Artículo publicado en la edición número 74 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.
Por Isabel Molina Estrada
En un momento de la historia en que la virginidad es uno de los dones menos apreciados, aproximarse al dogma de la Perpetua Virginidad de María resulta osado y, cuando menos, llamativo. Sin embargo, el padre Félix López, SHM, doctor en teología dogmática, decidió estudiarlo a fondo, y así lo consignó en su tesis doctoral. “Cuántas veces se ve por ahí en grafitis: ‘la virginidad es una enfermedad, vacúnate’, invitando a las jóvenes a perder su virginidad”, comenta este sacerdote a Misión. Sin embargo, él explica que la consagración en la virginidad, como hizo la Virgen María con su entrega total a Dios, es una de las grandes novedades que aporta el cristianismo, a la vez que un enorme caudal de gracias.
En el Antiguo Testamento el valor de la mujer pendía de su maternidad. ¿Cómo se entiende que la Santísima Virgen María, mujer judía, hubiera querido renunciar a tener hijos para consagrar su virginidad a Dios?
Es una gran novedad. El papa san Juan Pablo II decía que no podemos encuadrar a la Virgen María sin más en su cultura. Ella es la Inmaculada, y realiza esa opción de virginidad iluminada por el Espíritu Santo, de cara a la misión que Dios le tenía reservada, aunque cuando lo hace lo único que quiere es vivir sólo para Él.
¿Qué aportó el cristianismo al concepto de virginidad?
Ya en el Antiguo Testamento se habla de virginidad, pero esta sólo cobra fuerza y vigor con Jesucristo, en su dedicación total al Padre y a la Iglesia. Por eso, en el cristianismo, quien consagra su virginidad en la vida religiosa abraza el mismo estilo de vida de Jesucristo.
¿Por qué podemos afirmar que María es virgen en el pleno sentido de la palabra, no sólo en sentido espiritual?
El Evangelio, en san Lucas 1, 26, lo afirma: “Una virgen desposada con un hombre llamado José”… “el nombre de la virgen era María”. La propia Virgen le pregunta al ángel: “¿Cómo será esto si no conozco varón?” … Si pensara tener relaciones con san José sería absurda la pregunta. También el Credo desde los inicios de la Iglesia ha contenido la expresión: “Nació de santa María Virgen”. Además, Juan Pablo II explica que cuando usamos el término “virgen” entendemos lo que todos entienden: una realidad física que tiene un contenido espiritual que la justifica.
¿Cuál es ese contenido espiritual?
La dedicación total a Dios. Un corazón virgen es un corazón indiviso, que es sólo del Señor. Y no es porque la Iglesia tenga una visión negativa de la sexualidad. Ya padres como san Agustín o san Gregorio de Nisa tienen textos enteros que alaban la sexualidad humana. El mismo san Agustín distingue la virginidad del cuerpo y la del alma. Pone el caso de unas religiosas que son violadas por los bárbaros, y dice que han perdido la virginidad del cuerpo, pero ante Dios siguen siendo vírgenes. La virginidad de María se refiere a la integridad corporal y espiritual, a las dos, porque si la virginidad es también un signo, si no fuera real, si no tuviera una realidad en la carne, no podría significar nada.
“La virginidad de María se refiere a su integridad corporal y espiritual”
La parte más incomprendida de este dogma es la virginidad durante el parto. ¿Por qué?
Hace un par de años en Valencia una diputada presentó un parto salvaje de María en el que aparecía san José de “partera”. Eso es una falta de respeto al sentido del misterio y a lo que enseña la Iglesia. Con la mentalidad actual se busca acercar a María a la experiencia de la maternidad de la mujer a través del dolor. Sin embargo, al igual que con otros misterios donde la gracia toca la carne, como la Resurrección o la Asunción, la fe no nos explica cómo ha sucedido, pero nos dice: es real y pertenece al depósito la fe.
¿Se podría intentar desentrañar un poco más este misterio?
Siendo algo tan íntimo, no sería conveniente entrar en detalles inapropiados. Por eso, la Iglesia utiliza imágenes bellas, poéticas, como en el Catecismo de Trento cuando dice que es como “el rayo de luz que atraviesa el cristal sin romperlo ni mancharlo”. Esta expresión refleja que es algo sublime, pero a la vez muy real. La fe de la Iglesia conjuga la virginidad perfecta con la realidad de la carne de Cristo.
¿Qué importancia tiene que María permanezca siempre virgen?
Ella recibe la virginidad antes del parto y en el parto como un don de Dios: “El Hijo al nacer no rompe la virginidad de la Madre, sino que la consagra”, dice la liturgia. Y al permanecer virgen el resto de su vida, María mantiene ese perfume del Espíritu Santo. El dogma de la virginidad está vinculado a la cristología: Cristo es verdadero hombre porque María es verdadera Madre; y es Dios, porque Ella concibe y da a luz virginalmente a su Hijo.
¿Cómo cree que vivieron la Virgen y san José el Nacimiento de Jesús?
A san José lo imagino cerca en oración, pero al mismo tiempo apartado, respetando el misterio del nacimiento del Hijo de Dios, al que la Madre Virgen da a luz. Y para la Virgen, ese momento debió ser como un éxtasis que la sacara fuera de sí. Una plenitud de amor, gozo y adoración. Siempre me gusta imaginar su cara la primera vez que vio el rostro de Dios hecho hombre… El Evangelio dice que Ella “lo dio a luz y lo envolvió en pañales”. Algunos ven en esta frase la expresión de un parto virginal: tras dar a luz es capaz de envolver al Niño Ella misma.
¿De qué manera está este dogma ligado a los otros 3 dogmas marianos?
La unidad entre todos los dogmas marianos se condensa en la palabra “incorrupción”. Incorrupta, sin conocer el pecado, por la Inmaculada Con-cep-ción. Incorrupta en su virginidad perfecta, en el sentido de que no se rompe algo físico ni en la concepción ni en el parto. E incorrupta en su Asunción, porque su cuerpo santo y virginal no conoce la corrupción del sepulcro. A la vez, la Maternidad Divina es causa de los otros dogmas: María es Inmaculada para que de su carne sin mancha nazca el Cordero que quita el pecado del mundo; y da a luz de forma virginal para que se vea que su Hijo es Dios y hombre verdadero, y Ella, Madre y Virgen verdadera.
“Me gusta imaginar la cara de la Virgen cuando vio el rostro de Dios hecho hombre”
¿Hay algo más que quiera añadir sobre este don de la virginidad de María?
Simplemente, añadir que la primera virgen es la Santísima Trinidad, como explicó san Gregorio de Nisa en el s. iv, porque Dios Padre al engendrar al Hijo no sufre ninguna mutación. De ahí que el parto virginal de María sea una representación en el tiempo del nacimiento eterno del Hijo. Además, es importante comentar que cuando Jesús dice que “en el Cielo no tomarán marido ni mujer”, muestra que la persona célibe (un sacerdote, una virgen consagrada), hace visible ahora lo que será nuestra vida definitiva en el Cielo. Por eso, el matrimonio es un sacramento para la tierra, porque termina; en cambio, la virginidad no es un sacramento, sino una anticipación del Cielo, la vida definitiva.

MARÍA, LA SIEMPRE VIRGEN
El padre Félix López explica que san Epifanio de Salamina en el siglo iv es el primero que usa el término “siempre Virgen”, que es como la Iglesia va a designar desde entonces a María. Esa perpetua virginidad se divide en tres momentos, como explica san Juan Pablo II: 1. La concepción virginal: María concibe a su Hijo sin concurso de varón, por obra del Espíritu Santo. 2. El parto: María da a luz verdadera y virginalmente a su Hijo, también por lo que respecta a la integridad de la carne, tal y como han enseñado diversos Padres y Concilios. San Ignacio de Antioquía y san Ireneo hablan explícitamente de la virginidad de María en el parto, y el Concilio Vaticano II recoge una oración del siglo vi que dice que el Verbo al nacer no sólo no menoscaba la integridad de su Madre, sino que también la santifica, la consagra. 3. Después del parto: María permanece virgen hasta su muerte tras dar a luz al Señor.
Artículo publicado en la edición número 74 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





