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Mesías Händel

«El Mesías» de Händel: la historia del oratorio más interpretado de la Navidad

El Mesías es el oratorio más interpretado en Adviento y Navidad en todo el mundo y es una de las mejores formas para introducirnos en estos días. Su composición transformó de manera radical la vida de su autor, Georg Friedrich Händel, que creó una de las más bellas obras que el ser humano pueda escuchar y que dirige directamente a Cristo.

Por Rubén Risco

Artículo publicado en la edición número 70 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

El 13 de abril de 1737, en la vivienda londinense de Brook Street 25, un criado subió apresuradamente a la alcoba de su señor. Lo encontró inmóvil en el suelo, con los ojos abiertos. El médico certificó un ataque de apoplejía y aseveró que, salvo un milagro, no podría dedicarse nunca más a su ocupación, la música. 

Tras cuatro meses sin movilidad, lo enviaron al balneario de Aquisgrán, donde, al cabo de poco tiempo, consiguió una mejoría. Volvió a Londres a la vorágine de la composición: oratorios, óperas… Sin embargo, sólo lograba coleccionar fracasos y deudas. Tras haber superado la parálisis física, le llegó la artística: no conseguía escribir ni una nota.

El 21 de agosto de 1741, recibió una carta de su amigo y poeta Charles Jennens y en ella estaba el texto de un nuevo oratorio: El Mesías. Georg Friedrich Händel quedó cautivado desde el comienzo: “Consolaos”. Ahí sintió la gracia de la palabra de Dios, que parecía haber sido escrita justo para él. “Y Él te purificará”, donde reconocía cómo la amargura abandonaba su corazón. 

Händel no fue muy religioso hasta la composición de esta obra, que transformó su vida

Una vida transformada

“Aquellos que caminan en tinieblas”… Así había sido su vida durante los últimos cuatro años. Y al leer “Porque nos ha nacido un Niño”, notó en su corazón crecer la esperanza que trae el nacimiento del Hijo de Dios. Para estos versos, Händel ideó una introducción de violines, repetida por las sopranos, y contestada por las demás voces en canon, uno de los más bellos coros de la obra. El oratorio continúa con la adoración de los pastores que alcanza el clímax en el coro del  “Gloria a Dios”. Händel no fue muy religioso hasta la composición de esta obra que -transformó su vida, y que él siempre atribuyó a una pura intervención divina. En ese instante, su corazón se abrió a la alabanza a Dios. ¿Cómo podría dejar de unirse a los coros angélicos que cantaban la gloria del Dios único y verdadero?

La segunda parte del oratorio estaba dedicada a la Pasión de Cristo, la Pascua Mayor, así como la primera a la Pascua Menor: el Adviento y la Navidad. En el libreto, Händel pudo leer versos como  “Él fue despreciado”,  que eran un remedo de su propia vida en ese momento: humillado, perseguido y ninguneado, lo que transcribía con acordes oscuros y opresivos en una de las arias más largas de la obra.

Mesías Händel

El Aleluya más universal

Pero la esperanza aparecía al fin con la promesa de Dios: “Pero tú no lo abandonarás”, y Händel supo que el manantial de gracia que acababa de surgir en su corazón ya nunca lo abandonaría. El texto continuaba con la Resurrección, la Ascensión y el mandato de anunciar el Evangelio. Aquí el compositor vislumbraba el presente perenne de la palabra de Dios en el coro introducido por bajos y tenores, “El Señor dio su palabra”. Sí, esa palabra era para él, como para cada persona que escucha la obra. 

El novelista austriaco Stefan Zweig dedicaba la tercera de sus miniaturas históricas, Momentos estelares de la humanidad, a Händel y describía así el final de la segunda parte: “Y, oh prodigio, allí figuraba escrita, allí sonaba, infinitamente repetible y transformable, la palabra: ‘Aleluya, aleluya, aleluya’. Sí, había que incluir en ella todas las voces humanas, (…), ligarlas y separarlas, en rítmicos coros, ascendiendo y descendiendo como en simbólica escala de Jacob de los sonidos; aplacarlas con los dulces acordes de los violines; enardecerlas con las notas más vigorosas de los metales; hacerlas potentísimas, con la grandiosidad del órgano, para que se expandieran por el espacio:  ‘Aleluya, aleluya, aleluya’”. 

Después del aleluya más famoso de la historia, la tercera parte hablaba de la vida eterna, el juicio y la victoria final del Mesías sobre el pecado, concluyendo con un emotivo Amén.

Händel terminó el oratorio completo en sólo 24 días, preso de una inspiración mística

Una inspiración mística

Terminó el oratorio completo en sólo 24 días. Preso de una inspiración mística, no permitió ninguna interrupción, comía sin dejar de escribir y apenas dormía. El 13 de abril de 1742 la obra fue estrenada en Dublín con un éxito apabullante. El autor donó las ganancias de todas las representaciones que realizó en vida, manifestando: “Será siempre para los enfermos y para los presos, pues he sido un enfermo y con ella me he curado. Fui un preso y ella me liberó”. El 23 de marzo de 1743 tuvo lugar el estreno en Londres, la ciudad que le había rechazado, con tal éxito que el rey Jorge ii se levantó por la emoción en el Aleluya, lo que provocó que, siguiendo el protocolo, todos los demás asistentes lo hicieran, costumbre que se mantiene hasta hoy. A la salida, un espectador le felicitó por el excelente “entretenimiento”. Y con gran humildad le contestó Händel: “Señoría, me lamentaría si lo único que he logrado es entretenerlos. Deseo hacerles mejores personas”. 

Artículo publicado en la edición número 70 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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