Polonia: tierra de santidad

Misión ha asistido, de la mano de Ernesto Travel, al I Congreso Internacional de Turismo Religioso en Cracovia, una ciudad maravillosa y un destino de peregrinación único para quienes desean conocer a fondo la figura de san Juan Pablo II, el carisma de la Divina Misericordia o el cuadro milagroso de la Virgen de Jasna Gora en Czestochowa.

Por Marta Peñalver

Polonia no se entiende sin la figura de san Juan Pablo II. Karol Wojtyla es una insignia en el país y es especialmente querido en Cracovia, no solo por haber sido el primer Papa polaco sino porque pasó cuarenta años de su vida allí, 14 de ellos como obispo. Como afirma una de las trabajadoras del museo dedicado al Santo Padre en el que fue su hogar “para nosotros, los polacos, la fe y la figura de san Juan Pablo II han sido fundamentales para sobrellevar las dificultades que nuestro país ha vivido en el siglo xx”.

Nuestra peregrinación comienza en la preciosa ciudad de Cracovia, una de las más famosas y visitadas del país centroeropeo. No en vano el centro histórico es considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO desde 1978. En el centro del casco antiguo se encuentra la plaza del Mercado, un inmenso cuadrilátero donde se ubica la Basílica de Santa María, una particular construcción que cuenta con dos torres muy distintas, ya que una fue concebida como campanario y la más alta como torre de vigilancia. Desde esta última, cada hora se asoma un trompetista y toca una melodía que resuena en toda la plaza.

¡No dude en visitar Polonia!

Para más información sobre turismo y peregrinaciones en Polonia: Ernesto Travel

www.cracovia-polonia.es info@ernesto-travel.pl

La ventana del Papa

A escasos metros de la plaza está la Universidad de Cracovia donde se formó en la clandestinidad san Juan Pablo ii cuando los nazis prohibieron a los polacos estudiar. Muy cerca, en el palacio arzobispal, se encuentra  “la ventana del Papa”: Cuentan que en sus viajes a Cracovia, siendo ya Papa, Karol Wojtyla dormía en una habitación que daba a la calle, y cada noche cientos de personas lo aclamaban bajo la ventana para que se asomase a saludar. Quienes lo vivieron aseguran que alguna vez el Papa tuvo que implorar, incluso, que lo dejasen dormir.

En el límite del casco histórico está la colina de Wawel, coronada por un imponente castillo que fue el hogar de reyes durante décadas y que se convirtió en residencia oficial de los nazis. En la misma colina está la catedral de Cracovia, una construcción de estilos dispares donde el Papa celebró su primera misa tras ser ordenado sacerdote y de la que guardaba un recuerdo muy especial.

Uno de los lugares más visitados es el antiguo barrio judío. En él se conservan resquicios de la gran colonia judía que vivió en la ciudad hasta la Segunda Guerra Mundial, y cuyos habitantes fueron en su mayoría exterminados en los campos de concentración nazis. Hoy cuenta con la única sinagoga de culto activo en Cracovia, la Sinagoga Remuh. Sus calles son un continuo homenaje al pueblo judío, y han sido escenario de películas como La lista de Schindler.

En las afueras de la ciudad, se levanta el Centro Juan Pablo ii No tengáis miedo, destinado a estudiar y difundir la obra de Wojtyla, y que esconde en su interior una joya: una capilla decorada con enormes mosaicos de Rupnik, además, de reliquias y objetos personales del Papa. Está contiguo al Santuario de la Divina Misericordia donde se puede visitar el convento de santa Faustina Kowalska y el famoso cuadro del Cristo de la Misericordia. Esta advocación era especialmente importante para el Santo Padre y durante su pontificado puso especial interés en promoverla.

 

Wadowice y Wieliczka

A una hora de Cracovia llegamos a Wadowice, el pueblo donde nació y vivió el Papa hasta los 18 años. Su casa ha sido reconvertida en un museo que permite al peregrino conocer al niño con vocación de actor, al sacerdote que quiso ser carmelita y al Papa con el segundo pontificado más largo de la Historia, tras Pío IX.

Nuestra peregrinación continúa a pocos kilómetros de Cracovia, en las minas de sal de Wieliczka. Un entramado de oscuros túneles e inmensas cámaras subterráneas que los mineros polacos han excavado desde hace siglos, y que cuenta con decenas de capillas talladas en las paredes de sal, entre las que destaca la dedicada a santa Kunegunda, y que es la capilla subterránea más grande del mundo.

Otra parada obligada es el santuario de Jasna Gora en Czestochowa, el principal lugar de culto del país. En su interior, el famoso icono de la  Virgen negra atribuido al evangelista Lucas recibe cada año a millones de peregrinos.

 

El horror de la Guerra

Pero el dolor y la guerra también forman parte de la esencia de Polonia. Sus ciudadanos fueron víctimas de la Segunda Guerra Mundial y de la represión comunista. La prueba más elocuente del horror es el campo de concentración de Auschwitz. Una de las guías del museo asegura que  “los polacos nos sentimos en la obligación de no dejar que el capítulo más negro de nuestra historia caiga en el olvido”.

Polonia es un país especial del que aún queda mucho por contar. Además de ser un destino de peregrinación, su gastronomía, sus gentes y su historia consiguen cautivar al viajero, que, con seguridad, no queda defraudado tras su visita.

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