Lola y Diego, dejan sus trabajos para crear de ‘The Fishermen’ y hacerse ‘pescadores de hombres’

Son los creadores de una exitosa tienda online con diseños para evangelizar
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Por Rut Sanchez

Han llegado a tener más de 34.000 seguidores en Instagram y una tienda online cada vez más exitosa, pero ¿cómo era la fe de Lola de niña?

Recuerdo que quería mucho a Jesús, pero en mi casa, desde muy jovencita, se abrieron puertas peligrosas. Mis hermanos jugaban a la güija, y allí empezó mi contacto con lo preternatural: esoterismo, adivinación… Estaba fascinada por las brujas.

En la adolescencia, ¿qué pesó más: ese amor a Jesús o la adivinación?

Pesó la parte afectiva: con 15 años, viví una experiencia muy poco agradable con un chico; y con 18 años me enamoré de otro chico con el que estuve cinco años en una relación que me vació por dentro. Fue tan tóxica y tormentosa, que necesitaba tapar ese dolor insoportable. Comencé a fumar porros a diario y a llenar el vacío con la espiritualidad falsa de la New Age, en la rama más esotérica: cartas, péndulo, magia… Salí contaminada porque el demonio no pierde la oportunidad de meterse en una vida.

¿Qué más recuerda de esa etapa?

Lo más terrible fue que me quedé embarazada y tomé una de las decisiones más difíciles y egoístas de mi vida: aborté. Iba convencida de que era un grupo de células, pero la enfermera me dejó escuchar los latidos de mi hijo y me preguntó: “¿Sabes qué es?”… Y enseguida me pasaron para practicarme el aborto. Pero ese momento no lo podré olvidar y es bueno que no lo olvide. Ahí se rompió algo en mí.

¿Cómo era la relación con su familia?

Cada vez más complicada. Me marché de casa y me fui a compartir piso con un chico italiano y con otra chica. Ellos me hicieron una atadura espiritual [recurso esotérico ligado al satanismo]. Un día me desperté totalmente aturdida, como si algo me pesase encima. Era como una depresión muy intensa, me dolían las rodillas y en el pecho notaba algo que me impedía sentir cualquier signo de amor. Por las noches sentía que mi alma se salía del cuerpo y veía formas negras que me cogían, perdía la conciencia y empeoraba. Tenía miedo y no entendía qué pasaba. Paradójicamente, si no hubiera caído en esa situación tan extrema no me hubiese acercado luego a Dios.

Tras sufrir los efectos del satanismo sentí que el Señor se apiadaba de mí”

¿En ese momento tocó fondo?

En ese momento comencé a sentir que el Señor se apiadaba de mí. Regresé a casa de mis padres y un día, buscando trabajo, tuve el impulso de ir a la catedral de Barcelona. Fui al confesionario y empecé a hablar con un sacerdote. Me escuchó y me dio la tarjeta de una psicóloga que me podía ayudar. Fui a su consulta y ella llegó a la conclusión de que no era algo psicológico sino espiritual: no era posesión, pero se daban en mí la vejación, la obsesión y la opresión diabólica.

¿Le sorprendió que una psicóloga le dijese eso?

Hasta ese momento ni me había planteado la idea de que los demonios realmente existen. Pero ella me dijo claramente: “¿Tú quieres ser feliz? Si es así, te tienes que acercar a Dios: confesarte, ir a misa, rezar el rosario y leer la Biblia”. Y me advirtió de que no sería un camino de flores, que el demonio intentaría por todos los medios desanimarme.

¿Fue muy duro el combate?

El combate fue y sigue siendo realmente duro y el avance lento. Me costó dos años dejar de tener miedo y abandonarme en manos de Dios. Hasta que un día, por la calle vi a un hombre que hablaba de dejarse caer en Dios y pensé: “¡Qué leche! Me dejo caer”. En ese momento el combate cambió de signo a mi favor.

¿Cómo fue su encuentro con Jesús?

Dos semanas después, tuve mi primer encuentro con Él, en forma de una cruz preciosa. Ahí pude apreciar lo que Jesús sentía por mí. Con las personas tú puedes saber que te quieren, pero no sientes lo que ellas sienten por ti. En ese encuentro yo pude sentir lo que Jesús sentía por mí, y me enamoré de Él. Supe que tenía que dedicarle el resto de mi vida.

Diego, ¿cómo fue su niñez?

Yo nací en Colombia. Cuando tenía siete años mi familia tuvo una conversión muy fuerte, a raíz de la sanación milagrosa de lupus en la sangre de mi madre. Rezábamos el rosario en casa, y aquello se me quedó grabado. Pero al cabo de un tiempo tuvimos que emigrar a Europa. El cambio cultural me fue absorbiendo. Dejé la oración, la misa… Cuando me hice mayor, empecé a trabajar, a ganar dinero y a ir a fiestas: chicas y alcohol.

¿Pensaba en Dios?

No. La sociedad te dice que eres joven, que tienes que ligar. Me alejé de Dios y me justificaba pensando: “Voy a ser buena persona porque, si eres bueno y Dios existe, te salvas, y si eres bueno y Dios no existe, todos dirán: ¡qué bueno era Diego!”. Mi gran fallo era no ser consciente de que Dios no nos quiere buenos, nos quiere santos.

“Me centré en el mundo, pero la carne siempre pide más, hasta que te pide el alma”

En esa época, ¿era feliz?

Estaba centrado en lo que me ofrecía el mundo, pero la carne siempre pide más, hasta que te pide el alma. Sentía un gran vacío. A Dios ya me lo había quitado de encima y empecé a interesarme por la New Age. Acabé en el reiki, donde supuestamente eres el canal por el que fluye una energía sanadora. Pero no me encajaba que a la energía se la llamase y ella respondiese. Así que lo dejé.

Y llegaron los extraterrestres…

Me empecé a interesar por la ufología. En esa época tenía la certeza de que Jesús era un extraterrestre. Y me surgió la duda de si la Virgen María también lo era. Como buen investigador del siglo XXI, fui a Google para comprobarlo y, entre muchas entradas, encontré una página en la que se hablaba de un gran castigo a la humanidad. En ese momento escuché una voz interior: “Si esto pasase en este momento, ¿a dónde irías?”. Mi respuesta fue rotunda: “Al infierno”. Me acongojé. Me hinqué de rodillas y le dije a Nuestro Señor: “Pídeme lo que quieras, pero no quiero condenarme, ni que lo haga mi familia”. Intenté rezar, pero no me acordaba de las oraciones, así que le pedí ayuda a la Virgen María.

“Llevaba siete años sin confesarme. Al hacerlo, salí arrebatado”

¿Qué implicó la promesa de “pídeme lo que quieras”?

Llevaba siete años sin confesarme. No había cometido ningún delito como para ir a la cárcel, pero sí muchas cosas de las que arrepentirme. Cuando me confesé, salí del confesionario con un gran deseo de servir a Dios en total entrega como sacerdote. Ingresé en el seminario y estuve tres años en íntima relación con Él. Nos pusimos al día. Pero mi camino era otro…

¿Cómo os conocisteis?

Lola: Nos conocimos en la facultad de Teología. Le conté a un amigo, que luego sería el padrino de nuestra boda, de los ataques que sufría por parte del demonio. Él me dijo que tenía que hablar con Diego, porque había estudiado Demonología y me podría ayudar. Forjamos amistad durante dos cursos. Luego nos enamoramos.

Diego: Yo oraba y le decía al Señor: “Si viene de Ti, seguimos adelante y, si no, quítamela”.

Lola: Claro, porque yo no quería quitarle a Dios un sacerdote. Finalmente, el 13 de mayo tuvimos claro que lo nuestro era algo querido por Dios y, un año después, nos casamos.

¿Cuánto tardó en llegar el proyecto de The Fishermen?

Lola: A la vuelta de la luna de miel me hice cargo del merchandising de la empresa donde trabajaba y empecé a sentir esa llamada fuerte a crear The Fishermen. Este fue nuestro regalo de bodas y, poco a poco, ha ido creciendo. Trabajamos los diseños individualmente, sin stock, para que nos puedan hacer pedidos personalizados.

¿Una recomendación para cerrar?

Que nos tenemos que poner las gafas de Dios para tener una mirada sobrenatural e intentar ver las cosas como las ve Él. Porque Dios nos ama, no por lo que hacemos, sino por lo que somos.  

La Iglesia condena la adivinación y la magia

Tras sufrir en carne propia los efectos de abrirle puertas al demonio, Lola y Diego buscan ahora con The Fishermen que cualquier persona tenga pequeños signos de Dios en la vida diaria, y obtenga protección frente al maligno con sacramentales como la medalla de san Benito, que muchas veces regalan con sus pedidos. Ambos saben que cuando la Iglesia condena el tarot, la adivinación, el horóscopo, la güija, el espiritismo, el esoterismo, o prácticas New Age como el reiki, solo busca el bien y la protección de las almas. El Catecismo recuerda que “Todas las prácticas de magia o de hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo –aunque sea para procurar la salud–, son gravemente contrarias a la virtud de la religión” porque “encierran una voluntad de poder sobre el tiempo, la historia y, finalmente, los hombres, a la vez que un deseo de granjearse la protección de poderes ocultos”, que “están en contradicción con el honor y el respeto, mezclados con el temor amoroso, que debemos solamente a Dios”. Y, por supuesto, son “aún más condenables cuando van acompañadas de una intención de dañar a otro, recurran o no a la intervención de los demonios”. 

Lola y Diego posan para la revista Misión con productos de The Fishermen.

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