El Estado Islámico ha dejado a Iraq sin cristianos. Ahora, Ayuda a la Iglesia Necesitada coordina un megaproyecto para que católicos y ortodoxos puedan reconstruir sus vidas y empezar de nuevo.

Por Josué Villalón

Fotografía: Ayuda a la Iglesia Necesitada

 

El verano de 2014 fue una larga pesadilla para la comunidad cristiana del norte de Iraq. Primero cayó Mosul, la segunda ciudad más grande de Iraq, en manos de los yihadistas de Dáesh (Estado Islámico, en árabe). Poco después, 120.000 personas de una decena de pueblos de la Llanura de Nínive, al norte y al este de Mosul, tuvieron que huir en plena noche.
Aún hoy se contabilizan 95.000 cristianos desplazados en el Kurdis­tán iraquí (una región vecina a la que huyó la mayoría), que han aguardado a que sus pueblos –Teleskuf, Baqofa, Batnaya, Teleskef, Bahzani, Bashiqa, Bartella, Karamles y Qaraqosh– fuesen liberados.
Entre septiembre y diciembre de 2016, estas localidades por fin fueron puestas a salvo del Dáesh. Sin embargo, los primeros movimientos de retorno no llegaron hasta mayo de 2017, cuando tuvo lugar la  “Ceremonia del Olivo” en Bartella, Karamles y Qaraqosh, con la entrega de un pequeño olivo, por parte de la Iglesia, a las familias que volvían de manera permanente a su hogar.
Mark Matti Ishaq fue uno de los primeros en regresa a Bartella:  “Esta es nuestra ciudad, nuestra vida, nuestra historia. Además, en Kurdistán vivíamos en malas condiciones económicas; la alimentación y los alquileres son caros…”,  cuenta. Los enfrentamientos con el Dáesh habían asolado su pueblo, así que, junto a su familia, Mark tuvo que comenzar por quitar los escombros que había alrededor de su casa.
Ayúdales a volver
Para ayudar a los cristianos a regresar a la Llanura de Nínive a través de ACN:
Llama al 91 725 92 12
O entra en la web ayudalesavolver.org

 

 

Reconstruir casa por casa

La suya es una de las 12.000 familias que hoy están siendo apoyadas por la Iglesia local para que puedan recuperar sus casas y sus vidas, a través de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN) y la campaña  “Ayúdales a volver”.
Durante meses, Ayuda a la Iglesia Necesitada ha recorrido la Llanura de Nínive pueblo a pueblo, calle por calle y casa por casa, para calcular qué, cómo y por cuánto se ha de reconstruir. El cálculo ha sido abrumador: hay que reconstruir total o parcialmente casi 13.000 hogares, 34 templos, 15 escuelas, 18 conventos y monasterios, 363 locales parroquiales, tanatorios, santuarios… El coste total asciende a casi 215 millones de euros.
“Cuando pedí ayuda a la Iglesia, vino a mi casa un equipo de expertos que hizo el dictamen de todo lo necesario: pintura, instalación eléctrica, puertas y ventanas, tuberías… Hoy deseo decir a todas las familias de Bartella que regresen. Hay agua y electricidad, y la Iglesia nos ayuda, gracias a ACN”, resume Mark Matti, lleno de esperanza.
Porque hoy, de las ruinas cristianas que ha dejado el Dáesh brota, sobre todo, la esperanza. De hecho, toda la ayuda que riega la Llanura de Nínive, y que algunos comparan con el Plan Marshall que reconstruyó Europa tras la ii Guerra Mundial, se canaliza a través de un Comité de Reconstrucción creado por Ayuda a la Iglesia Necesitada, que es en sí mismo una demostración histórica de cooperación ecuménica, pues se puso en marcha tras el acuerdo de las tres comunidades cristianas: sirio-orotodoxa, sirio-católica y católica caldea.

El Dáesh ya es el pasado

“El Dáesh pertenece al pasado. Soy optimista en lo que al futuro se refiere. ¡Aquí la vida es bella: sed bienvenidos!”, nos dice Majid Shaba. Majid dirigía un restaurante en Qaraqosh, pero con la invasión del Dáesh tuvo que abandonar la ciudad y huir a Erbil, la capital kurda.  “Allí puse en marcha otro restaurante que funciona bien, pero no se puede comparar Erbil con Qaraqosh. Quiero regresar a la Llanura de Nínive: aquí nací y aquí quiero vivir y morir”.
Majid habla con nosotros cuando lleva ya tres días en la ciudad ninivita, para poner en orden su casa y hacerla habitable. Con él están su esposa, Asmaa Alias, y sus hijos Dima, de 10 años, y Shaban, de 8. Su hijo mayor, Yousif, de 14, se ha quedado atrás, en la casa provisional que ocuparon en el barrio cristiano kurdo de Ankawa. Para que pueda regresar, y con él otros miles de cristianos, será crucial la labor de ACN.
El padre Andrezj Halemba, responsable de ACN para Iraq, asegura que  “vivimos un momento histórico. Si dejamos escapar la oportunidad de ayudar a los cristianos a regresar a la Llanura de Nínive, estas familias podrían abandonar Iraq para siempre, y eso sería una enorme tragedia, porque dejaría a la Iglesia abocada a desaparecer”. Ya en la última década los cristianos pasaron de ser 1,6 millones en Iraq, a menos de 300.000, según el último Informe Libertad Religiosa en el Mundo.  Tras años de horror, ahora es el momento de despertar de la pesadilla y apoyar a los cristianos iraquíes a renacer entre las ruinas dejadas por el Dáesh.

 

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