Por Margarita García
Artículo publicado en la edición número 36 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.
Más de 10.000.000 de personas están presas en 22.000 cárceles en todo el mundo, una población a la que la Confraternidad Carcelaria Internacional (Prison Fellowship International) quiere anunciar que la verdadera libertad está en el perdón. Esta organización no gubernamental reúne a católicos, evangélicos y ortodoxos, y está presente en más de 125 países en todo el mundo. Fue fundada en 1976 por Charles Colson, un exfuncionario de la Casa Blanca que cumplió condena por un crimen relacionado con el caso Watergate. De prisión salió convencido de que no iba a servir nunca a “dos señores” y de que la auténtica reinserción es la que incluye la renovación espiritual, a través del encuentro con Cristo. A España llegó CONCAES (Confraternidad Carcelaria de España) de la mano de Carmen Rubio, que a través de la Renovación Carismática se involucró en este proyecto de evangelización en las prisiones. “Empecé visitando a los presos que venían al hospital penitenciario de Madrid, y allí orábamos por y con ellos. Pusimos en marcha los seminarios de vida en el espíritu propios de la Renovación Carismática y de allí surgió la idea de formar parte de la Confraternidad Internacional, a la que nos asociamos en 1990”. De esto hace ya 25 años. Desde entonces, son muchas las conversiones de las que Carmen ha sido testigo. Recuerda que en una de aquellas visitas a la cárcel invitó a un preso a rezar con ella y él, burlándose, le respondió: “¿Acaso usted no sabe con quién está hablando?” Carmen, que dice no ver el pecado cometido sino al pecador, le contestó: “Tú eres mi hermano, hijo de Dios, como yo”. El preso, asombrado, le espetó: “¡Soy el carnicero de Ventas! ¿Cómo voy a ser hijo de Dios?”. Y fue comenzar a rezar el padrenuestro y “salir el niño de dentro: comenzó a llorar y a llorar” . “Entonces –añade Carmen– te das cuenta de que quien mata lleva dentro una fuerza satánica, porque el pecado ciega, en cambio Dios ama por encima de todo”. Con esta frescura, y sin ningún prejuicio, predicaba también sor Mari Luz, “Sor Tripi”, hermana de la Caridad, con quien Carmen empezó su aventura. “Les daba mucho cariño a los reclusos” , recuerda Carmen al hablar de esta religiosa que falleció el año pasado: “Los presos le pusieron este nombre porque parecía estar ‘colocada’ cuando alababa a Dios y predicaba su amor a gritos en el patio de la cárcel”.
Peregrinación del prisionero
Uno de los proyectos que CONCAES tiene en marcha es La Peregrinación del Prisionero (LPP), un viaje para conocer a un compañero encarcelado: Jesús de Nazaret, quien estuvo preso las últimas horas de su vida en la Tierra. A través del evangelio de san Marcos, se les muestra a los presos que Jesús, al igual que ellos, también sintió soledad, temor y abandono. Este curso de ocho sesiones sobre el cristianismo gira en torno a las preguntas: ¿Quién es Jesús? ¿Por qué vino a la Tierra? y ¿Qué significa seguirlo? Esta campaña, llevada a cabo por voluntarios capacitados, va a comenzar en España en las cárceles de Estremera y Navalcarnero. Su objetivo es lograr llegar al 4 por ciento de la población reclusa española, es decir, a 2.500 presos.
“El que vive en la cárcel del odio está más en la cárcel que quien cumple una condena”
Isabel –nombre ficticio para preservar su identidad– pasó tres años en una cárcel española por un delito por tráfico de drogas. “Tenía un hijo y quería sacarlo adelante, así que en el momento en que me ofrecieron llevar un paquete de droga a cambio de 250.000 pesetas, ni lo pensé, pero al llegar al aeropuerto, nos cogieron. Me cayeron ocho años, de los que cumplí íntegros tres” . En ese tiempo, Isabel vivió el abandono total de su familia, pero encontró en Cristo la esperanza, gracias al capellán y a la pastoral penitenciaria de entonces. Isabel, que en la actualidad es monja contemplativa, echa la vista atrás y recuerda su paso por la prisión como un tiempo horrible, pero maravilloso a la vez: “Allí tuve mi primera experiencia del Dios real que me decía ‘soy el pañuelo que recoge tus lágrimas. Ten fe’”.
Tras la salida de la cárcel no se vive un proceso fácil. Eduardo Cozar, director de CONCAES, señala que el problema de la reinserción está en el entorno al que vuelves y, en el caso de Isabel, al verse sola y desubicada, cayó en las drogas. Afortunadamente, pronto conoció a Carmen Rubio y la Confraternidad, que trabaja también por conseguir una auténtica reinserción de los expresidiarios, y fue entonces cuando cambió de vida de forma radical: “Cambié la discoteca por la Cristoteca, el templo en el que todos los viernes hacíamos adoración al Santísimo”.
El perdón devuelve la libertad
Carmen cuenta el caso de una madre cuya hija había sido violada y asesinada el mismo día que cumplió 15 años. “La madre estaba llena de odio –relata Carmen–, y es que, en todo delito, tanto el delincuente como el agredido son víctimas, porque el que vive en la cárcel del odio está más en la cárcel que quien está cumpliendo la condena” . Esta mujer conoció, gracias a Confraternidad Carcelaria, el proyecto Árbol Sicómoro, basado en el pasaje evangélico de Zaqueo que, sintiéndose amado por Jesús, repara todo el daño que había hecho hasta el momento. Esta alternativa a la justicia penal actual se denomina “justicia restaurativa” y va mucho más allá de reparar el daño material. “Consiste –explica Eduardo– en introducir a la víctima en el proceso de justicia. Se le escucha y se le ayuda a que pase página, a que entienda los porqués y, en última instancia, a que pueda perdonar. Esto fue lo que ocurrió con esta madre que, tras un proceso de reconciliación acompañado por la Confraternidad Carcelaria de su país, visitó al asesino de su hija, lo perdonó, lo abrazó y, cuando salió de la cárcel, ella misma le abrió las puertas de su casa.
La madre de una chica de 15 años asesinada perdonó al agresor y, cuando este salió de la cárcel, le abrió las puertas de su casa
Este proyecto, Árbol Sicómoro, es lo que ha dado origen a Building Bridges (Construir Puentes) un nuevo proyecto que CONCAES está desarrollando. Ana Escalona, su directora, explica que se trata de adaptar esta iniciativa a presos de todas las culturas y de distintas religiones, pero “siguiendo la misma idea del perdón que libera y les hace sentir mejor”.
Justicia restaurativa
Confraternidad Carcelaria de España se dedica a paliar los efectos del delito, atendiendo tanto a la víctima como al agresor y a su familia. “Encerrar a todos los agresores a 50 km de las ciudades no es la solución a la delincuencia –reclama Eduardo Cozar–, habrá que ir a la raíz del problema, y eso es lo que tratamos de conseguir con los proyectos de justicia restaurativa”. Dentro de la cárcel, llevan a cabo talleres de lectura, de inglés o de correspondencia. De este último, resalta Teresa Gil, coordinadora de La Peregrinación del Prisionero (lpp), que recibir una carta “es el único contacto de muchos presos con la vida exterior y les consuela mucho”. Además, desde concaes atienden a las familias de personas en prisión repartiendo alimentos o trabajando con los niños, “y para toda esta labor nos hacen falta financiación y voluntarios, especialmente para La Peregrinación del Prisionero. Recibimos mucha ayudas de parroquias y bienhechores –explica Gil–, pero todavía hay proyectos que no podemos llevar a cabo por falta de dinero”.
Para apuntarse como voluntario o donar: www.concaes.com
“Me cuesta reconocer la persona que fui»
DE LA CÁRCEL A LA CLAUSURA
“Con 7 años supe que quería ser monja, pero no sé por qué vivía siempre haciendo lo contrario”. Este es el principio de la historia de esta monja contemplativa, que responde con el nombre ficticio de Isabel. Su vida ha estado marcada por la culpabilidad: “he sido mi peor enemigo. Tenía tanta necesidad de afecto que me entregaba al sexo sin pensar en las consecuencias”. Así fue como se quedó embarazada a los 16 años, “no aborté porque no tenía medios, ahora veo que ahí Dios me protegió”. Con la intención de darle un buen futuro a su hijo, aceptó acompañar a una amiga que llevaba un paquete a Canarias por 250.000 pesetas y “por esta mala decisión, me cayeron ocho años”. En la cárcel se centró en la ayuda religiosa y, gracias a los trabajos que desempeñó, logró la libertad tres años después.
Pero al salir, el choque con la realidad la hizo sentir muy sola y desorientada. “Fuera de la cárcel estaba tan mal que empecé a esnifar coca. Cada día necesitaba más, pero Dios dispuso que mi hijo, que estaba con mis padres, volviera conmigo. Fue tal la responsabilidad en la que me vi, que instantáneamente dejé la droga”.
Su conversión ha sido un proceso largo en el que ha jugado un papel clave con- caes. Conoció la Confraternidad al salir de prisión a través de Carmen Rubio, su fundadora en España, quien le espetó en uno de los encuentros de la Con- fraternidad: “El Señor pregunta que cuánto hace que no te confiesas”. Entonces comenzó la sanación. “Después de horas de confesión, estaba contentísima y, estando junto al Santísimo, recibí una luz muy grande que me tiró al suelo, fue el descanso en el Espíritu”. Después no cesó de llorar, pero sus lágrimas nunca habían sido de tanto gozo. “Una cosa en la que cambié, y lo notó enseguida la gente, es que yo apenas hablaba; ahora, ¡todo lo contrario! Me cuesta hasta reconocer la persona que he sido”.
Hace apenas cuatro años, estando en el convento, empezaron a venirle a la mente imágenes de su infancia que le han descubierto el porqué de toda su historia: “Con nueve años abusaron de mí, me habían herido. Y más difícil que lacárcel ha sido el perdón a esas personas de las que estoy recordando los nombres y las caras. Pero he podido hacerlo: las he perdonado”. Isabel no le echa a Dios nada en cara, al contrario, “sin esta historia de sufrimiento no habría conocido a Cristo. he participado un poco de Su cruz».
Artículo publicado en la edición número 36 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





