Por Isabel Fernández Abad, directora de Nártex
Desgranamos el Políptico de Alberto Durero (1500) que se encuentra en la Pinacoteca antigua de Múnich.
Madre dolorosa. La tabla central, única realizada por la mano de Durero, presenta a María traspasada de dolor y despojada de todo. La Madre dolorosa se sujeta la toca sobre el pecho fuertemente como si su dolor no cupiera ya ahí. Desde la parte superior derecha se le acerca el filo de una espada amenazante que le recuerda las palabras del anciano Simeón: “Y a ti, mujer, una espada te traspasará el alma”. Como si de viñetas se tratara, para mostrarnos el corazón de María, alrededor se desarrollan esos intensos recuerdos que Ella guardará en el corazón…
1. Le pusieron por nombre Jesús. La Circuncisión, el primer derramamiento de sangre de su Hijo y preludio de lo que sucedería en la Pasión, es una perfecta muestra de obediencia al Padre y a la Ley judía a la que se somete. Es también el momento en que se imponía el nombre y por eso este tema luce radiante en tantas iglesias jesuitas, pues es Su nombre el que da nombre a la Compañía.
2. La huida a Egipto. ¿Quién no siente dolor al abandonar su patria? De nuevo obedientes, confiados en la Providencia, José y María marchan con el Niño a Egipto. Con apenas lo puesto, marchan deprisa, huyendo de Herodes. Por primera vez el mensaje de la salvación encarnado en Cristo sale de las fronteras de la tierra prometida, recapitulando la historia de su pueblo como nueva Israel y anunciando la universalidad de su mensaje.
3. El Niño perdido. Tres días de incertidumbre espantosa pasan María y José buscando a Jesús, desaparecido de la caravana en la que volvían de celebrar la Pascua en Jerusalén. Los mismos tres días que después pasarán de la crucifixión a la resurrección. Y mientras el Niño, de apenas 12 años, sentado en el templo entre doctores que admiran su sabiduría.
4. Camino del Calvario, Jesús se encuentra con su Madre. Las cuatro escenas siguientes muestran el camino a la cruz: Jesús con la cruz a cuestas, Jesús clavado en la cruz, la crucifixión y el descendimiento. Podrían haber sido otras escenas de las innumerables que muestran el dolor infinito de la Madre en estos momentos. En la primera, Jesús se encuentra con su Madre, visiblemente abatida. En esa estación, tantas veces meditada en el Viacrucis, se produce un momento de profunda comunión en el dolor.
5. Jesús es clavado en la cruz. Sin embargo, el momento más intenso es cuando Jesús es clavado en la cruz. Marcado por una forzada composición en escorzo, acentúa el dramatismo de la escena y presenta a María abatida de dolor.
6. La muerte del Señor. Se compondrá después contemplando a su Hijo crucificado, misterio máximo del amor y la entrega.
7. El descendimiento. Para terminar en el descendimiento, momento en que toma tiernamente la mano de su Hijo, recordando quizá a aquel pequeño Niño que sostuvo en brazos, y culminando con la convicción y la esperanza de la resurrección.
LA DEFINICIÓN DE LOS SIETE DOLORES DE LA VIRGEN
Las representaciones de los siete dolores de la Virgen, aunque se acentúan en el siglo xiii con la Orden de los Siervos de María (los servitas) en Florencia, son difundidas y definidas como tal por Juan de Coudenberghe a finales del siglo XV.
Este sacerdote flamenco es el primero que manda pintar siete episodios del dolor de María y funda cofradías dedicadas a su devoción. Su máxima expresión dramática, sin embargo, se da en el Barroco con la Contrarreforma y suponen, en concreto para el arte español, el origen de la iconografía de la Virgen de las Angustias, en la cual María es representada con siete puñales o espadas clavados en el corazón, o la Virgen de la Soledad, advocaciones que procesionan cada Semana Santa.
Artículo publicado en la edición número 79 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





