José Manuel y Pablo, como muchos padres e hijos, comparten la afición por correr. Pero Pablo, afectado por una profunda parálisis cerebral, lo hace en una silla de ruedas que José Manuel empuja con alegría y fe desbordantes. Su historia inspira a miles de personas en todo el mundo.

Por Blanca Ruiz Antón

 

José Manuel Roas es sevillano, profesor y padre de cinco hijos. Y se define como  “un cobarde”  porque aún recuerda el sábado de 1988 en el que decidió dejar de preparar las oposiciones de Educación Especial “por miedo, porque pensé que el Señor me estaba preparando para tener un hijo con discapacidad”.
Al final, aprobó unas oposiciones para profesor y tuvo tres hijos sanos. Pero el cuarto, Pablo, nació con Síndrome de West, una enfermedad rara que afecta al sistema nervioso, y que el niño padece en un grado profundo.
“Pablo ni habla ni va a hablar, ni camina ni va a caminar. Tiene una discapacidad muy grande y no puede ni cambiar de postura por sí mismo. Incluso duerme con mi mujer y conmigo porque no puede darse la vuelta solo”, explica su padre. 

“A veces nos preguntan si creemos en Dios a pesar de Pablo. Y, de corazón, siempre contestamos que precisamente por él creemos más”

Su primera carrera
A pesar de que el joven casi no responde a estímulos, hay algo que está claro: le encanta correr. Lo descubrieron hace diez años, una tarde en que José Manuel estaba preparado para salir a correr, pero nadie podía quedarse a cuidar de Pablo. Así que decidió llevarle a correr con la silla… y ahí comenzó su gran historia. 
Durante aquel primer recorrido, Pablo iba sentado derecho en su silla, a pesar de que le cuesta mucho mantenerse así. José Manuel comenzó a cantarle y él levantó los brazos. Cuanto más le cantaba, más corría y más contento estaba Pablo.
“Un hijo con discapacidad es como tener la oportunidad de ver el milagro de que el Mar Rojo se abre y lo imposible se hace posible”
En 2007 fue su primera carrera oficial juntos: la Nocturna del Guadalquivir, en Sevilla. “Me llevé a Pablo casi sin permiso de mi mujer, que no estaba muy convencida porque habría mucha gente y no sabía cómo iba a reaccionar, pero yo sabía que él se lo pasaría muy bien, y así fue”, explica José Manuel.
Desde entonces son innumerables las carreras que han hecho juntos, entre las que se incluyen seis maratones y la Maratón de Nueva York, a la que fue toda la familia.
“Es maravilloso compartir esta afición con Pablo y con mis otros hijos. Cuando vamos en carrera, le digo:  ‘¡Pablo, choca!’  Y él levanta las manos y ríe, y la gente aplaude.  A mí se me saltan las lágrimas porque es un milagro”, dice.
Y añade: “Tener un hijo como Pablo es un privilegio. En cada marcha hay mil personas que se ofrecen a llevar el carro, pero no les dejo y les pido que no se molesten, porque correr con la silla de ruedas de mi hijo para mí es mi privilegio, no un sacrificio”.
“Pablo nos hace humanos”
José Manuel no oculta que su vida es complicada y que hay días tan duros como nunca pensó que viviría; pero en ellos ve cómo “Dios no abandona y está cerca de los débiles, y Pablo es débil por excelencia. Me inspira muchísimo y aprendo de él.
Es impresionante su capacidad de querer, de perdonar, de ser generoso… En él se encuentran el amor y el perdón de una manera pura, y eso es lo que nos hace humanos”, apunta.
Según precisa, tener un hijo con discapacidad es similar al momento en el que “Israel escapa de Egipto y tiene detrás a las tropas del faraón, y delante el Mar Rojo. Un hijo con discapacidad es algo así como tener la oportunidad de ver el milagro de que el Mar Rojo se abre y lo imposible se hace posible.
Hoy me veo en primera línea, junto a mi mujer y mis hijos, siendo el mismo cobarde de siempre, pero viviendo una vida que parecía terrible y no lo es… y me sorprendo. Por eso digo que es un milagro”. 
Y con esa fe bíblica, José Manuel da gracias a Dios todos los días por cada uno de sus hijos:  “A veces nos preguntan si creemos en Dios a pesar de Pablo. Y, de corazón, siempre contestamos que precisamente por él creemos más. Para nuestra familia, Pablo es una bendición y nuestro punto de unión”.

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