Descanso en los padres de la Iglesia

Hijos de un Dios que descansó

Cuidar y santificar las vacaciones está en el corazón de la tradición de la Iglesia

Por José Antonio Méndez

Artículo publicado en la edición número 64 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Cuidar el descanso como tiempo para Dios, para uno mismo, para la familia y para la caridad forma parte de la enseñanza de la Iglesia desde los albores del cristianismo. Y esa voz de los padres del desierto, de los grandes fundadores, de santos, Papas y concilios resuena hoy con más fuerza ante el ritmo frenético de la vida actual.

San Pacomio (s. III)

Descansar frena las tentaciones

Este santo padre del desierto fue el primero en crear una regla de vida para los monjes de los primeros cenobios. A pesar de la fama de santidad que tenían en su tiempo los grandes anacoretas, capaces de pasar días enteros en vela sumidos en oración, Pacomio recomendaba orar, trabajar y descansar bien, a partes iguales. Para el común de los mortales, venía a decir: no cuidar el descanso afecta a la salud del cuerpo y del alma, y multiplicalas tentaciones, “pues durante la noche, y a esas horas [de descansar], se concede más a la debilidad del cuerpo”.

Eusebio de Alejandría (s. IV)

Alabar y descansar como Dios lo hizo

Uno de los autores ascéticos más influyentes entre los padres de la Iglesia recordaba que los hijos de Dios, que “descansó al séptimo día” de la creación, deben imitarle a Él en la capacidad de descansar… ¡Especialmente santificando el domingo!: “Lo hemos dicho con frecuencia: este día os es dado para la oración y el descanso. (…) La tradición conserva el recuerdo de una exhortación siempre actual: venir temprano a la iglesia, acercarse al Señor y confesar los pecados (…) y asistir a la sagrada y divina liturgia […] Es el día que ha hecho el Señor: ¡en él exultamos y nos gozamos!”.

San Benito (s. V)

Promotor de la siesta

El santo que dio forma a la vida monástica e impulsó la unidad europea tras la caída del Imperio romano es también el patrón de la siesta. ¿El motivo? Dividir en tres franjas de 8 horas las jornadas de los monjes (oración, trabajo y descanso), para evitar tanto la pereza como la soberbia. Así lo fijó en su Regla: “La ociosidad es enemiga del alma. Por eso los hermanos deben ocuparse en ciertos tiempos en el trabajo manual, y a ciertas horas en la lectura espiritual. (…) Y cuando se hayan levantado de la mesa, descansen en sus camas con sumo silencio, y si alguno quiera leer, lea para sí, de modo que no moleste a nadie”. 

Gaudium et Spes (1965)

Evangelizar incluso el turismo

Un documento clave del Concilio Vaticano II, promulgado por san Pablo VI, animaba a vivir con coherencia cristiana y celo apostólico en toda ocasión… también en las vacaciones: “Empléense los descansos oportunamente para distracción del ánimo y para consolidar la salud del espíritu y del cuerpo, ya sea entregándose a actividades o a estudios libres, ya a viajes por otras regiones –turismo–, con los que se afina el espíritu y los hombres se enriquecen con el mutuo conocimiento”. Y anima también a practicar actividades deportivas, para conservar el equilibrio espiritual, y culturales, “impregnándolas de espíritu cristiano”.

El Catecismo (1992)

Descansar y cuidar del otro

El gran proyecto de san Juan Pablo II, para el que contó entre otros con el entonces cardenal Ratzinger, fue compilar toda la enseñanza católica en el Catecismo de la Iglesia. El texto, aprobado en 1992, recuerda, sin remilgos, que el domingo ha estado tradicionalmente consagrado por la piedad cristiana a realizar obras buenas “de servicios a los enfermos, débiles y ancianos;al cultivo de la vida interior, dedicando tiempo a la reflexión y al silencio”; y, esencial, a volcarse en la familia: “Los cristianos deben santificar el domingo dedicando a su familia el tiempo y los cuidados difíciles de prestar los otros días de la semana”.  

Artículo publicado en la edición número 64 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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