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Notre Dame

Notre Dame, un templo para la eternidad

Notre Dame de París es posiblemente la más conocida y universal de las catedrales. El incendio que conmocionó al mundo entero en 2019 no logró destruir esta gran obra que, además, ofrece una bella catequesis sobre Jesús y su madre, la Virgen María.

Por María Teresa Tormo Centeno

Artículo publicado en la edición número 72 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Erigida en el siglo XII por el obispo Maurice de Sully con una noble misión como lugar de celebración y para acoger a los peregrinos de la ciudad, la Catedral de Notre Dame de París se alza hoy como una joya atemporal de la historia. Impregnados sus muros de fe y devoción, su imponente estructura, la magnificencia de sus vidrieras y la belleza de su interior nos recuerdan que cada iglesia es un testimonio vivo de la presencia de Dios en la tierra. A pocos años del incendio que la hizo cerrar, y a menos de un año de su reapertura, Notre Dame de Paris es un lugar imprescindible de vista para todo el que visita París. 

  1. Palabra hecha arte: Si el visitante se coloca ante la fachada occidental, contemplará el misterio de la Encarnación que nos introduce en el templo: Dios irrumpe en la tierra a través de la figura de su hijo. ¿Y gracias a quién? Al sí valiente de la Virgen María, representada escultóricamente con el niño en brazos delante del rosetón. De la misma manera que la luz del Espíritu Santo le traspasó el alma, cada día esta luz atraviesa el rosetón para iluminar la catedral y renovar a su Iglesia. 
  2. Una catequesis en piedra: Si miramos más hacia arriba, la galería de reyes, típica de las catedrales góticas francesas, ofrece una doble interpretación, aún no zanjada por los expertos. Una de ellas es que se trata del árbol genealógico de Jesús: 28 reyes de Judá, con Salomón en el centro y David a la izquierda. Cristo no sólo es verdadero Dios, sino también es verdadero hombre, y como tal, tiene una larga ascendencia. La fachada se convierte así en una catequesis para combatir herejías comunes del siglo xiii como la cátara, que negaba la naturaleza humana de Cristo. Una imagen vale más que mil palabras, y más en la Edad Media. 
  3. La puerta al cielo: en el siglo XIII los peregrinos entraban por la puerta de la izquierda de la fachada occidental, llamada la “puerta de la Virgen”. En ella se representa la muerte, la asunción y la coronación de la Virgen. Al entrar, recordamos que Ella es además puerta del Cielo, gracias al sí que sin condiciones le dio al Señor.
  4. La Jerusalén Celeste: al entrar en la catedral, todo invita al peregrino a mirar hacia arriba y caminar hasta llegar al altar, como si realizara un camino interior hacia Dios. La nave principal tiene una magnífica bóveda de crucería que cobija al peregrino en el camino y lo acompaña con imponentes columnas y arcos apuntados que marcan el paso en un ritmo pausado y eterno. Las vidrieras narran historias bíblicas que nos recuerdan de dónde venimos y adónde estamos llamados a llegar. 
  5. Un sonido eterno: 21 campanas de bronce suenan en la catedral en horas y momentos claves del día, marcan las horas litúrgicas, la celebración de la misa y son testigos de importantísimos momentos de la historia. La más famosa, llamada Enmanuel, suena en los días más importantes del año: Navidad, Pascua, Pentecostés, Todos los Santos y en la muerte o elección del Papa.

Artículo publicado en la edición número 72 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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