acuden a Fátima.

Y aunque a muchos los mueve la curiosidad por los tres secretos revelados por la Virgen –que han sido íntegramente revelados por la Santa Sede, el último en el año 2000–, o por los hechos extraordinarios –como el milagro del sol, que ocurrió en 1917 ante 70.000 personas–, Francisco Dos Santos Pereira, quien lleva diez años en Fátima como capellán, explica que “en la entraña del mensaje de la Virgen en Cova de Iría está la penitencia: habla de reparar los pecados y de pedir perdón por las ofensas a su Hijo.

Por eso, cuando llega un peregrino, lo primero es la confesión. Muchos acuden a confesarse después de treinta años sin hacerlo”. Nuno Prazeres, director del Secretariado del Apostolado Mundial de Fátima, lo ratifica: “Los que vienen palpan la cercanía de los sacramentos. Algunos nunca se habían confesado o no iban a misa”.

El padre Pereira concluye: “Aquí se ven pocos milagros físicos. La mayoría son espirituales. Mudanza de conciencia: del corazón y del comportamiento”. ¿Parece poco? En absoluto. Como aseguraban los obispos portugueses en su carta, Fátima “continúa como un lugar de fortalecimiento de la fe y experiencia eclesial. El mensaje de la Virgen nos desafía y anima a seguir el camino de renovación interior”.

¿Qué pasó de verdad aquel 13 de mayo?

El 13 de mayo de 1917 los pastorcitos llevaron a pastar a sus ovejas a Cova da Iria. Al mediodía, una luz muy brillante los deslumbró y vieron que una encina brillaba envuelta en una cegadora claridad. Sobre ella, una figura femenina joven resplandecía como el sol. “No temáis, no quiero haceros ningún daño”, les dijo. Ellos la contemplaron asombrados. Era bellísima.

“¿De dónde sois, Señora?”, se atrevió a preguntarle Lucía. “Soy del Cielo”, respondió Ella. “¿Y qué queréis de nosotros?”, dijo Lucía. “Vengo a pediros que nos encontremos aquí seis veces seguidas a esta misma hora, el día 13 de cada mes. En octubre os diré quién soy y lo que deseo”, respondió Ella.

Lucía continuó preguntando: “¿Venís del Cielo? ¿Iré yo al Cielo?”. “Sí, tú irás”, le dijo la Señora. “¿Y Jacinta?”. “También”, le respondió Ella. “¿Y Francisco?”. “Él también irá, pero tiene que rezar muchos rosarios”, dijo la aparición.

“¿María de las Nieves está en el Cielo? (Una amiga de 16 años que acababa de fallecer)”. “Sí, está”. “Y ¿Amelia?” (Otra amiga). “Estará en el Purgatorio hasta el fin del mundo. (…) ¿Queréis sufrir para obtener la conversión de los pecadores, y reparar las blasfemias y las ofensas hechas al Inmaculado Corazón de María?”, dijo la Señora.

“Sí, queremos”, respondió Lucía. “Vais, pues, a sufrir mucho, pero la gracia de Dios os confortará y os sostendrá siempre”. La Señora concluyó: “Rezad el Rosario todos los días, para alcanzar la paz para el mundo y el fin de la guerra”.

Para ahondar en el mensaje

¿Qué ocurrió realmente entre mayo y octubre de 1917 en Fátima? ¿Quiénes eran los niños videntes, ahora en los altares? ¿Cuáles son los mensajes de la Virgen? ¿Se ha desvelado por completo el “secreto” de Fátima? ¿De dónde viene la predilección de los Papas por Fátima?

En Cien años de Luz (Palabra 2017), Darío Chimeno y José María Navalpotro responden a estas y otras muchas cuestiones, y presentan el testimonio de distintos peregrinos y los datos más relevantes del santuario portugués.

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