San Maximiliano Kolbe: Un santo en Auschwitz

 

Hablar de Auschwitz es hablar del millón cien mil personas que murieron tras sus alambradas. Entre tanta oscuridad hay historias, como la de san Maximiliano Kolbe que iluminan este negro capítulo de la Historia.

Por Marta Peñalver desde Polonia

Kolbe_Revista Misión

Hace unos meses, Misión asistió al I Congreso Internacional de Turismo Religioso en Polonia, donde redescubrimos la figura de san Maximiliano Kolbe. Este franciscano nacido en Zdunska Wola (Polonia) en 1894 dio su vida en Auschwitz por la de Franciszek Gajowniczek, un hombre al que apenas conocía y que fue uno de los 7.600 supervivientes liberados del campo de concentración.

Durante el verano de 1941, un preso se fugó de Auschwitz. En represalia, los nazis condenaron a diez hombres a morir de hambre. Entre ellos se encontraba Gajowniczek, un militar polaco de 40 años y padre de familia que, al conocer su sentencia, lloró por su mujer e hijos. Kolbe, de 47 años, no lo dudó y ofreció su vida a cambio de la del militar. El coronel nazi aceptó el intercambio, encerró a Kolbe y Gajowniczek salvó su vida.

La guía de Auschwitz con la que Misión pudo visitar la celda donde Kolbe y los otros nueve ajusticiados pasaron sus últimos días cuenta que, según el testimonio de un preso que trabajaba entonces para los nazis, “Kolbe nunca dejó de preocuparse por los demás, ayudando a todo el que se encontraba a su lado y dando ánimos a sus compañeros, incluso en esos últimos días”. Su gesto fue conocido por los nazis, que, al encontrarlo con vida tras casi tres semanas de encierro, lo mataron con una inyección letal. En la puerta del barracón donde el 14 de agosto murió el santo hoy hay una placa conmemorativa.

Kolbe, uno de los santos más aclamados del siglo xx, fue beatificado por el Papa Pablo vi el 17 de octubre de 1971. Gajowniczek estuvo presente en la ceremonia y allí contó que solo pudo “darle las gracias con la mirada, no tuve tiempo de decirle nada”, y admitió que durante mucho tiempo había sentido remordimiento por haber permitido que un hombre muriera por él, pero que finalmente comprendió que Maximiliano Kolbe no podía haber hecho otra cosa.

Tras la liberación del campo de con­cen­tración, Gajowniczek se reunió con su mujer y dedicó el resto de su vida a dar a conocer el legado de Kolbe. En una de sus últimas apariciones públicas antes de morir en 1995, Gajowniczek declaró que “mientras tenga aire en los pulmones, consideraré mi deber hablar a la gente del extraordinario acto de amor de Maximiliano Kolbe”.

El Papa Juan Pablo ii, quien lo canonizó en 1962, expresó en varias ocasiones la admiración que sentía por este sacerdote. En su canonización, el Papa aseguró que “la muerte de Maximiliano Kolbe se convirtió en un signo de victoria semejante a la conseguida por nuestro Señor Jesucristo en el calvario”.

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