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Masa madre

Isis Barajas: “La promesa nos abre a la sorpresa, a la acogida, al agradecimiento por lo que nos es dado”

Por Isis Barajas / Ilustración: Carmen Goel

Artículo publicado en la edición número 71 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Al ritmo de la masa madre

Hace poco aprendí a hacer masa madre. No tiene mucho misterio, aunque sí requiere cierto tiempo de espera. Empiezas mezclando harina y agua a partes iguales, y cada 24 horas vas añadiendo un poco más de cada cosa. Así, durante seis o siete días, hasta que la masa sea capaz de burbujear y duplicar su tamaño en apenas unas horas. Esa masa maravillosa contiene levaduras y bacterias naturales que son capaces de hacer fermentar un pan sin necesidad de añadirle ningún químico. Los panes elaborados con masa madre son más saludables, más fácilmente digeribles y, además de esponjosos, están riquísimos. Eso sí, necesitan horas para fermentar, no son instantáneos. Si tienes prisa tendrás que usar levadura comercial; con masa madre toca esperar.

No soy ninguna experta culinaria y, como comprenderás, este artículo no va de cocina, así que confío en que no intentes hacer masa madre con las instrucciones que yo doy aquí. Probablemente, acabaría en fiasco. Pero si traigo hoy a colación la masa madre es por lo mucho que me ha dado para pensar últimamente. Las cosas más maravillosas de la vida requieren espera, esa acción premeditada que hoy ha caído en desuso. Y es que ahora –nos decimos– no tenemos tiempo para ponernos a esperar (será que a nuestros antepasados les sobraba…).

El ritmo de la naturaleza va siempre acompañado de tiempos de espera, como ocurre con los cultivos o los periodos de floración. Nueve meses, sin ir más lejos, lleva gestar una nueva vida. Pero hoy no queremos esperar. Por eso, es posible encontrar fresas en otoño, se recurre a la anticoncepción en vez de conocer y adecuarnos a los ciclos de fertilidad de la mujer, o se usa oxitocina sintética para acortar el trabajo de parto.

“La espera supone adecuarse a un ritmo que no controlamos nosotros, significa acoger lo que nos es dado y sólo en caso de que nos sea dado”

Cada vez intervenimos más los procesos que nos vienen dados por naturaleza. Imagino que pensamos que nosotros lo podemos hacer mucho mejor.  Y es que la espera supone adecuarse a un ritmo que no marcamos ni controlamos nosotros, significa acoger lo que nos es dado cuando nos es dado y sólo en el caso de que nos sea dado. Supone acoger la vida y no fabricarla en una probeta; supone recoger el fruto cuando esté maduro y no traerlo de la otra punta del planeta; significa, al fin y al cabo, vivir de la promesa y no de nuestros planes.

Cuando escucho que para casarse hace falta tener un proyecto de vida no puedo evitar sonreírme. Es fabuloso y necesario hablar de lo que deseamos y esperamos, por supuesto que sí, pero confiar nuestra vida a nuestro propio proyecto es otra cosa. Bastan unos meses, o quizá años, para que ese proyecto se caiga por sí mismo. Cuando basamos la vida en nuestros planes sentimos que hay cosas que nos son debidas. Queremos controlar la vida, dominar la naturaleza y sus procesos, ser creadores de nuestra propia existencia. Y cuando no podemos, vienen la angustia y la gran decepción.

La promesa, en cambio, nos abre a la sorpresa, a la acogida, al agradecimiento por lo que nos es dado. Nos casamos con la promesa de una felicidad plena, unidos en exclusividad y para siempre, sin saber si mañana podremos tener hijos o no, si sobrevendrá una enfermedad física o mental, si viviremos en un piso en el centro o en una casa unifamiliar a las afueras. La apertura a la promesa hace que la espera se convierta en esperanza, que la vida se vuelva un don emocionante, incontrolable y maravillosamente impredecible.

Mañana no podré hornear pan en casa. Hoy se me ha olvidado sacar la masa madre de la nevera a tiempo para formar y fermentar la hogaza las horas necesarias. Podré ir al súper y comprar una industrial, claro que sí; pero si quiero pan de verdad me tocará esperar un día más.  

Artículo publicado en la edición número 71 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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