Fundación Lázaro Revista Misión

Fundación Lázaro: Cuando jóvenes y personas sin hogar viven como una familia

Vivir juntos con sencillez. Ese es el lema que hay detrás de este proyecto: la Fundación Lázaro, que promueve pisos compartidos entre jóvenes y personas sin hogar.

Por Marta Peñalver
Fotografía: Dani García

Artículo publicado en la edición número 62 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

En pleno barrio madrileño de la Justicia, a unos metros de la Audiencia Nacional y del Tribunal Supremo, hay un piso que bien merecería la notoriedad de sus edificios vecinos. Su singularidad no reside en sus inquilinos y visitantes, sino en la relación que se da entre ellos: una unión fraterna que les convierte, siendo a priori polos opuestos, en una familia. Y es que la Fundación Lázaro promueve pisos compartidos entre voluntarios y personas sin hogar. La única condición es vivir juntos, con sencillez.

“Somos compañeros de piso, todos pagamos un alquiler, ponemos una cantidad fija al mes para la comida, que es compartida, y nos repartimos las tareas domésticas”, explica Bernabé, uno de los voluntarios. Además, se comprometen a hacer una cena fraterna a la semana, donde se organizan las tareas y se comenta cualquier problema o situación extraordinaria que se haya podido dar. Cena a la que, esta noche, invitan a sentarse al equipo de la revista Misión. Antes de probar la tortilla de patatas y las albóndigas que nos han preparado, nos van contando sus historias.

“Compartir piso con gente que no tiene mis valores no me llenaría como me llena vivir aquí”

Tortilla con historias
Bernabé llegó aquí gracias a un amigo que le habló de la fundación. “Estaba buscando piso y cuando mi amigo me habló de este proyecto, enseguida supe que era perfecto para mí. Tenía el deseo en el corazón de vivir una experiencia parecida: un piso abierto donde compartirlo todo… Fue un sí rotundo”.

Fernando trabaja limpiando oficinas. Entra a las 6:30 h y cuando sale del trabajo “estoy disponible para lo que digan. Como en una familia, vamos”. Hasta hace pocos meses vivía en la calle. No esconde que no siempre es fácil la convivencia, pero reconoce que esta oportunidad no se encuentra todos los días. “Aún estoy en proceso de considerarlo familia, la verdad”, dice con sinceridad. Su actitud es la de quien ha sufrido mucho y todavía se está adaptando a esta nueva vida, pero sus compañeros le tratan con un cariño infinito.

Miguel y José son voluntarios y han llegado hace poco más de un mes al piso, pero ya se sienten uno más. “Vivir aquí es como vivir en familia”, asegura Miguel. Y no lo dice solo porque Bernabé sea su hermano, sino porque acaba de mudarse de Canarias y en medio de la vorágine que es Madrid encuentra en este piso un remanso de paz.

José cursa una beca Séneca (una Erasmus entre ciudades españolas). Como cualquier joven que hace un intercambio podría haber buscado un piso de estudiantes o una residencia, pero prefirió esta opción porque, asegura, “compartir piso con gente que no tiene mis valores no me llenaría como me llena vivir aquí”.

A su lado en la mesa se sienta Álvaro, estudiante en la Universidad Francisco de Vitoria que está haciendo sus prácticas sociales. Viene un día a la semana al piso a ponerse a disposición de la fundación en lo que haga falta. “Estoy encantado. Me encanta la causa y vengo feliz cada miércoles”, nos explica.

Compartir vida y oración
La condición es que todos vivan como en familia. Los voluntarios, además, se comprometen a rezar laudes juntos cada día frente al sagrario que tienen en una pequeña capilla que hay en el piso. “Es una gracia vivir con la presencia real de Cristo en tu propia casa”, dice Bernabé. Por eso, es una condición para ellos que sean creyentes. Gracias a eso, en esta casa, se nota la fuerza de un compañero omnipresente: el Espíritu Santo.

Para los acogidos no existe esa condición, aunque Ricardo –el chef que nos ha preparado el menú– asegura que él cree en Dios y que una de las cosas más emocionantes que ha vivido ha sido conocer al Papa. Fue en mayo, cuando varios acogidos de distintas casas de la fundación, en todo el mundo, presentaron a Francisco las preguntas de miles de personas sin hogar que Lázaro recopiló gracias a una macroencuesta mundial. “Estuvimos cuatro horas con él a puerta cerrada haciéndole preguntas y contestó a todo. Hasta se pasó del tiempo que nos habían dado para responder a todo lo que traíamos”, relata maravillado. “Y sin seguridad, allí solo estábamos nosotros y él. No le íbamos a hacer nada, ¡claro!”, explica orgulloso ante la confianza depositada en ellos.

Su cara se ilumina cuando habla de quienes se han cruzado en su camino en la asociación Luz Casanova (a través de quienes llegó al piso) y en Lázaro: “Me tratan como a una persona. Somos realmente una familia”. Está prejubilado, y como pasa mucho tiempo en casa, además de hacer las tareas que le toquen, apoya a sus compañeros “en todo lo que puedo”. Además, escribe cuentos.

“En Lázaro me tratan como a una persona. Somos realmente una familia”

“Da pan al que no tiene”
Nos disponemos a cenar. Han preparado la mesa contando con el equipo de Misión. Ricardo bendice la mesa. En su plegaria incluye una petición: “da pan al que no tiene”. Se sabe afortunado y no se olvida de aquellos que no tienen tanta suerte. La comunión que se da entre ellos no se comprende si no atendemos a una simple y llana realidad: el pegamento que une a estos cinco compañeros se llama fe y los lleva a tratarse como verdaderos hermanos.

¿Cómo puedo ayudar?
Lázaro nació en Francia hace 10 años. El proyecto ideal es un edificio en el que haya pisos de chicos, pisos de chicas y uno para la familia responsable, que se encarga de supervisar las nuevas incorporaciones, hace de nexo entre fundación e inquilinos y está disponible ante cualquier necesidad. Pronto habrá un edificio en Madrid y otro en Barcelona, y para sacar adelante el proyecto necesitan:
Voluntarios residentes (para compartir estos pisos) y voluntarios no residentes (familias encargadas, servicios profesionales, mantenimiento, ocio, gestión, etc.).
Personas que den a conocer el proyecto entre sus amigos o en entidades especializadas en personas sin hogar.
Donativos en metálico y/o en especie para reformar los edificios. Por transferencia (cuenta número: ES15 2100 3737 0822 0029 2112) o por Bizum (código: 01597).

Artículo publicado en la edición número 62 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

¿Te ha gustado este artículo?

Para que disfrutes de más historias como esta

ARTÍCULOS RELACIONADOS

ARTICULOS DE INTERÉS

ARTICULOS DE INTERÉS

ÚLTIMA EDICIÓN

JUNIO, JULIO, AGOSTO 2022

JUNIO, JULIO, AGOSTO 2022