Por Israel Remuiñán
Cada noche, cuando la ciudad de Kinshasa se va apagando, decenas de niños caminan en silencio hacia el gran cementerio del barrio de Kintambo. Buscan la lápida que han convertido en su cama y se tapan con su propia ropa. Son niños sin casa, que no tienen a nadie en esta ciudad de más de 20 millones de habitantes. Algunos ni siquiera conocen a sus padres, otros se quedaron huérfanos o acabaron repudiados por tener alguna enfermedad, ser hijos no deseados o haber sufrido una violación.
Pero si te fijas mejor en el resto del cementerio, ves que no sólo hay niños, sino también muchos adultos. Los que conocen bien esta zona de la capital del Congo te cuentan que están allí porque eran niños que acabaron formando su propia familia sobre las lápidas. “El cementerio se convierte en su hogar, algunos se casan allí mismo, dan a luz en cualquier rincón y echan raíces entre las tumbas. Muchos se pasan el día drogándose con una mezcla de marihuana y aceite de motor de coche”. El relato es desgarrador.
“El cementerio se convierte en su hogar, algunos se casan allí mismo y echan raíces entre las tumbas”
Un país amenazado
Estamos en el corazón de África, la República Democrática del Congo es el segundo país más grande del continente. Y la escena que acabamos de describir es una de tantas. Imágenes crueles y difíciles de explicar, pero necesarias para comprender la realidad de uno de los países más pobres del mundo.
Este país es de mayoría cristiana, pero desde hace unos años el islam crece y la violencia yihadista ya siembra el miedo en algunas comunidades. Sin ir más lejos, el pasado 27 de julio, 43 católicos fueron asesinados por grupos islamistas armados con machetes en una iglesia de Komanda.
“A Kinshasa está llegando gente que huye de la guerra de esa zona de los Kivus. Llegan destrozados, lo han perdido todo”, nos cuenta Ana Gutiérrez, esclava del Sagrado Corazón de Jesús. Esta religiosa santanderina lleva 17 años en África, primero en Camerún y ahora en el Congo: “La misión es mi vida”. En la actualidad es la superiora de su comunidad de religiosas ubicada en uno de los barrios periféricos de la capital. Tienen un colegio con más de 500 alumnos y un centro de alfabetización para chicas jóvenes. Les enseñan francés, informática y costura.

Aunque Ana es médico y podría estar trabajando en cualquier hospital de España, decidió dejarlo todo para ir a la misión. Su centro de trabajo es el hospital de Lisungi, que significa “ayuda” en lingala, una de las lenguas nativas. “Atendemos muchas víctimas de violencia sexual. No sólo porque se utilice como arma de guerra, sino porque hay delincuentes que entran en las casas durante la noche, se llevan todo lo que pueden y a las chicas las violan. Es una manera de debilitar a la familia, hacerla frágil, meter el miedo en el cuerpo”, relata Ana.
Pobres entre gran riqueza
El Congo es, en teoría, uno de los países más ricos del mundo en recursos naturales. Tiene oro, diamantes y sobre todo coltán. Pero, en la práctica, es uno de los estados más pobres. El 77 % de la población vive por debajo del umbral de la pobreza y de los 20 millones de habitantes de Kinshasa, sólo el 17 % tiene acceso regular a la electricidad. “La pobreza es cada vez mayor y hay familias de 25 personas que malviven con un único sueldo”, relata la misionera cántabra.
A la pobreza se suma la bomba demográfica. El Congo podría pasar de los 115 millones de habitantes actuales a 170 en 2050. La media de hijos por mujer ronda los seis. Pero la mortalidad infantil también es muy alta. “Aquí nunca usamos mascarillas por el COVID, sino por los brotes de tuberculosis. Hay niños que directamente llegan muertos al hospital, otros fallecen por infecciones tras el parto, por malaria o por anemia. Lo más triste es que algunos mueren sin que nadie los reclame”, relata Ana.
“Es una sociedad cristiana, con mucha fe a pesar de la precariedad. Me sigue impresionando”
Dios en medio del caos
Pero en medio de la pobreza y el caos, la Iglesia católica se convierte en la sal de esta tierra: “Estamos en una sociedad cristiana, creyente, con mucha fe a pesar de la precariedad. A mí me sigue impresionando. A las seis de la mañana tenemos misa diaria en la parroquia de santa Rita y hay más de cien personas. Algunos salen andando desde su casa a las cinco y cuarto para llegar. Luego se van a trabajar”.
En las misas congoleñas no existe el tiempo, no se mira el reloj, los cantos se disfrutan y las oraciones se hacen con los ojos cerrados. “Son muy sencillos, pero ofrecen lo mejor que tienen: dinero, yuca, arroz, huevos. Lo entregan con alegría porque saben que siempre hay alguien más pobre que ellos”.
En el corazón de un barrio sin asfalto ni aceras, Ana Gutiérrez es una luz serena. No alza la voz. No hace ruido. Pero al permanecer aquí es capaz de cambiar lo que está en su mano. Su vida es testimonio, porque en lugar de buscar una exitosa carrera médica, eligió el humilde hospital de Lisungi. Y mientras exista alguien que ayude sin condiciones, el Congo no está perdido. Ana sigue aquí y Dios con ella. Eso basta.
El peligro yihadista
La práctica católica empieza a estar amenazada, sobre todo en la zona este del país. Allí, el conflicto eterno para controlar las minas ha dejado también en los últimos meses episodios de terror yihadista con grupos armados y vinculados a Estado Islámico. Pero Ana Gutiérrez no tiene miedo: “He vivido en Camerún, donde convivíamos con musulmanes, protestantes y católicos. Nunca hubo problemas. ¿Por qué no vamos a conseguirlo aquí también?”.
Aunque el número de musulmanes está creciendo en todo el país: “Al hospital llegan chicas completamente cubiertas con el velo. Les preguntas si son musulmanas de nacimiento y te dicen que no, que su marido era católico pero se convirtió al islam”. Muchas veces, el cambio de religión responde a una necesidad material. “Les ofrecen un colegio para los hijos, o una ayuda concreta. Y claro, la pobreza lleva a esos cambios”, dice Ana.
Artículo publicado en la edición número 77 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





