Oración a San Miguel Arcángel

Oración a san Miguel Arcángel

Ofrecemos la oración larga a san Miguel Arcángel que el Papa León XIII preparó. Con ella nos consagraremos a la protección del príncipe de la milicia celestial e imploraremos su ayuda para cambiar el curso autodestructivo al que parece abocada la historia.

Oración publicado en la edición número 65 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Oración a San Miguel Arcángel

Gloriosísimo príncipe de la milicia celestial, Arcángel San Miguel: defiéndenos en la lucha que mantenemos combatiendo «contra los principados y potestades, contra los caudillos de este mundo tenebroso, contra los espíritus malignos esparcidos por los aires» (Ef. 6, 12). Ven en auxilio de los hombres que Dios creó incorruptibles a su imagen y semejanza (Sap. 2, 23), y que fueron a tan «alto precio rescatados» (I Cor. 6, 20) de la tiranía del demonio. Con las huestes de los ángeles buenos pelea hoy los combates del Señor como antaño luchaste contra Lucifer, corifeo de la soberbia, y contra sus ángeles apóstatas. Ellos no pudieron vencer y perdieron su lugar en el Cielo. «Fue precipitado el gran dragón, la antigua serpiente, el denominado diablo y Satanás, el seductor de todo el mundo: fue precipitado a la tierra y con él cayeron sus ángeles» (Apoc. 12, 8-9).

   He aquí que el antiguo enemigo y homicida se ha erguido con vehemencia. Disfrazado de «ángel de luz» (II Cor. 11, 14), con la escolta de todos los espíritus malignos rodea e invade la tierra entera y se instala en todo lugar con el designio de borrar allí el nombre de Dios y de su Cristo, de arrebatar las almas destinadas a la corona de la gloria eterna, de destruirlas y perderlas para siempre. Como el más inmundo torrente, el maligno dragón derramó sobre los hombres de mente depravada y corrompido corazón el veneno de su maldad: el espíritu de la mentira, de la impiedad y de la blasfemia; el letal soplo de la lujuria, de todos los vicios e iniquidades. 

   Los más taimados enemigos han llenado de amargura a la Iglesia, esposa del Cordero Inmaculado, le han dado a beber ajenjo, han puesto sus manos impías sobre todo lo que para Ella es más querido. Donde fueron establecidas la Sede de San Pedro y la Cátedra de la Verdad como luz para las naciones, ellos han erigido el trono de la dominación de la impiedad, de suerte que, golpeado el Pastor, pueda dispersarse la grey. Oh invencible adalid: ayuda al pueblo de Dios contra la perversidad de los espíritus que le atacan y dale la victoria.

   La Iglesia te venera como su guardián y patrono, y se gloría de que seas su defensor contra los poderes nocivos terrenales e infernales. Dios te confió las almas de los redimidos para colocarlos en el estado de la suprema felicidad. Ruega al Dios de la paz que aplaste al demonio bajo nuestros pies para que ya no pueda retener cautivos a los hombres y dañar a tu Iglesia. Ofrece nuestras oraciones al Altísimo para que cuanto antes desciendan sobre nosotros las misericordias del Señor (Salmo 78, 8) y sujeta al dragón, la antigua serpiente, que es el diablo y Satanás, y, una vez encadenado, precipítalo en el abismo para que nunca jamás pueda seducir a las naciones (Apoc. 20).

* * *

   Después de esto, confiados en tu protección y patrocinio, con la sagrada autoridad de la Santa Madre Iglesia nos disponemos a rechazar la peste de los fraudes diabólicos, confiados y seguros en el Nombre de Jesucristo, nuestro Dios y Señor.

   V. He aquí la Cruz del Señor, huid poderes enemigos.

   R. Ha vencido el León de la tribu de Judá, la raíz de David.

   V. Señor, que tu misericordia venga sobre nosotros.

   R. Como lo esperamos de Ti.

   V. Señor, escucha nuestra oración.

   R. Y llegue a Ti nuestro clamor.

   V. El Señor esté con vosotros.

   R. Y con tu espíritu.

 Oremos.

Dios y Padre de Nuestro Señor Jesucristo: invocamos tu santo Nombre y suplicantes imploramos tu clemencia para que, por la intercesión de la Inmaculada siempre Virgen María Madre de Dios, del Arcángel San Miguel, de San José Esposo de la Santísima Virgen, de los santos Apóstoles Pedro y Pablo y de todos los Santos, te dignes prestarnos tu auxilio contra Satanás y todos los demás espíritus inmundos que vagan por el mundo para dañar al género humano y para la perdición de las almas. Amén.

Oración publicado en la edición número 65 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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