Las creadoras de Los Ángeles de Kenia: “África nos ha cambiado la vida”

María Piédrola y Pati Llamas, de 23 años, han descubierto el secreto de la felicidad: darse. Son un ejemplo de que las redes son más que postureo
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Por Rut Sanchez

Por Margarita García

¿Quiénes son los Ángeles de Kenia?

María: ¡No somos nosotras! Son los niños que hemos conocido en Kenia y a los que queremos ayudar.

¿Cómo surge esta asociación?

Pati: En 2017 María se apuntó con su universidad a un voluntariado y me convenció para acompañarla a Kenia. El voluntariado estaba organizado por equipos. El nuestro era de profesores y enseñábamos a los maestros de allí alternativas al castigo, aprendizaje cooperativo, etc. La primera semana fue muy dura por las condiciones: letrinas, no había duchas…; además, las vidas de esos niños eran tremendas: algunos recorrían kilómetros para ir a la escuela, otros lloraban de hambre… La primera semana llorábamos por la dureza de la situación y al mes, llorábamos porque no queríamos irnos.

¿Y regresasteis?

María: Sí, al año siguiente, en 2018, pero ya con el rol de coordinadoras. Esto nos permitió aprender acerca de temas económicos, financiación y puesta en marcha de proyectos.

¿Y al año siguiente?

María: acabábamos la universidad y antes de ponernos a trabajar decidimos ir cuatros meses solas a Kenia, en plan locura.

“Cada niño tenía una historia: encontrados en un río, en una bolsa de basura…”

¿Qué ocurrió en esos meses?

Pati: Como el voluntariado de los años anteriores lo habíamos hecho con alumnos de la Universidad de Strathmore, en Nairobi, teníamos amigos allí que nos ayudaron a buscar residencia y voluntariados para esos cuatro meses. Empezamos en un colegio ayudando a montar un departamento de orientación. Pero nosotras queríamos hacer otras cosas, pringarnos más, así que les pedimos a nuestros amigos keniatas que nos buscaran un cole que necesitara mucha, mucha ayuda; los más pobres. Terminamos en una casa con 50 niños abandonados, de ellos 15 o 20 recién nacidos. La casa tenía solo 3 habitaciones y unas condiciones pésimas.

María: Y cada uno con una historia distinta: encontrados en un río, en una bolsa de basura… todos sin una madre que les diese cariño. Aquel orfanato lo llevaban cinco señoras encantadoras, pero que no daban abasto.

Pati: Los niños son nuestra debilidad. Fuimos a la casa a pasar unas horitas y ¡se nos olvidaba hasta comer! María y yo somos muy cariñosas y, aunque los niños al principio nos rechazaban, la segunda semana ya jugaban con nosotras a ver a quién le daba el abrazo más grande. Fue ahí cuando se nos iluminó, o “el de Arriba” nos puso esto en el camino, por lo que vino después. Vimos que queríamos hacer algo más, pero no sabíamos cómo.

¿Qué pasó exactamente?

Pati: En la casa había tres armarios y demasiada ropa muy desordenada. Cuando nos pusimos a ordenar, salieron cucarachas, lombrices… horrible. Escribimos a mi tía para saber cómo organizar lo mejor posible el armario y ella nos habló de Vanesa, que tiene la cuenta de Instagram de @ponorden. Le contamos a ella nuestra historia y, al rato, me contestó con su número para hablar por teléfono. Nosotras estábamos flipando, claro, porque es una chica con más de 100.000 seguidores. Cuando hablamos con ella no paraba de llorar, nos confesó que siempre había querido ayudar haciendo lo que sabe; y terminó la conversación con un “vais a hacer de esto algo muy grande”. Y nosotras, “venga, va, lo típico… ¡si solo queremos ordenar armarios!”.

María: Tras la insistencia de Vanesa creamos el perfil @losangelesdekenia. Los seguidores subieron rapidísimo y el día que hicimos un directo con ella se conectó muchísima gente, contamos qué necesitábamos y la gente se volcó. Hay gente muy generosa en el mundo, y en España, más. Así que hicimos un crowdfunding con el proyecto de la casa.

“En el crowdfunding pedíamos 500 euros y recaudamos 10.000. Hay gente muy generosa en el mundo y en España, más”

¿Qué hicisteis con ese dinero?

María: En el crowdfunding pedimos 500 euros de recaudación y llegamos a tener 10.000, así que ampliamos el proyecto. Hicimos una primera compra básica: pañales, una toalla para cada niño, cubiertos, biberones… Luego fuimos al problema más grande: la asistencia médica. No se trata de dar el dinero sin más ni queremos que sean dependientes de nosotras, les damos el empujón inicial. Les enseñamos a ahorrar con un fondo para ir al médico. Invertimos en tanques de agua para su uso y para la venta, en un invernadero… De ahí obtenían ingresos. Como había niños con necesidades urgentes, invertimos, por ejemplo, en una silla de ruedas a medida para un niño que no se movía a causa de una meningitis. Le cambió la vida. Compramos un parque tridimensional, porque los niños necesitan jugar, correr…

María: Después de esos 4 meses volvimos a España. Nos llamaban de colegios para dar conferencias, de medios… Habíamos tenido mucha repercusión. Y vimos dos opciones: invertir en los niños el dinero que nos quedaba y cerrar una etapa, o remangarnos y hacer un follón más grande. Optamos por pringarnos y creamos legalmente la asociación Los Ángeles de Kenia.

Y llegó la pandemia…

Pati: Por suerte, pudimos terminar un proyecto antes de la COVID-19, pero estamos deseando que la pandemia pase para volver a Kenia y trabajar allí con un grupo de voluntarios.

Fotografía por Dani García

¿Esta experiencia os ha acercado más a Dios?

María: Allí las situaciones son muy duras y seguimos sin entender por qué, pero esto nos ayuda a pararnos y decir: “De verdad, Dios, gracias por lo que tengo”. Hemos tenido vivencias que solo se pueden explicar si está Dios de por medio. No logramos entender de dónde sacamos las fuerzas para afrontarlas. Tenemos una gracia especial que nos viene de Dios, y le vemos en cómo ha surgido todo esto. Tuvimos una experiencia cercana a la muerte con una niña del orfanato. Los médicos nos decían que se moría, y nosotras pasamos muchas noches rezando. Insistimos mucho y pudimos bautizarla, y después se recuperó. En situaciones como esta hemos visto a Dios.

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