La paciencia ante el misterio de la vida

Eva Corujo, directora de Let yourselves y autora del libro "Naturalmente fértiles", nos desvela la importancia de aprender a vivir la espera, para abrazar el misterio de la vida.

Artículo publicado en la edición número 66 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Por Eva Corujo. Ilustración: María Olguín

No me equivoco seguramente si digo que todos hemos esperado ser respondidos ya a un mensaje de wasap que vemos con ese doble tic azul. Igualmente nos vemos en la necesidad apremiante de responder, aunque en ese momento es posible que nos venga mal hacerlo. Si queremos ver una película la podemos conseguir en cualquier plataforma, o alquilar o comprar con la inmediatez de un clic.

Si necesitamos unos calcetines basta con solicitarlos por internet y mañana probablemente los tengamos en la puerta de nuestra casa. Un sinfín de ejemplos demuestran que la paciencia no va con nosotros. La espera aparece como un choque brutal contra nuestra imaginación planificada. ¡Lo queremos todo ya! Y no es de extrañar, acostumbrados a la realidad tecnológica paralela en donde nuestros múltiples deseos se ven colmados sin control.

Desgraciadamente, la cultura del deseo inaplazable la hemos llevado también al campo de la vida, donde todo lo medimos y valoramos según los tiempos que nos hemos programado. Recuerdo un matrimonio que quería un hijo “el mes que viene” para unir su baja tras dar a luz con las vacaciones de verano. Vinieron felices a verme porque “lo habían conseguido”, aunque un poco más adelante perdieron a ese bebé. Entonces fueron conscientes del misterio abismal de la vida, en el que solo tenemos la certeza de saber los hijos que tenemos con nosotros hoy, pero no los que tendremos mañana. Vivimos sin contar con esta premisa escondida, innata en nuestra naturaleza, y no nos damos cuenta del alcance que supone.

«Cuando vivimos ansiosos por querer controlar absolutamente todo, incluso la vida, nos perdemos muchas cosas por el camino»

Porque ¿acaso somos dueños de la vida? Sin lugar a duda, no lo somos. En estos años de trabajo me he encontrado con muchos matrimonios deseosos de tener un hijo; otros, deseosos de evitarlo. Este ha tardado en llegar unas veces poco, otras mucho, y en ocasiones nunca.

La cuestión es que lograr el embarazo depende de los tiempos fértiles de la pareja, y sabemos que estos no son todos los días, sino que van en función de los ciclos femeninos. Y, aun así, por más que se desee, no siempre viene la deseada gestación. Como dice una buena amiga, a pesar de saber reconocer nuestra fertilidad y de que tomemos decisiones en la intimidad conyugal, dejemos que Dios decida el tamaño de nuestra familia. Mientras, vivamos el tiempo como un tesoro que nos brinda la capacidad de querer, de darnos a los que tenemos cerca, y de acoger la vida cuando una mano amorosa nos la conceda en el mejor momento, aunque aparentemente no nos lo parezca. Siendo realistas, aceptar los planes divinos no es tarea fácil, y, sin embargo, no debemos andar agobiados por el mañana (Mt 6, 19-34).

Porque ser capaces de vivir la espera y de aceptar lo que se nos da, nos conduce a vivir una vida más plena y satisfactoria. Cuando vivimos ansiosos por querer controlar absolutamente todo, incluso la vida, nos perdemos muchas cosas por el camino. Qué bonito es subir la montaña y disfrutar del paisaje que se va creando ante nuestros ojos en vez de mirar la arena bajo nuestros pies, disfrutar de la buena compañía y no de nuestros escrupulosos proyectos e impacientes pensamientos.

Artículo publicado en la edición número 66 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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