Por Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
“La vejez no es una etapa perdida de la vida. Por eso hace falta que en la Iglesia haya una conciencia clara de la necesidad de atender a los mayores también en el ámbito de la fe. Seguimos siendo necesarios y tenemos que darnos cuenta, como cualquier otra persona, del amor que Dios nos tiene”, afirma Susi de Pablos, viuda de 74 años y coordinadora de los retiros Simeón y Ana, ideados para personas que sobrepasan ya las siete décadas de vida.
Inspirado en estas figuras bíblicas cercanas al templo de Jerusalén, primeros testigos de la índole mesiánica del Niño Jesús, Simeón y Ana es un retiro de impacto que busca resaltar “la dignidad, la misión y la alegría de nuestros mayores, reconociéndolos como pilares vivos de la Iglesia y la sociedad”, afirma Javier Siegrist, párroco del Santo Cristo de la Misericordia, en la madrileña localidad de Boadilla del Monte, donde ha surgido esta iniciativa.
“No podemos pensar que ya hemos terminado lo que teníamos que hacer en el mundo”
Sabiduría y experiencia
Siegrist, que también ideó los retiros Bartimeo para adolescentes y jóvenes, señala que “hasta el último momento de sus vidas, los mayores tienen la vocación de ser luz y testimonio, como lo fueron Simeón y Ana al proclamar la llegada del Mesías”. Por eso, este retiro invita a los participantes a recordar “que su sabiduría y experiencia son esenciales para la comunidad”, tanto en la Iglesia como en su entorno.
A veces los mayores vivimos nuestra fe de una manera un poco monótona”, reconoce Susi, de ahí que alerte de la tentación “de estar quejándonos todo el tiempo por aburrimiento”, o de ir a la iglesia “contritos y cabizbajos”. Al contrario, pone el acento en la oportunidad “de darnos cuenta de lo mucho que hemos entregado nuestra vida hasta ahora, y que podemos seguir haciéndolo con alegría aun en medio de nuestros achaques”.
Transmitir la fe
En este sentido, a Susi le llamó la atención que al primer retiro, celebrado hace unos meses, junto a mayores activos que se valen por sí mismos, había otros con bombonas de oxígeno, con andadores o con bastones. En el fin de semana que dura el retiro “te das cuenta de que no podemos quedarnos mortecinos en casa. La vejez tiene mucha vida y la tienes que aprovechar”, dice.
En esos dos días salen temas que afectan directamente a esta franja de edad. Por ejemplo, que las personas mayores “no podemos pensar que ya hemos terminado lo que teníamos que hacer en el mundo”; o que “no podemos quejarnos de la actitud de los hijos, porque ellos tienen sus vidas y nosotras la nuestra”, algo que se compagina “con la misión crucial de los abuelos a la hora de pasar la fe a nuestros nietos”.
“Con nuestros dolores y oración podemos colaborar en la redención”
Perder el miedo a la muerte
La enfermedad también sale a relucir, recordando “que con nuestros dolores y nuestra oración podemos colaborar en la redención del mundo”; al igual que la muerte, uno de los temores de este último tramo de la vida, al que “hay que quitarle miedo y darle esperanza”, cuenta la coordinadora de Simeón y Ana.
Pero lo que hay en el retiro no son charlas, sino testimonios y dinámicas que “te llevan a mirar agradecida tu vida y darte cuenta de tu entrega a lo largo de los años, algo que todavía puedes seguir haciendo, dando raíces a los que vienen detrás”.
“La sonrisa de un abuelo, el testimonio de una abuela, el abrazo cariñoso de quienes han vivido largas décadas de servicio y amor…, son signos visibles del amor de Dios”, asegura Siegrist. Por eso, al igual que Simeón y Ana, la vida de los mayores “sigue siendo un canto de alabanza y un testimonio vivo de fe. No importa la edad, siempre hay una misión que cumplir y una alegría que compartir”.

Simeón y Ana. El nombre elegido para identificar a estos retiros no es casual, como explica Javier Siegrist. Por un lado, Siméon y Ana son dos personajes importantes al inicio del Evangelio: esperan al Mesías. “Ambos, al ser mayores, representan la tradición del pueblo y la preservación de su identidad”, algo muy importante también en nuestros días, “sobre todo en este momento en que se quieren borrar las raíces de nuestra cultura”. En su contexto, Simeón y Ana suponen ese hilo de continuidad con los valores de siempre, pero al mismo tiempo “son personas de espera que miran al futuro”, y no de cualquier manera, pues lo que aguardan es la manifestación del Mesías. Así, son personas “que viven pendientes de la manifestación del Señor y, de hecho, el momento más importante de sus vidas sucede al final, cuando reconocen a Dios en ese niño”, tal como sucede en los participantes de estos retiros al encontrarse con Jesús de una manera nueva.
Las 4 misiones de los mayores
El retiro Simeón y Ana se desarrolla en torno a cuatro grandes fines que iluminan el papel de los mayores en la Iglesia y en el mundo.
1. Devolverles su protagonismo:“No son espectadores, sino protagonistas en el plan de Dios”, afirma Javier Siegrist. Este retiro reafirma su importancia, destacando que cada etapa de la vida tiene un propósito especial en el plan de Dios: “En la Iglesia siempre se ha aprendido de la experiencia vital” de sus mayores, que son “los que más pueden mostrar las maravillas que el Señor ha hecho en sus vidas”.
2. Custodiar la identidad:“Nuestros abuelos son los guardianes de la memoria y la identidad de la Iglesia y de las familias. A través de sus recuerdos y tradiciones, nos entroncan con nuestra historia y nos ayudan a comprender de dónde venimos”, abunda el párroco del Santo Cristo de la Misericordia.
3. Misión evangelizadora:“Simeón y Ana nos enseñan que la proclamación del Evangelio no tiene límites de edad”, pues los que tienen más años “también están llamados a compartir su fe con hijos y nietos, y con las ge-neraciones futuras”.
4. Conquista del Cielo: “El destino final de nuestra vida es el encuentro con Dios”, asevera Siegrist, y así lo hicieron Simeón y Ana “viviendo su existencia con la mirada puesta en el cumplimiento de las promesas divinas”. De igual manera, los mayores de hoy están invitados “a vivir con gozo mientras se preparan para ese último abrazo con el Padre”.
Artículo publicado en la edición número 75 de la revista Misión, la revista de suscripción gratuita más leída por las familias católicas de España.





