Pauline Jaricot

Pauline Jaricot, beata y creadora del DOMUND: “Mi claustro es el mundo entero”

No fue monja ni misionera, y sin embargo es la madre de la obra misionera más conocida del mundo: el Domund. 200 años después de su genial iniciativa, el pasado 22 de mayo Pauline Jaricot fue beatificada en Lyon.

Por Margarita García/ Ilustración: Javier Ugarte

Artículo publicado en la edición número 65 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

Nació en 1799 en una familia adinerada de Lyon, y como buena hija de empresarios de la seda, Pauline Jaricot tenía tal estilo luciendo las telas de su padre que llegó a ser un referente de moda en la sociedad de principios de siglo xix. 

Francia se estaba recuperando de la persecución religiosa que había sufrido con la Revolución francesa y según la autora de una de las biografías más completas de Pauline Jaricot, Catherine Masson, “su juventud transcurrió con la idea de reparar la Iglesia y la nación”. Esta pequeña de siete hermanos creció en un ambiente de fervor apostólico. 

Multitud de santos fueron contemporáneos suyos, entre ellos el cura de Ars, quien llegó a decir de ella que era “una de las personas más santas”. Una santidad de la que empezó a dar muestra a los 17 años, cuando una predicación cuaresmal le tocó el corazón y según cuenta a Misión Justo Amado, director de OMP Press, “su vida nunca volvió a ser la misma”.

En primer lugar, abandonó las sedas de su familia para vestirse como las obreras de la fábrica de su padre –dignas, pero modestas–, y mandó retocar su retrato para que le cubrieran el escote. Comenzó también a acudir al Hôtel de Dieu, un hospital en el que atendía con amor a mujeres desahuciadas. “Pasó de ser una ‘niña bien’ a ocuparse de las cosas de Dios”, apunta Amado.

Reza y hacer rezar a la gente 

En la Navidad de 1816 Pauline se consagró a Dios, pero sin hacerse religiosa porque, en sus propias palabras,  “mi claustro es el mundo entero” . 

“Algo característico de la espiritualidad de esta beata es que era una mujer práctica”, señala Amado. En 1819, conmovida por las noticias que le llegaban de los misioneros y las penurias que pasaban, decidió llevar a cabo una recaudación de fondos para la misión.

Pero, como ocurriría hoy, nadie daba dinero a desconocidos; así, una tarde, mientras su familia jugaba a la cartas, dio con la solución al problema de la desconfianza: nombró a amigos recaudadores de grupos de diez amigos que, a su vez, conformaban otros grupos de diez amigos, y así sucesivamente.

“Pauline combina la profundidad espiritual con la acción creativa, generosa y eficaz” 

Estos grupos se reunían para donar, para compartir noticias de la misión, y, sobre todo, para orar; porque la propagación de la fe parte del inmenso ardor misionero de Pauline Jaricot que expresaba en su lema: “Reza y haz rezar a la gente”. Esta red misionera tuvo tal éxito que, en Lyon, al año siguiente, una de cada 10 personas donaba  “la moneda de Pauline”.

En 1822 el sistema de Pauline se hizo oficial bajo el nombre de Obra Propagación de la Fe. Y como para ella lo importante era el amor a la Iglesia no sufrió cuando le arrebataron el protagonismo. 

Pobreza absoluta

Pauline quería también aliviar las penurias de los de cerca, por eso, ideó una fábrica cristiana, donde los trabajadores pudieran llevar una vida profesional digna que hiciera de ellos futuros empresarios. Pero le estafaron. Al querer devolver el dinero a los inversores cayó en bancarrota. A los 60 años murió en la pobreza absoluta, que ella consideraba la mayor gloria.

Pauline Jaricot es una “pionera del catolicismo social laico”, declaró el Papa Francisco tras su beatificación el pasado 22 de mayo. Los restos de una antigua fábrica en Lyon resisten el paso del tiempo para ser el recuerdo de esta mujer que dedicó su vida a aliviar las penurias de los que le rodeaban. 

El Rosario Viviente

El rezo del rosario había desaparecido prácticamente tras la Revolución francesa. En 1826, Pauline pone en marcha una iniciativa para reavivarlo. Reúne a las personas en grupos de 15 –por los misterios del rosario de entonces–, y cada miembro reza y medita un misterio cada día. Se calcula que, solo en Francia, hoy rezan el Rosario Viviente cerca de 2 millones de personas. 

Artículo publicado en la edición número 65 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.

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